Ruleta rusa

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Desde que nacemos tenemos un impulso agresivo por jugar y mediante vamos creciendo ese deseo se arraiga más a nosotros, convirtiendo nuestros días en felicidad y haciendo que mediante el juego conozcamos otras personas y nos sintamos aceptados en la sociedad, una aceptación que constantemente buscamos los seres humanos. La vida es un juego el cual tenemos que disputar de la mejor manera posible, un juego que a la final vamos a perder, pero que depende de nosotros jugar legal o hacer las cosas chuecas dejando marcas imborrables en nuestros seres queridos o en las demás personas cercanas a nosotros, es un juego que nos presente multitud de caminos y que debemos llevar a cabo hasta el final, pues no hay momentos para rendirse, porque si aún respiras el juego todavía sigue.

Hay juegos fáciles, juegos en familia, juegos con amigos, juegos de niños, juegos para todos en los cuales podemos encontrar cosas tan sencillas como el amor, una verdadera amistad, un momento familiar inolvidable, hay juegos para volver a jugar, una partida de parques, de ajedrez, de dominó, hay juegos que nos envician, el casino, los juegos de video, los juegos de cartas entre muchos otros, pero hay juegos que nunca deberían de jugarse porque son tan peligrosos que acaban no solo con una vida, sino con las demás que están cerca.

“Nunca juegues con el amor” decía mi madre en muchas ocasiones, a ella le pasó, mi padre nos traicionó y por su culpa, por jugar con dos mujeres ella sufrió mucho criando dos hijos sola. Al final mi padre se quedó con la otra ficha de su tablero, y mi madre tuvo que volver a empezar de cero, odiando a mi padre y con un gran resentimiento en su corazón por haber perdido ante alguien nuevo, mas sin embargo se supo reponer y siguió viviendo por nosotros, por mi hermana y por mí, para hacernos mucho mejor personas que nuestro padre, para hacernos verdaderos jugadores, y siempre procurando que fuéramos fieles hasta en las peores situaciones de la vida.  Recuerdo que fue su primer consejo cuando tuve mi primer novia, y con la segunda también, la segunda y última que tuve, porque aunque no le fallé, después de un tiempo las cosas no funcionaron como debían ser, y no por su culpa, sino por mí, porque sabía que no podría corresponder con el mismo amor que ella me daba, y ese amor era mejor que lo guardara para otro jugador que llegara a su vida. Nunca fui capaz de jugar con alguien así como muchos de mis amigos que se sentían felices por ser infieles y tener varias mujeres, eso no es de hombres, es de maricas, pero son cosas que ellos no ven por su estúpido orgullo de hombres… Yo no tenía por qué jugar con nadie más, con Daniela lo tenía todo, una mujer especial, buena en la cocina, sin miedo al sexo en cualquier lugar por mas indiscreto que fuera, eso sí, siempre con cuidado, pero era una mujer maravillosa a la cual amo por sobre todas las cosas, y por eso la dejo ir sin causarle más dolor… Y aprendí eso de mi madre, a amar sobre todas las cosas, siendo yo, sin mentiras, sin rodeos, sin juegos que pudieran perjudicarme en el futuro, pero solo fui consiente en ese sentido, no vi más allá de lo que ella me decía, no era solo no jugar con el amor de una novia, era no jugar con el amor que me ofrecían ella, mis amigos, mis familiares, y las demás personas para las cuales yo resultaba importante.

Me confié de mi vida, pensaba que era perfecta, tenía una madre luchadora y valiente y una hermana centrada en un mundo de grillas, pero yo era quien fallaba, como siempre hay una oveja negra, y en mi familia los hombres tenemos ese bicho raro de buscar otras opciones para una vida más… No sé cómo escribirlo… Llena de adrenalina, adrenalina que en mi caso me llevo a perderlo todo, hasta mi cabeza.

Siempre supe que había un juego imposible de jugar y aun así lo hice posible, y no solo yo sino muchos de mis amigos, como dije anteriormente el único final que sabemos es el triunfo de la muerte sobre la vida en un juego que avanza contra reloj y que podemos alargar mucho, o acortar tanto según como queramos, y eso hice yo, acorte mi vida por una estupidez cometida… La ruleta Rusa.

Suena muy bonito, una ruleta rusa, claro un parque de diversiones, una rueda gigante, alta, que sube y baja y ves todo desde lo más alto, haciéndote sentir cierta cantidad de emociones y también de mareos, una ruleta en la cual te diviertes y eres feliz, una ruleta de atractivo, de hierro, de unión.. Pero esa no fue la que yo jugué. Incluía un arma, 8 espacios y siete balas.

Comentarios

  1. Mabel

    1 marzo, 2016

    La vida hay que vivirla pero también saber valorarla, es más sencilla de lo que nosotros creemos, por eso la vida te va poniendo situaciones difícil, pero ahí entras tú para saber y experimentarlo. Un abrazo Leo y mi voto desde Andalucía.

    • LeoCR29

      1 marzo, 2016

      Así es Mabel, hay que saber vivir, elegir bien el camino que queremos llevar y saber Jugarlo… Gracias por tu voto

  2. Txiki

    2 marzo, 2016

    Somos seres sociales, claramente dependemos del de al lado para poder vivir.
    La vida es un juego de dichas y fracasos.

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