Actos de bondad

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Cantó el gallo anunciando que esa mañana era la última de mi vida. Al levantarme de mi rechinante catre logré divisar a través de los barrotes la presencia del padre, mi buen amigo de muchos años, que platicaba acongojado con el carcelero portador de la charola del desayuno. A medida que recorrían ese tétrico corredor aproximándose hacia mi persona me iba viendo cautivado por el olor a pastel de carne solicitado el día anterior como tonto consuelo ante tan funesta realidad. El carcelero presentaba un semblante de tristeza y con mano inquieta procedió en entregarme el alimento a través de la rendija adecuada con ese propósito; luego, abrió mi celda al padre que ingresó solicitando privacidad. Este se acomodó en esa apolillada silla de madera, me miró y dijo:

-Vengo a hacerte compañía-, él sabía que estaba solo y que mi única familia la había asesinado…

Compartimos la comida, pero los nervios tanto me imposibilitaron deglutir, que terminé arrodillado vomitando en ese balde usado como orinal, el padre, me acercó un pañuelo para que me limpie y pasó a hacerme compañía en la litera. Sentado junto a mí, con rosario en mano y la otra en mi espalda me motivó a rezar y por media hora, pasamos las cuentas del sagrado collar, pero el cura, en calidad de amigo, se notaba alterado ya hacía rato y sin poder contenerse exhortó:

-¡Juez desalmado, con qué criterio te condena!

Fijé mi mirada en sus irritados ojos de melancólica cólera y le dije:

– Tranquilícese padre, ya acepté mi realidad y fuese cual fuera el motivo yo había matado a quien más amaba, así que es justa mi pena y no se diga más.

Por un instante nos embargó el silencio, pero mi acompañante aún se mostraba inquieto, así que ignoró mi petición y poniéndose en contra de sus principios católicos expresó lo siguiente:

-Igual iba a morir, el cáncer había minado su cuerpo produciéndole un sufrimiento que sólo un acto de bondad como el tuyo podría detener tal tortuosa agonía.

La expresión en el rostro del padre hacía parecer que recordó la escena en donde me encontraron abrazado del cuerpo baleado y sin vida de mi esposa, entre mis incontrolables sollozos, los presentes murmuraban acerca de mi devastado semblante propio de un ser sin espíritu. Paradójicamente mi mente me llevó al día en que fui juzgado y como se desató una revuelta en contra del juez que dictaminó:

-Acusado, por el homicidio en primer grado de… Se le otorga la pena máxima, ¡muerte por fusilamiento!

A punta de garrote se minimizó a la turba, que eufórica gritaba: -¡inhumano, miserable, ruin!,- pero nada parecía aturdir el gélido rostro del sentenciador, que con aire pomposo pasó a retirarse del juzgado.

El sol ingresaba por la diminuta ventana que miraba al polvoriento patio, indicando la llegada del mediodía; acto seguido, me vi acompañado por dos oficiales y el padre hacia mi destino final, con paso temeroso avanzaba a rastras haciendo rechinar las losetas enmohecidas del corredor. Ya en el patio me apoyaron sobre el paredón, mientras se alistaba el pelotón de fusilamiento, cargando sus rifles con los letales proyectiles marcados con mi nombre. Como última petición rehusé la venda, así pues vi el rostro insatisfecho de diversas personas, hasta mis verdugos portaban sus armas de forma dubitativa. Pero mis ojos divisaron algo insólito… Mansamente veía como se quebraba esa expresión gélida del juez para darle paso al angustiante dolor. En ese momento entendí: Nadie había comprendido mi sufrimiento tanto como él y esa fue la forma que encontró para calmarlo. Buscando su mirada modulé –gracias-, él asintió con la cabeza. Se escuchó el redoble de tambores y mi corazón latió hasta que gritaron:

-¡Fuego!

“Ahora espero que el dadivoso juez encuentre sosiego, el infortunado será reprochado incesantemente haciendo cuestionar su decisión, y tendrá que lidiar con ese estigma durante toda su vida.”

Comentarios

  1. Mabel

    5 febrero, 2016

    ¡Me encanta! Un abrazo y mi voto desde Andalucía

  2. Claudio_3

    22 junio, 2016

    Muy buen relato, me quedo con la primera frase. Excelente ?. Saludos a Perú y mi voto.

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