Tatuaje para… ¿Dos?

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Eran ya las dos de la madrugada, y aquella estrecha calle de Los Angeles se encontraba vacía, solamente una luz destacaba en ella, la de un cartel de neón azulado que parpadeaba en la oscuridad: “Tatuajes hasta el amanecer”. La joven pareja no se lo pensó dos veces para entrar en el local.

El timbre de la puerta avisó la llegada de los nuevos clientes con un estridente pitido. Un joven tatuador levantó la cabeza de entre las páginas del último ejemplar de Play Boy y los miró perezoso desde el otro lado del mostrador, su piel era extremadamente blanca, llevaba una boina oscura sobre su pelona cabeza y unas gafas de pasta oscura a través de la que se asomaban sus ojos, profundamente grises. Del cuello de su camisa asomaba gran pica que llevaba grabada en la parte izquierda de su cuello.

—¡Hola!—Saludo a sus dos nuevos y acaramelados clientes.

—¡Buenas noches! Que alegría que estéis abiertos.—Dijo el joven sin dejar de agarrar a su novia por la cintura.

El pelo de aquel chico era completamente negro, sus ojos marrones y su piel castaña. Llevaba una camisa roja algo sudada y unos jeans cortos.

Su chica era algo más alta que él, sus ojos eran azules e irradiaban una vitalidad enorme, y su cabello, negro y liso, era tan largo que casi llegaba a rozar sus nalgas. La joven vestía unos shorts bastante cortos y un top negro apretado, ciertamente tenía un cuerpazo espectacular.

Ninguno de los dos aparentaba más de 25 años.

—Estáis de suerte entonces, soy Tom ¿en qué os puedo ayudar?—El tatuador se levantó de su taburete y se acercó a ellos.—¿Queréis haceros un tatuaje? ¿Un piercing quizá? ¿O solo venís a ver unas camisetas de “Viva Los Angeles” para llevároslas como souvenirs?

Los dos tortolitos sonrieron, pero después la chica convirtió esa sonrisa en una enorme y fuerte carcajada. No cabía ninguna duda de que se había pasado con los cubatas.

—Un placer Tom, nosotros somos Danny y Rebecca. Queremos hacernos un tatuaje.—Dijo su novio, que al contrario que ella, parecía completamente sobrio y despierto.

—Muy bien… ¿Qué clase de tatuaje? ¿A juego quizá? ¿Un tatuaje de enamorados?

La carcajada de la chica se hizo más fuerte y aguda, haciendo incluso que Tom se cubriese con la mano el oído que estaba más cerca de ella.

—Sí, queremos que sea a juego—dijo esta vez la chica.—Pero nada de nombrecitos ehhh… Que eso trae mala suerte.

—¿Y habéis pensado qué es lo que queréis?—Tom se volvió hacia el mostrador.—¿Traéis una muestra de lo que habéis pensado?

—¡Por supuesto!—Danny sacó un hoja de la carpeta que llevaba bajo el brazo y se la entregó al tatuador. En ella había cinco símbolos: El cuadrado que representaba “Stop”, el triangulito de “Play”, las dos barritas verticales que significaban “Pause” y las flechitas de “retrocede” y “avanza”.

—¿Queréis tatuaros los botones de un reproductor de música?

—¡¡¡Si!!! Los queremos en la nuca, ni pequeños ni grandes.—Rebecca no dejaba de sujetarse en Danny, como si necesitara de su chico para mantener el equilibrio.

—Somos dj´s, ¿sabes, Tom? Esos simples botones significan mucho para nosotros, nuestra vida y nuestro trabajo. Representaría muy bien nuestra relación.

—Acabamos de salir de trabajar de una fiesta en la discoteca “Oasys”. ¡Seguro que has escuchado nuestra música desde aquí!—Apuntó entusiasmada Rebecca.

—¿Cuánto tiempo lleváis juntos?—Preguntó Tom para darle más animo a la conversación.

—Solo tres meses, pero has sido los mejores de nuestras vidas. Ja, ja, ja, ja, ja…

—¿Solo tres meses? ¿Y ya queréis haceros un tatuaje a juego? Estáis chalaos…

La pareja no contestó, como respuesta unieron sus labios delante de Tom, que enseguida intuyó que aquel frenesí de lenguas hubiera ido a mucho más lejos de no haber estado él delante.

—Bien… Disculpadme entonces, parejita… Voy a hacer las plantillas y enseguida estoy con vosotros, ¿ok?

—¡Ok!

Tom entró en una habitación que quedaba justo detrás del mostrador. Preparó los diseños y los fue incluyendo en las plantillas que colocaría sobre sus nucas. ¿A quién se le ocurre hacerse un tatuaje de ese tipo con solo tres meses de relación?

“Son jóvenes… Y cuando se es joven se hacen muchas locuras”, iba pensando Tom al tiempo que volvía con sus dos atrevidos clientes.

No había pasado ni 10 minutos cuando Tom se reunió de nuevo con sus acaramelados clientes.

—Bien, chicos… Ya están preparadas, ¿quién de los dos va a ser el primero?—Preguntó.

—¡Yo, yo!—Rebecca daba saltos de alegría, como una niña el día de su cumpleaños.

—Siéntate aquí, Rebecca.—Le indicó Tom, señalándole un sillón que había a la derecha del mostrador.—Boca abajo, por favor.

La joven se acercó saltando y jugueteando con su pelo como lo haría una colegiala, se subió al sillón como si de una moto se tratara, tal y como le habían indicado. Tom se pasó una mano por la frente sudorosa, realmente aquella niñata estaba tremenda…

El tatuador se preparó con unos finos guantes de látex, cargó la pistola de tinta y la enchufo, colocándose al lado de Rebecca.

—Me imagino que lo querréis en color negro, ¿no?—Preguntó a la chica.

Rebecca asintió con la cabeza, se le notaba algo nerviosa.

—¿Es tu primer tatuaje?

Misma afirmación.

—¿Aguantas bien el dolor?—Le preguntó.

—Créeme que cuando está borracha no sabe ni lo que está haciendo, apenas lo sentirá.—Le contestó Danny con mucha tranquilidad.

El joven comenzó a mirar a su alrededor, curioseando aquel estudio cuando la pistola de Tom comenzó a ronronear. Aquel lugar no era ni grande ni pequeño, y todas sus paredes estaban cubiertas por posters y fotos de tatuajes y piercings que parecían imposibles. El mostrador tras el que habían encontrado a Tom era totalmente transparente, y dentro de él se exponían gran variedad de anillos para el ombligo y la nariz.

—Llevado tan poco de novios, ¿cuándo hablasteis de haceros este tatuaje?—Preguntó Tom.

Danny se volvió hacia él y observó a Rebbeca, que le devolvía la mirada con una dulce sonrisa. La chica se sujetaba tan fuertemente al sillón que sus nudillos habían perdido ya su color.

—Pues si te soy sincero… Lo hemos hablado por primera vez esta noche, y solamente durante tres minutos, eso fue lo que basto para convencer a mi chica.

“Vaya tela…” Pensaba Tom.

—El alcohol ha ayudado bastante, si te digo la verdad. Nos invitaron a unas copas cuando terminamos el trabajo.

—¿Así es como os han pagado? ¿Con copas gratis?

—En cierto modo sí.—Danny le sonrió.

El resto del tiempo que le llevó tatuar la nuca de la chica lo pasaron en silencio, solo el hilo musical del canal de rock y el de la pistola envolvía aquel salón.

Pasados veinte minutos, Tom volvió a hablar:

—Bien, Chica, ya estás tatuada. Por favor, mírate en aquel espejo del fondo, a ver si te gusta.

La chica, que parecía haber revivido en ese instante, se incorporó del sillón dando los mismos saltitos con los que se había sentado, y se dirigió hacia el señalado espejo de pared en forma de estrella. Retiró su larga y negra melena del cuello y observó su nueva adquisición.

—¡Oh! ¡Me encanta! ¡Es precioso! ¡Es precioso! ¡Es precioso!

Como una loca se abalanzó sobre Tom y comenzó a cubrirle la cara de besos de una forma tan frenética que, si Danny hubiera tardado un segundo más en quitársela de encima, el tatuador hubiera tenido que controlar el impulso al que lo invitaba la ola de fuego que nació de su entrepierna.

Danny miró el primer tatuaje de su chica. Realmente, había quedado mucho más chulo de lo que Tom esperaba debido a su sencillez.

—Está genial.—Dijo el chico, acercándose a Tom con ilusión.—¿Me subo al sillón de la misma forma que ella?

—Correcto…

Danny así lo hizo y Rebecca ocupó el lugar desde el que su chico la había estado observando mientras se grababa la piel. La pistola de Tom volvió a cobrar vida con un ronroneo.

—Entonces… ¿Eso de tatuarte el nombre de tu pareja trae mala suerte?—Le preguntó Tom a Danny, sin apartar la vista de su nuca.—Llevo ya como diez años tatuando y nunca había escuchado eso.

Rebecca abrió la boca para hablar pero la voz de su novio la hizo callar:

—En realidad, eso es una chorrada que le he dicho a Rebecca, ya que estamos aquí podemos decir la verdad… ¿No?

La sonrisa de borró del golpe del rostro de la chica.

—He sido yo el que le ha dicho que tatuarse el nombre de tu pareja trae mala suerte.—Continuó su Danny.—No me atrevía a hacer eso, me entiendes, ¿verdad, nena?

El tatuador quiso responder pero al ver la mirada de la chica, que poco a poco se volvía más sombría, decidió callarse.

—¿Y si esto no llegará a nada? ¿Qué haría yo entonces con un tatuaje que pusiera “Rebecca”?—Continuó el joven, ignorando la asombrada mirada de su chica.—Tendría que buscarme después a otra chica que se llamase igual, y además que me gustara. No debe de ser fácil un trabajo así…

De repente, un fuerte estruendo hizo que Tom se detuviera para no chafar el trabajo. Rebecca había salido del estudio dando un portazo tan fuerte que, por suerte, el cristal de la entrada había aguantado.

Por un momento no supo que hacer, si seguir con el tatuaje o… Esperar a que su recién abandonado cliente reaccionara de nuevo.

—Se ha ido…—Dijo Danny con un hilo de voz.—Se ha ido…

Tom bajó la pistola, sabía que ya no seguiría.

—¿Has terminado el tatuaje?—Le preguntó Danny.

—No, aún me falta uno de los botones.

—¿Cuál?

—El de “retroceder”.

Danny se levantó del sillón y comenzó a abrocharse su camisa roja. Realmente no parecía que su pareja lo acabara de dejar, su actitud era normal, seguía siendo la misma con la que había entrado.

—Lo que te ha dado tiempo a tatuar es lo que representa mi vida ahora, no es que ella hubiera cambiado nada, ¿sabes? “Pausa”, “stop”, “play”, y adelante… ¿Cuánto te debo,  amigo Tom?

 

 

 

Comentarios

  1. Mabel

    16 marzo, 2016

    Muy buen relato. Un abrazo Ana y mi voto desde Puente Genil

  2. Anakin85

    16 marzo, 2016

    Gracias Mabel! Con tu voto siempre cuento! Besos!

  3. VIMON

    17 marzo, 2016

    Muy buen micro, Ana. Saludos con mi voto.

  4. gonzalez

    17 marzo, 2016

    Me entretienen mucho tus historias, amiga Ana! Me gustó mucho! Te dejo mi voto y un fuerte abrazo!

  5. Anakin85

    17 marzo, 2016

    Muchas gracias Gonzalez! Con mucho gusto te seguiré entreteniendo! Kisses!

  6. Txiki

    18 marzo, 2016

    Una historia excelente, compañera,
    escrito con una imaginación admirable
    y no excenta de ese poco de fantasía que creo imprescindible en todo relato.

    • Anakin85

      18 marzo, 2016

      Gracias Txiki!! La fantasía es mi musa, una de mis imprescindibles compañeras a la hora de escribir, solo con ella se pueden escribir tantas historias disparatadas! Un abrazo!

  7. jon

    19 marzo, 2016

    Jejejeje, envidiable narrativa. «Juventud, divino tesoro»…
    Saludos. Enhorabuena.

  8. Anakin85

    19 marzo, 2016

    Gracias Jon!! Envidia de las locuras que se hacían de joven verdad? Ahora esta más presente ese Pepito Grillo que te advierte de las consecuencias… Un saludo!

  9. Alejandro

    23 marzo, 2016

    Me gustó este relato, bastante entretenido, aunque por un momento pensé que terminaría de otra forma. Es una lástima que la espléndida pelinegra de grandes ojos azules se haya ido de esa manera. Saludos.

    • Anakin85

      23 marzo, 2016

      Me alegra que te gustara Alejandro!! Si que es verdad que podría tener una segunda parte, no?

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