Polos opuestos

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15 minutos esperando, como siempre llegaba tarde. Ya me había cansado de mirar tanto al móvil y abrir su chat para ver si estaba en línea. También se me habían cansado los ojos de mirar tanto a los coches pasando. Pero, por fín ahí estaba, sonriéndome del coche siempre con su sonrisa tan despreocupada. “Porqué está siempre tan feliz, su felicidad me irrita”-pensé mientras iba corriendo hacia el coche. Y a la vez me sentí como una aguafiestas, pero era verdad, me sacaba de quicio su felicidad cuando yo era infeliz. Y era él quien tenía  la culpa? Sí y no. “Sí” porque él podía darme más atención, más cariño, era como una niña caprichosa queriendo tener todo su cariño y atención y eso no me hacía sentir egoísta. Quizás el hecho de no sentirme egoísta me hacía aún más egoísta. Pero, por otro lado, que yo sea una persona infeliz no era su culpa, aveces nadie podía hacerme feliz.

“¿Qué? ¿Qué has hecho estos días?”- me hacía la misma pregunta siempre.

“Nada”- yo le daba la misma respuesta de siempre.

“Cómo que nada?”

“Pues nada, nada en particular”

“deberías hacer más cosas”

“Losé”

Y nos callábamos, porque no me gustaba discutir sobre ese tema. Discutir me gustaba, estabámos discutiendo constantemente. Pero lo que no me gustaba era discutir sobre mi vida, porque él no lo entendía. Y el porque no lo entendía tenía solo una respuesta: él amaba la vida y yo la odiaba.

 

Comentarios

  1. Mabel

    4 enero, 2016

    Muy buen relato. Un abrazo y mi voto desde Andalucía. Bienvenido

  2. VIMON

    4 enero, 2016

    Interesante relato. Te dejo mi voto con un saludo y te doy la bienvenida.

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