HISTORIAS DE WHATSAPP V

Escrito por
| 151 | 12 Comentarios

– ¿Qué tenemos aquí? – pregunta con tono lacónico a uno de los analistas. – tenía barba de varios días, el pelo enmarañado. Los ojos muy abiertos y pequeñas venas rojas que destacaban en el globo ocular. El exceso de café y las pocas horas de sueño marcaban el cansancio en su rostro.
– Es el metraje de vídeo en la oficina de Jack, dos días antes de su asesinato. – el analista pasaba las imágenes a cámara lenta, para que Lucas apreciara mejor la imagen.
– Para ahí, ese tipo con capucha…, ¿Quién es?
– No tengo ni idea, pero podemos comprobarlo en la base de datos. El programa analizará su estructura ósea y calculará el peso. Sacará varios perfiles, si ese tipo está fichado o aparece en cualquier metraje de la ciudad, daremos con él.
– Buen trabajo. Quiero ver las imágenes desde que Jack aparca su coche en la plaza de aparcamiento. – El analista deja su asiento a Lucas y va a buscar una taza de café.
Lucas miraba la pantalla, sabía que cualquier detalle podría ser de gran ayuda. Tenía su móvil cerca del ordenador, de vez en cuando miraba, por si había alguna novedad sobre la infiltrada, Valeria. Paró la reproducción en el mismo momento que Jack dirige la mirada al ventanal. Un sombrío reflejo hizo que Lucas, ampliara esa zona de la imagen. Un hombre delgado y alto con una capucha puesta se reflejaba en el cristal de la ventana. Sus facciones le parecían familiares. Mandó la fotografía a analizar y siguió con el metraje de la cinta.

Olivia se ha vuelto a tumbar, la enfermera le había pelado una pieza de fruta. Un aviso en la megafonía le hizo abandonar la habitación. Olivia miró la puerta por el rabillo del ojo y con una de sus manos cogió el cuchillo que la enfermera había depositado encima de la mesilla. Le escondió debajo de la almohada, se incorporó y comenzó a comerse la fruta.
La oscura cortina que separaba la estancia con el pasillo cubría parcialmente la ventana, dejaba una franja descubierta, así, Olivia podía ver con claridad quién iba a entrar en su habitación. El cuarto de baño quedaba al otro lado de la cama, oculto si se miraba desde el exterior. Cuando terminó de comer la fruta. Decidió coger el cuchillo y dirigió su encorvada figura hacía el baño. Fue entonces cuando oyó hablar a Martín, también reconoció la voz del escolta. Aguzo el oído para seguir la conversación.

– ¿Está despierta? – preguntó Martín a su compañero.
– Acaba de salir la enfermera, creo que la estaban preparando para merendar.
– ¿Se puede mover? – el escolta le miró detenidamente, le extraño el tono de la pregunta.
– Pues no, por eso le pelan la fruta. – transcurre solo unos segundos.
– Bueno, hoy no hace falta que entres conmigo. Solo voy a comprobar que está bien. No voy a hacerle preguntas.
Martín entra con la mano en el bolsillo, su idea es bloquear su sistema nervioso a través del neutralizador de corriente, un dispositivo que reduce las descargas eléctricas en el cerebro y ocasiona el coma o la muerte. No quiere que Olivia le recuerde.
Olivia está forzando la puerta de emergencia que disponen todos los baños para abrirse por el pasillo. Manipula la cerradura con la ayuda del cuchillo y una vieja horquilla oxidada que había en el estante del baño. Intenta no hacer mucho ruido.
– Espere un momento agente, el jefe de enfermeras quiere hablar con usted. – escucha atentamente a la enfermera que está situada detrás de él, mientras mantiene la puerta entornada para entrar.
– Si, cómo no. Voy ahora mismo. – el escolta vio el mohín de su rostro y arqueó las cejas.

Fue el momento perfecto para que Olivia pudiera escapar de allí. Se metió en una de las salas de enfermería. Abrió una taquilla y cogió un pantalón, una camiseta y un pase del parquin subterráneo del hospital. Bajo por las escaleras hasta el aparcamiento, subió la rampa hacía la calle. A pocos metros había un quiosco de prensa, en uno de los lados una máquina expendedora de móviles de tarjeta. Comprobó los bolsillos del pantalón por si la dueña de aquella prenda no usaba monedero. Tuvo suerte, tenía dinero suficiente para comprar un móvil y algo para comer.
Caminó media hora para alejarse del hospital, giro a la derecha y entró a un callejón sin salida. Se situó en medio de la calle, divisó un cartel de color dorado con letras desiguales donde se podía leer “Cafetería”. Estaba situada en el sótano del edificio, según se aproximaba pudo ver el ventanal por donde se veía el interior. Había varias personas sentadas en los taburetes de la barra, tomando café y leyendo el periódico. Decidió bajar los cuatro escalones que le separaba de la calle y entrar. Necesitaba comer algo, estaba mareada y extenuada.

El fuerte olor a café inundaba las paredes de aquel local decorado como los 80, el ruido del molinillo ahogaba la voz de la periodista que hablaba por televisión. Olivia se sentó en un cómodo sillón color oscuro, frente al televisor. No podía oír nada, pero seguía atentamente las imágenes. La fotografía de una mujer joven, rubia y ojos claros, llamó su atención. Nadie prestaba atención a la caja tonta. Los titulares se referían a otro secuestro.
Lucas está con la cabeza entre los brazos, ha estado revisando el metraje más de cuatro horas seguidas, sus hombros no sujetaban su cabeza y se ha derrumbado sobre el escritorio. La luz de la lámpara calienta su cogote, pero está profundamente dormido y no nota el calor. Su móvil empieza a vibrar, la aplicación de seguimiento le avisa, que el dispositivo de Valeria se aleja del pub.

Martín regresa del despacho del jefe de enfermeras y entra a la habitación de Olivia, ha transcurrido una hora desde que intentó entrar la primera vez. La habitación estaba a oscuras, desde la puerta solo se veía un extraño haz de luz que entraba por el ventanal. La silueta de Olivia estaba oculta por la manta. Martín se acercó más y comprobó que allí no había nadie. Observó la habitación, su ropa seguía estando en el armario, encendió la luz del baño y se dio cuenta enseguida por donde se había escapado. Regresó al lado de la cama y puso la almohada simulando el cuerpo de la joven. Salió y cerró despacio la habitación.
– Martín, ¿cómo está la enferma? – le preguntó el escolta.
– Está dormida profundamente. – le respondió pensativo.

¿Dónde está Valeria?

Valeria abrió la segunda puerta que aislaba el sonido de la zona de baile del Pub Nube. Andaba con naturalidad, no sabía muy bien donde estaba situado su equipo de apoyo dentro del local. Así que cogió aire y entro contoneándose en la otra sala. Era bastante espaciosa, pero estaba llena de humo de cigarrillo, le picaban los ojos. Inspeccionó el terreno con la mirada y dirigió su equipo de grabación panorámica. Observó que toda la gente que se reunía en torno a pequeñas mesas la miraban atentamente. Embozó una amplia sonrisa y alguien en el fondo de la sala le indicó que se acercara a tomar asiento. Era un hombre delgado, con mandíbula ancha y ojos pequeños.

– ¿Es tu primera vez? – su voz plúmbea le hizo estremecer.
– Sí. – bajó los ojos como muestra de timidez. – el hombre hizo un gesto con la cabeza para que uno de los camareros se acercara.
– ¿Qué vas a tomar? – le mira a los ojos de forma lasciva.
– Eierlikör, por favor. – le mira sorprendido.
– Magnífico póngame otro para mí. Hacía mucho que nadie pedía ese licor. Si me permite preguntarle señorita.
– ¿De dónde es usted? – sus ojos leoninos miraban sin reparos.
– Creo que eso ahora no importa, ¿no cree? – Valeria se mete en su papel; abre un poco los labios y saca la punta de la lengua. Coge su copa y lame el borde de forma sensual.
– Uff, bastante sugerente, querida.

Después de tres horas bebiendo y bailando, era hora de comunicarse con el equipo. Coge su bolso de mano, pero antes de despegar su culo del asiento coloca un micro debajo de la mesa. Sabe que en pocos minutos comenzará la puja. Se disculpa y va hacía el baño. Allí logra ver a Martín al final del pasillo, habla con alguien que no para de mover los brazos.
Le manda un mensaje codificado a Lucas. Espera varios minutos hasta que la respuesta aparece en la pantalla. Consulta los usuarios que han seleccionado en la central como posibles sospechosos, pasa las imágenes una a una.
– ¡Bingo! – aparece ante sus ojos el mismo individuo de la mesa. – teclea lo más deprisa que puede;
– ¿Quién es? – espera impaciente.
– Sin identificar, pero se han encontrado imágenes que le sitúan en varios puntos cercanos a las desapariciones.
– Ten cuidado Valeria.

Estaba claro que aquel hombre de edad incalculable era el mentor de las pujas. Su forma de comportarse le hacía sospechoso.
El tono de mensaje del Whatsapp en el móvil de Valeria comienza a sonar. Ha comenzado la puja. Sale del baño y el entorno de la sala ha cambiado. La gente permanece en pie. El camarero ha repartido las máscaras. Se acerca a ella y le entrega la suya, asiente con la cabeza y se desplaza hasta la zona central.
Los mensajes no paran de sonar. Hombres y mujeres quieren pujar por estar una noche con ella, mira atentamente los perfiles y encuentra la mejor puja. En la pantalla aparece su compañero de mesa y uno de los suyos. Acepta a los dos. En ese momento termina la puja, se apagan todas las luces. Valeria nota un aliento cálido detrás de su nuca. Alguien la empieza a apretar con fuerza los glúteos. Se gira lentamente y le tranquiliza saber que se trata de uno de sus agentes.
El hombre misterioso de la mesa la coge por el brazo y la lleva a un reservado, seguidos por el policía.
Martín los ve entrar, mira extrañado al hombre corpulento que parece seguir a la pareja. Antes de que pudiera entrar en el reservado, Martín levanta su mano y golpea la nuca del policía hasta dejarlo inconsciente. Después de hacerse cargo del cuerpo, decide pasar un buen rato y se camufla discretamente dentro de la habitación, su objetivo es observar y por qué no, si la rubia no cumplía los requisitos se la llevaría a casa.

Olivia se acerca a la barra, necesita oír la noticia y pide que, por favor, dejen de moler café. Le ofrecen el mando a distancia y sube el volumen. Las personas que estaban adormiladas, disfrutando del café matinal, se muestran algo alarmados con la noticia.
– Todavía no tenemos los datos contrastados, pero se desconoce el paradero de esta joven fotógrafa que anoche fue vista por última vez a las puertas del conocido Pub Nube.
La noticia decía que acudió a una quedada de jóvenes solteras, a un Pub donde se rumorea que se realizan prácticas sexuales muy subidas de tono. Según las investigaciones de varios periodistas, se sospecha que fue el punto de encuentro de las otras desaparecidas.

Martín quería ganar tiempo, tenía que comunicárselo a su jefe. Así que fue a la planta número doce de comisaria y entró sin llamar.
– Olivia se ha escapado. – un hombre de mediana edad atendía una llamada telefónica. Le miraba con cierta desconfianza mientras tapaba con una de sus manos el auricular del teléfono.
– ¡Te quieres callar! – Replicó con tono brusco. En segundos colgó el teléfono.
– Quiero que la encuentres, ella es la clave. Entiendes. Creo que es el único sujeto que ha superado con creces todas las pruebas.
– El alcalde me pide resultados y ella es la prueba. Si me fallas sufrirás las consecuencias.
– Señor, ¿qué dice Jack sobre la inversión?
– Tu no necesitas saber nada más, solo quiero que lleves a la chica a la fábrica.
– Me dejas jugar con ella un poco…
– El doctor no quiere que la toques. ¿Me has entendido?
El analista se levanta, golpea fuertemente la jamba de la puerta y despierta a Lucas.
– Lucas, tenemos algo. – Lucas hace estiramientos musculares antes de levantarse de la silla.
– Hemos podido conectar nuestros servidores a las cámaras de comisaría. Sabes que después de un año las imágenes grabadas se borran. Pues bien, mira quien hace visitas fuera de su área. – Lucas se frota los ojos, parpadea varias veces y mira la pantalla.
– ¡Será cabrón! ósea que el comisario forma parte de esta mierda. – me llevó varias semanas colocar los micrófonos y las cámaras extras, pero ya obtengo resultados.
– Tengo también varias llamadas a un número oculto. No las he podido rastrear, necesito saber qué compañía tiene el repetidor más cercano y con la ayuda de nuestro amigo el juez, seguramente pueda localizar las llamadas.

Olivia sabe que su edificio está vigilado. Así que atraviesa la ciudad hasta el barrio chino. Necesita llegar al gimnasio, allí tiene ropa limpia y algunas cosas que le vendrán de maravilla. Sabe que a esa hora los monitores están ocupados, así que baja las escaleras hacía los vestuarios. La tenue luz la aturde un poco, recuerda cuando le implantaron el dispositivo en la cabeza, su traslado a casa, la visita de Martín. Todavía recuerda el olor de su apestoso aliento mientras la violaba. Tenía que asegurar cada paso que daba, no podía permitir que nadie volviera a hacerla daño.
Se sentó en uno de los bancos, colocó la tarjeta SIM en el teléfono. Apalancó la puerta de la taquilla y con un ruido metálico se abrió sin dificultad. Se cambió de ropa, metió en su pantalón un pequeño monedero repleto de monedas que guardaba para la máquinas expendedoras. Antes de salir se coló en la recepción, la hermana de la señora Lin dormitaba frente al televisor. En el mismo cenicero, las mismas llaves. A su lado una tarjeta de visita. “Lucas…, agente de policía”. Ahora sabía con certeza el nombre de quien podía confiar. El misterioso policía que le hablaba por la emisora mientras la trasladaba en ambulancia.

 

 

©Julia OJidos Núñez
©Blog: https://juliaojidos.wordpress.com/
Depósito Legal: Safe Creative

 FELIZ FIN DE SEMANA

Comentarios

  1. Skuld

    6 febrero, 2016

    Excelente capítulo, amiga Julia, en el que no decae la expectación. Un abrazo fuerte y feliz fin de semana para ti también.

  2. Reaper El Chivo

    6 febrero, 2016

    ¡Genial, amiga Julia! Y permítame añadir que me alegra que no acaben todavía los periplos de sus «Historias de Whatsapp». Ha sido un capítulo espectacular para su retorno. Mi más que sinceras felicitaciones, un saludo y mi voto.
    Salud y suerte.

    • Julia.Ojidos

      8 febrero, 2016

      Gracias querido Reaper, intentaré que la intriga no decaiga en estas próximas entregas. Gracias por leerme. Un fuerte abrazo.

  3. VIMON

    6 febrero, 2016

    Muy bueno, Julia. Felicitaciones con mi voto.

  4. Mabel

    6 febrero, 2016

    Muy buena historia. Un abrazo Julia y mi voto desde Andalucía

  5. gonzalez

    6 febrero, 2016

    Me gustó mucho, Julia! Coincido con el comentario de Skuld! Te dejo mi voto y un abrazo fuerte!

  6. jon

    7 febrero, 2016

    Ufffff, qué modo tienes de narrar situaciones límites, querida amiga. Me dejas sin aliento.
    Un buen escrito, no exento de un sacrificado esfuerzo. Esto no se hace en una hora.
    Te felicito y me alegro que vuelvas con esa fuerza.
    Cuídate mucho. Un fuerte abrazo. Por cierto, tu cambio de look, en el perfil, perfecto.

    • Julia.Ojidos

      8 febrero, 2016

      Buenos días Jon, me siento halagada. Efectivamente los capítulos de historias de Whatsapp me llevan unas cuatro horas escribirlas. La trama está en mi cabeza, realizo anotaciones y luego relleno los hueco del puzle. Mil gracias por leereme. Un fuerte abrazo.

Escribir un comentario

Uso de cookies

Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies, pinche el enlace para mayor información.

ACEPTAR
Aviso de cookies
Cargando…
Ir a la barra de herramientas