Carta

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Sigo refugiándome en esta libreta rota. Sigo escribiéndote cartas que nunca recibirás. Sigo echándote de menos, sigo pensando, a ratos, que vivir sin ti me da miedo

Sigo escuchando tu voz en alguna grabación de una tarde lluviosa cualquiera. Engaño a mi cerebro cerrando los ojos, haciéndole creer que si te escucho, significa que estás cerca.

También intento engañar al tiempo, pero es más listo que yo. Él avanza, y yo retrocedo. Y por mucho que grito no consigo que me espere, y cada día es un día perdido. Te echo de menos, y mi estúpida cabeza sigue esperando volver a verte. Odio echarte de menos, porque me empuja a querer morir más rápido.

Me fui porque no soportaba más la pesadez del aire. Escapé, como siempre hago, como siempre hice. Antes escapaba contigo, y al final escapé de ti.

Pero ahora he parado de escapar y no consigo encontrar nada. No te encuentro a ti, pero tampoco a mi. No sé si quiero encontrarte. Me da miedo verte, me da miedo besarte, me da miedo olvidarte y no poder pedirte perdón. Me doy miedo, y me da miedo el mundo cuando siento que ya no tienes los brazos extendidos a mi espalda. Me da miedo no confiar en nadie.

Fue como si de pronto, cortasen el cable que me ataba a la tierra, y sintiese todo el poder de la gravedad a mi alrededor. Como si me hundiese en el mar encogida dentro de una caja fuerte. ¿Dónde está la posibilidad de mejora? Cualquier salida es falsa.

Fue como cuando te saltas un escalón mientras bajas una escalera. Como cuando caes por un precipicio en un sueño, y de pronto sientes como la gravedad mueve tus órganos y las tripas de tu abdomen suben a tu garganta.

Fue como todas esas extrañas sensaciones que duran un segundo. Pero este segundo se está haciendo demasiado largo. No acaba nunca. No para y a veces creo que solo es un largo e insoportable camino hacia el últmo golpe certero.

Y quizás esté mal, quizás no deba escribirtelo, pero a veces deseo que la gravedad haga un último esfuerzo por mi, y que el último golpe llegue pronto. Mi último dolor de estómago, tu último grito.

Comentarios

  1. Mabel

    2 marzo, 2016

    ¡Impresionante! Un abrazo y mi voto desde Andalucía

  2. Txiki

    2 marzo, 2016

    Escribir libera, seguro que esas cartas no te hacen ningún mal.
    Sigue escribiendo.

  3. jon

    2 marzo, 2016

    Cuando la voz es quien se refugia del hastío y las arterias no resisten la presión de la sangre y comienza a hervir la esperanza… malo, sin embargo siempre queda ese algo, como en tu escrito, que nos hace retomar el vuelo como un ave fenix
    Muy logrado. Enhorabuena.
    Saludos.

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