Unos Reyes especiales (continuación de: El mejor regalo de Reyes).

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Aquella mañana de Reyes Marta se levantó corriendo y entusiasmada, fue a mirar junto a la ventana, para ver que le habían dejado encima de los zapatos, les había puesto sus deportivas nuevas, quería darles buena impresión y los del cole ya estaban un poco rozados. Encima había varios paquetes, se dispuso a abrir el más grande y apareció una nueva bici, rosada y blanca.

– ¡Una bici más grande! ¡Qué alegría!-Gritó Marta emocionada. Su bici anterior se le había quedado pequeña y la habían donado a una asociación que recogía juguetes usados, al igual que su osito, del que le había costado despojarse y, gracias a la carta que le habían enviado los Reyes Magos, consiguió desprenderse de él también.

Prosiguió desenvolviendo los regalos y encontró unos patines, una nueva mochila con sus personajes de dibujos favoritos impresos, una pizarrita electrónica y un nuevo peluche, un perrito de color lila, su color favorito.

-¡Mamá, papá! ¿Podemos salir a jugar con mi nueva bici? -Preguntó Marta eufórica.

– Claro cariño, después de desayunar, a ver si no vas a tener energías para pedalear. -Bromeó su madre.

Marta desayunó algo más rápido de lo normal, hoy no se puso a jugar con la cucharilla en la leche, aplastando los grumos de cacao ni a pellizcar la tostada en lugar de morderla. Se vistió en un santiamén y en unos segundos estaba preparada, con su casco y protecciones puestas. Ya en la calle, se dirigieron a un parque cercano, donde la niña podía pedalear a su antojo y disfrutar su nuevo juguete. Después de un rato comenzó a sudar, y eso que estaba en pleno enero, bajó de su bici a descansar y beber un poco de agua y pudo ver, sentada en la hierba, a una niña de piel morena y rizos azabache jugando con un osito de peluche, un osito que creía conocer. Se acercó a ella y la saludó.

– Hola, ¡Qué osito más bonito! ¿Es tu regalo de Reyes? -Preguntó, sabiendo de antemano la respuesta. Esa mañana, todos los niños jugaban con sus juguetes nuevos, aunque ese se veía algo usado ya.

– Si, mi regalo -respondió tímidamente con un acento extraño.

– ¿Cómo te llamas? ¿De dónde eres? -Se interesó Marta, reconociendo por su habla que no era española.

– Yo me “llama” Fátima. Soy de Marruecos, yo “soy” aquí cuatro meses -Se expresó la niña, confundiendo los verbos, como muchos niños extranjeros.

– Si quieres, me dejas un poco tu oso y yo te presto mi bici. -Propuso Marta, que reconocía en aquel juguete a su antiguo peluche y le apetecía darle un abrazo.

– ¡Siii! ¿Tu enseñas a mi? -Fátima estaba encantada de poder montar el bici, ya que nunca antes lo había hecho.

– ¡Claro! ¡Es muy fácil! -Le aseguró Marta mientras intercambiaban los juguetes.

Ambas pasaron una increíble mañana de Reyes, después se despidieron y prometieron volverse a ver otro día.

De regreso a casa, Marta decidió escribir una nueva carta a sus tres amigos.

¡Queridos Reyes Magos!:

Hoy ha sido un día muy especial. Gracias por vuestros regalos y por vuestra magia, que ha conseguido que mi osito me acercase a una niña encantadora y que se convierta en una gran amiga. Hemos compartido nuestros juguetes, como ya me habéis enseñado, y ha sido mucho más divertido que jugar a solas.

¡Un abrazo de vuestra amiga!

Marta

Nuevamente, les dio la carta a sus padres,para que la echasen al buzón.

– Por favor, papá, ¡qué les llegue pronto!

Al día siguiente, fue al cole con su perrito de peluche, ya que el primer día se les permitía llevar uno de los regalos y la bici era demasiado grande. Ella, en realidad, llevaba dos; estaba estrenando su preciosa y brillante mochila. Al salir al patio, se fijó en una esquina y allí estaba Fátima, llevaba en el colegio varios meses y no la había visto hasta ahora.

– ¡Qué alegría, Fátima! No sabía que estabas en mi cole.

– Si, yo “sienta” aquí “mucho” días. Yo no “tiene” amigos para jugar. -Fátima se comunicaba como podía, teniendo en cuenta que hacía solo unos meses que residía en España, lo hacía bastante bien.

– ¡Pues esto va a cambiar porque ahora me tienes a mi, ven, te presento a Alegría, mi perrita de peluche, ¿te gusta?

– Si, mi oso no se llama, ¿ayudas a mi con nombre para él?

– ¿No tiene nombre tu oso? -Sonrió y recordó como lo llamaba ella,hace ya un tiempo atrás- Le podríamos llamar “Sonrisas”, mira que boca más grande y sonriente tiene.

Se rieron y jugaron todo el recreo. Marta tenía una amiga y Fátima comenzó a perder su timidez y a comunicarse cada vez mejor, gracias a la ayuda de su compañera de juegos.

Unos días después, al entrar a casa, pudo ver un sobre de colores que le era familiar.

– ¡Me han respondido! ¡Los Reyes me han respondido! -Gritaba y saltaba mientras cogía el sobre y se dirigía a su dormitorio a leer tranquilamente la carta.

¡Querida Marta!:

Estamos encantados con lo que nos cuentas. Nos alegramos que el osito te haya acercado a tu nueva amiga, es la magia que tiene el compartir juguetes, que te regala amigos y momentos de diversión compartidos. Esperamos que esta nueva amistad dure para siempre.

¡Un abrazo de los tres!

Melchor, Gaspar y Baltasar.

Marta se abrazó a esa linda carta. Los Reyes no solo la habían enseñado a compartir, sino que además le habían regalado una nueva amiga, fruto de su generosidad y gracias a la magia de su osito. ¡Estas habían sido las Navidades más especiales!

Comentarios

  1. VIMON

    15 enero, 2016

    Muy buen relato infantil. Miss Eli. Un saludo con mi voto.

    • Miss_Eli

      15 enero, 2016

      ¡Muchas gracias! Era para completar el cuento anterior. Los reyes finalmente le trajeron otro buen regalo: su nueva amiga.

  2. Mabel

    15 enero, 2016

    ¡Me encanta! Un abrazo Elisabeth y mi voto desde Andalucía

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