Confesiones de un Rey (Parte 1)

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Toda persona en cualquier reino tiene un modelo a seguir; Una persona a quien veneren en cierta forma, alguien a quien seguir. En la mayoría de los casos, éstas terminan siendo los padres, o algún amigo cercano de toda la vida. Para Maneo, esa persona era el Rey Sëna II, Nieto del Gran Rey Sëna, hijo del rey Ton, primero de su nombre.

Si bien no estaban unidos por ningún lazo de sangre, el Rey lo había adoptado como su protegido, a pesar de tener un hijo, el Príncipe Delle. Maneo sentía un gran afecto hacia toda la familia real, que se había hecho cargo de él luego de que sus padres murieran combatiendo en la Gran Guerra.

Era muy cercano al Rey, y tenía una relación bastante cordial con el Príncipe. En cuanto a la Reina… No pasaba ni un día sin que la extrañase. Su cuerpo fue encontrado en la última nevada, tendido sobre la cama de la Habitación Real, sin muestras de golpes, violencia ni armas, pero evidentemente sin vida. El rey había estado ausente esa fatídica noche, en una expedición de caza, junto a Maneo y algunos hombres de su séquito. Maneo creía que la Reina había sido asesinada por mano de los guerreros de las tribus salvajes como una amenaza contra el Rey, y esa era la opinión de todo el reino, pero el Rey no creía eso. Él tenía sus dudas, y esa era la razón de que Maneo se encontrase en el pasillo que daba a las habitaciones a esa hora de la noche, en espera de su protector. Esa noche le revelaría sus sospechas.

El rey apareció al final del pasillo a oscuras, sin lámparas ni escolta. Maneo se apresuró a correr a su lado, sujetando firmemente su espada envainada.

-Mi señor, ¡No debe deambular sin guardias! ¡No después de lo que le pasó a la señora Delna!

El Rey sonrió, y estrechó a su protegido los brazos.

-Me alegra ver que te preocupas por mí, y que te mantienes leal. Te he dicho que vengas aquí a mitad de la noche y has acudido sin preguntas, como sabía que harías. Vine sin escolta, Maneo, porque no temo por mi vida. No me sucedería nada en unas dos o tres estaciones, tal como lo veo, pero de todas formas no voy a gozar de ese tiempo. Mi vida, querido hijo, termina hoy.

Maneo abrió los ojos, sorprendido. Nunca, en las veinticuatro estaciones que había vivido bajo la protección del Rey, éste lo había llamado “querido hijo”. ¿Qué es lo que había ocurrido?

-Veo que te sorprende que te llame así. No es ningún secreto el cariño que te tengo. Es algo que intenté ocultar, más debido a los celos de Delle que a las palabras de mi gente. Pero he descubierto la verdad, Maneo, la verdad que tanto temía y que me obliga a hacerlo.

-¿A hacer qué, señor?

-A considerarte mi único hijo, verás… -el Rey tomó aire mientras Maneo perdía el suyo. Comenzó a hablar con susurros agitados por la emoción- he investigado, y lo sabes. No he hecho ninguna otra cosa desde la última nevada más que hablar con la gente, de mi reino o aledaña,  en busca de información. Y descubrí que Delna, mi preciosa Delna, fue asesinada por alguien dentro del Palacio. –Hizo una pausa, ya que su voz se había quebrado- Con base en est…

-¿Fue Delle? ¿Él la mató? –Maneo no lo podía creer. La ira lo cegó, mientras su mano se posó en la empuñadura de su espada. Luego recordó que Delle era el hijo de Delna, y retiró la mano. Él no pudo haber hecho eso.

El Rey miró fijamente a Maneo. No dijo nada. No hizo falta.

-No… No puede ser. No puede ser cierto. Él, no… ¡Él es su hijo!

-¡No hagas ruido!- Susurró frenéticamente el Rey.- Él está durmiendo a pocos pasos de aquí. No queremos despertarlo.

Maneo no conseguía asimilar esa información. No quería hacerlo. Entonces comenzó a pensar, en el hecho de que su protector lo haya citado prácticamente a la puerta de la habitación del Príncipe, a esa hora tan poco convencional, sin guardias…

-¿Vamos a…?

-…

-¿Vamos a vengarnos?

-No. No, hijo, no. Sé que querías mucho a Delna, y aprecio que hayas retirado la mano de tu espada. Vos no vas a hacer nada. Por eso estamos acá; quería que supieras la verdad antes de que me vaya.

-¿Adónde, señor? No lo entiendo. –Maneo trataba de pensar, pero era mucha información en muy poco tiempo. Trató de serenarse. No lo consiguió.

-Lejos, querido. Escúchame, ésta es la última vez que coincidiremos en este mundo. Quiero que me llames Padre. ¿Me consideras tu padre, querido?

Él lo pensó detenidamente.

-No. Lo lamento, Señor. Usted es la persona más importante para mí, me ha cuidado y se ha ocupado de que nunca me falte nada. Pero mi padre murió junto a mi madre mientras intentaban protegerme. Por favor no se ofenda, pero creo que no se puede tener más de un padre.

El Rey sonrió.

-Lo entiendo, lo entiendo perfectamente. No pretendo ocupar un lugar en tu vida que no es mío. Si, ya sé que me tienes aprecio –se apuró a decir al ver  que Maneo pretendía interrumpirlo- Por lo menos abandona las formalidades. Quiero que me llames por mi nombre, te doy mi permiso. ¿Lo harás?

-Por supuesto, señ… Sëna. ¿Qué va a pasar exactamente? Si Delle mató a la señora Delna, merece ser colgado, perdone que le diga. Sin embargo, sospecho que eso no es lo que usted quiere, ¿Verdad?

-No. Él nunca aceptará lo que hizo, y de todas formas nadie me creerá. Mi propia gente cree que he abrazado la locura desde esa noche, y la verdad es que quizás no estén tan equivocados. Pero tengo razón en esto. Y es mi culpa.

-No creo que lo sea. Por favor, cuénteme. Y no, no está loco. Ha perdido a la mujer que amaba, y ha seguido ocupándose de su gente, señor. Yo creo que usted es el mejor Rey que este reino tuvo.

-Eres muy amable, hijo, pero no ha sido así. –Dirigió la vista hacia atrás de Maneo, para asegurarse de que todavía tenían tiempo.- Nunca quise a Delle. Es algo cruel de decir, es cierto, pero es la realidad. Era un chico malo, lo suficientemente malo como para que un Rey ocupado en sus tareas diarias lo notara. Le gustaba torturar a los animales de la cocina antes de que el cocinero se ocupase de ellos, era descortés con todo el mundo, tanto sus guardias como la gente del pueblo, e incluso con nosotros, sus propios padres. Solía golpear a los pequeños de su edad, porque aprendió muy temprano que por ser hijo mío nunca nadie iba a decirle nada. El poder, Maneo, el poder que recibía sólo por ser hijo de un Rey lo convirtió en una persona horrible. –El Rey lo consideró un instante, y finalmente dijo- Aunque más que convertirlo, creo que simplemente reveló lo que era. La gente es buena o es mala, hay casos en los que puede cambiar, es cierto, pero a tan tierna edad… La maldad era algo innato en él. ¿Te imaginas a alguien así al frente de nuestro reino?

Maneo decidió callar. No era ningún secreto la clase de persona que era Delle, quien había vivido ya cuarenta estaciones. Muchos eran los que temían el día en que el Rey muriese.

-Interpreto tu silencio, querido. Es un joven malvado y ambicioso. Eso lo llevó a intentar llegar al trono antes de lo previsto.

-No lo creo. Perdone, señor, pero el no pudo haber matado a la Reina. Tiene algunas actitudes… Extrañas, es verdad, pero… Su madre… -Maneo no lo podía entender. Él había perdido a sus padres mucho antes de haber llegado a conocerlos bien, ¿Quién mataría a uno de los suyos?

-Hombres como nosotros, hombres cuerdos y honestos, jamás entenderán la mente de aquellos que han tomado el camino equivocado. Pero ha sido así, de eso estoy seguro. Ya no hay marcha atrás. Ahora, escuchame…

-Pero, señor… Sëna…

-¡Escuchame! – El rey elevó un poco su tono de vos, y en su rostro se dibujó la impaciencia- No hay tiempo. No me preguntes cómo, pero encontré la verdad. ¿De verdad crees que haría algo como lo que estoy dispuesto a hacer basado sólo en sospechas? Hay dos grandes verdades en este asunto. Tres, en realidad. La primera, es que mi esposa me fue arrebatada en un cobarde acto por alcanzar el poder. La segunda, es que mi vida peligra, puesto que soy el único obstáculo para que quien cometió tan terrible acto logre su objetivo.- Sëna señaló hacia la habitación de su hijo.

-¿Y la tercera?

-La tercera, querido hijo… es que me cansé de todo esto. Si he de confesar algo, es que ya no quiero vivir en un mundo sin Delna. Lo que me mantuvo a flote todos estos días fue la idea de venganza. Es algo malo, es algo vergonzoso de admitir, pero es la verdad. Ahora que descubrí quién me la arrebató… Quiero que no viva más. Pero, a su vez, tampoco yo quiero seguir viviendo.

Maneo perdió la capacidad de hablar por un momento. Con todas sus fuerzas, pronunció la única pregunta que realizaría en su vida esperando jamás escuchar la respuesta.

-¿Matarías a tu propio hijo?

El rey lo miró fijamente. Lucía cansado, tenía el rostro lleno de arrugas y apenas se mantenía en pie.

-Sí. Nos mataríamos ambos.

De repente, Maneo entendió el plan de su protector. Posó su mano derecha sobre su espada.

-No, mi señor. No puede permitirle que haga eso. No es la solución. ¡Usted ES el reino! ¡No merece morir!

-Vos sos el reino, Maneo. He redactado una carta, la cual se halla en posesión del gran visir. Al no dejar legado, tras mi muerte y la del príncipe, declaro estrictamente que vos te convertirás en mi sucesor. No te lo estoy pidiendo; Es mi última orden.

Maneo desenvainó su espada. Estaba mareado, abrumado por tanta información. ¿Realmente se había vuelto loco el rey?

-No, mi señor –repitió- Aunque sea por la fuerza, he de detenerlo. No debe manchar sus manos.

Sëna sonrió.

-¿Serías capaz de atacarme, querido hijo?-El rey vio como Maneo bajaba su espada. Por supuesto que era incapaz de atacarlo.-Perdón. Perdón por todo. Quería que lo supieras de mi boca antes de que  todo acabe. Has sido como un hijo para mí, espero haber sido lo más cercano a un padre para ti.

-No voy a detenerte. Está bien. No voy a obligarte a vivir con la culpa de lo que planeas hacer, o con la ira de no haberlo hecho. Pero quiero que recapacites. No estoy listo para despedirme de vos. Y menos aún, para reinar tu pueblo.

Maneo envainó su espada, y abrazó al rey. El rey soltó una última lágrima y pronunció sus últimas palabras.

-No es un pueblo difícil de mantener. Ahora está dividido, pero cuando brille como el oro, te acordarás de mí.

Tras esta enigmática frase, cruzó la puerta del habitación de su hijo, desenvainando su espada por última vez.

Comentarios

  1. Ana-Stone

    24 marzo, 2016

    Una gran historia, muy entretenida y que deja con ganas de más. Un saludo!

    • Juli

      25 marzo, 2016

      Muchas gracias, Ana ! Mañana va a estar la otra parte. Un saludo !

  2. gonzalez

    24 marzo, 2016

    Muy buena historia y excelentes diálogos! Me gustó mucho, amigo Juli! Te dejo mi voto y un fuerte abrazo!

    • Juli

      25 marzo, 2016

      Muchas gracias, gonzalez ! un gran abrazo, amigo

  3. Anakin85

    24 marzo, 2016

    Una historia genial Juli, me ha encantado de principio a fin. Lo que has dicho de que las personas no se convierten en monstruos, sino que se revelan ha estado estupendo, sigue así!

    • Juli

      25 marzo, 2016

      En muchos casos se da de esa forma. Muchas gracias por tus palabras, un saludo !

  4. Mabel

    25 marzo, 2016

    ¡Excelente historia! Un abrazo Juli y mi voto desde Andalucía

    • Juli

      25 marzo, 2016

      Muchas gracias, Mabel. Un gran abrazo !

  5. Bheltane

    27 marzo, 2016

    Una historia que te atrapa desde el primer momento, voy a leer la segunda parte que veo que ya la tienes, un saludo.

  6. veteporlasombra

    27 marzo, 2016

    Me parece interesante la cuestión: ¿qué debería hacer un rey si sabe que su hijo es un villano? Un saludo…

    • Juli

      28 marzo, 2016

      Pudo haberlo resuelto de otro modo, el tema está en eso: cómo reaccionaría cada persona, en cada momento, en cada época. Un abrazo

  7. VIMON

    28 marzo, 2016

    Muy buen relato, Juli. Felicitaciones con mi voto.

    • Juli

      28 marzo, 2016

      Muchas gracias, Vicente. Un gran abrazo

  8. jon

    12 abril, 2016

    Paso a leer la segunda entrega y después te digo.
    Por cierto, me alegro mucho de volver a verte por estos lares.
    Abrazos.

  9. sami

    15 abril, 2016

    me encanto, sin duda tenes una manera de narrar que atrapa al lector.te dejo mi voto

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