CAPITULO: 4 “LO QUE SEA QUE SEA… UNA SENSACIÓN ESCONDIDA.
“Oscuridad. Una terrible sensación de ser presa de algo… o de alguien.
De una duda que arde en mi mente, ahogando mis días, o abriendo puertas que necesitaban ser abiertas para sanar o… terminar de morir en esta agonía”.
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Era esa noche. La cual no quiero recordar, y que viene a mi cuando menos me lo espero… y cada vez, con mas fuerza. Solo, que nuevamente todo vuelve a ser tinieblas…
Desperté sofocada por la confusión de estar dormida, y en un segundo despierta con un dolor de cabeza intenso, como si viniera de emborracharme toda la noche y ahora tuviera que enfrentar una resaca infernal. Algo que por supuesto, no había hecho, pero era lo que mas parecía estar acorde a como me sentía después de tratar de esforzarme por recordar lo que había soñado., pero no pude ir mas allá de lo que habría deseado para sacarme esta incertidumbre que cada vez, se hacia mas grande con cada nueva revelación de ese fatídico día… que vuelve a buscarme casi siempre, con cosas que no recuerdo haber vivido, pero que son lo suficientemente poderosas para dejarme sin aliento y con una angustia que traspasa mis huesos.
Me levanté y me duché. Pero igual, seguía como shockeada. Miré el reloj de mi celular que recién marcaba las 7 am, lo cual me llevó a deducir que todavía no había amanecido cuando desperté, no tenía noción del tiempo que llevaba levantada. Pero eso era bueno, ya que aprovecharía para ir a la biblioteca por los libros de bioquímica. De paso, sería como dar un paseo para distenderme; no necesariamente tendría que buscar esos libros e irme, ya que habría otras cosas interesantes que de seguro querría mirar, y tal vez , algo que valiera la pena traer.
Pero no todas eran buenas noticias, porque la biblioteca, no quedaba tan cerca como quisiera, tendría que pedirle prestado el Mercedes Benz a Janiah, que se encontraba profundamente dormida. Para ella, el día empezaba dentro de una hora y media más tarde, así que pedírselo, era algo imposible a las 07:30 am.
Lo único que me quedaba por hacer era escribirle una nota diciéndole que me llevaría su auto, y a dónde lo haría… Como la vez que ella lo hizo en el hotel. Así que no se enfadaría.
Pero primero, debía escoger lo que me pondría hoy; esperaba que Janiah no llevara uno de sus extraños atuendos para ir al colegio.
Coloqué en la cama varias opciones de prendas; como una camisa blanca, que podría combinar con un chaleco negro abotonado que se ajustaba perfectamente al contorno de mis caderas… Pero hacia demasiado calor para ponerme un pantalón largo. Éste clima tan cambiante, hacía pasar de un abrigo de la Antártida por una remera y un short, en sólo un día. Por eso, “pedí” prestada una de las pantimedias menos llamativas que tenía Janiah, para que encajaran perfectamente con un minishort negro que andaba dando vueltas en mi equipaje, y que nunca estrené. Para que hiciera un poco de contraste, elegí unas zapatillas Vans blancas.
Sólo me olvidaba de un detalle; peinarme, pero no tenía el tiempo suficiente, ni las ganas para hacerme un recogido… así, que sólo armé mis hondas con una crema para peinar.
Ya estaba lista para irme. Agarré las llaves de la mesita de luz. Lo único que me faltaba por hacer, era escribirle la nota a Janiah, que decía:
” Como una vez tú me hiciste lo mismo, ahora es mi turno.
Iré con tu auto a la biblioteca del pueblo. Espero que no te enfades por también no haberte avisado… Descuida! Que estaré aquí para ir al instituto. Nos vemos luego”.
Acabé, dejándola en la mesita, mientras la dormilona de Janiah, no se percató de mi “huida”.
En la carretera todo parecía estar tranquilo. De vez en cuando, pasaba uno que otro auto. El sol desaparecía, y daba paso a las nubes que oscurecían el día como si fuera todavía de madrugada. Abrí la ventana del Benz para poder sentir el viento en mi cara, que era algo parecido como una caricia de otoño, con las hojas crujiendo al paso de este ágil vehículo que se podía dar el gusto de subir sólo un poco la velocidad, dado que estaba prácticamente sola en la carretera.
Seguí observando el paisaje de árboles, que alcanzaba a repetirse en todo el trayecto, hasta que por fin llegué a destino, ” La Biblioteca Nacional de Breaker”.
Me resultaba mentira todo lo que tuve que conducir para llegar aquí. Temía que no me alcanzara el tiempo para llegar a la casa, y de allí, luego al instituto. Sí no llegaba, Janiah me mataría por haberme llevado su querido Mercedes, pero afortunadamente, todavía contaba con dos horas antes de que eso sucediera. Además, conociéndola, debería de estar dormida todavía.
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Estacioné en el frente de la biblioteca, que era de estilo antiguo. De seguro, lo construyeron hace más de cien años.
Estando una vez adentro, me percate que era la única que se encontraba allí a esa hora de la mañana, además de la bibliotecaria, a quien me dirigí para preguntarle en qué área de la inmensa sala, se hallaban los libros que necesitaba.
Me acerqué a la recepción donde ella estaba acomodando unos papeles, cuando advirtió mi presencia dejó lo que hacía, y en un tono amable me preguntó qué estaba buscando exactamente.
_ ¿Qué es lo que andas buscando, jovencita?
_ Pues… Bioquímica. Si podría orientarme… sino, creó que me perderé con tantos libros.
La bibliotecaria sonrió amablemente, y me indicó donde quedaba la sección que buscaba.
Eran numerosos pasillos plagados de estanterías llenas de libros para todos los gustos. Los estantes eran tan altos, que dolían los ojos de sólo observarlos. Rogaba que él o los libros que necesitaría, no estuvieran en lo más alto. Me aventuré adonde se encontraban y saqué cuatro, que creía que podían tener la información que necesitaba; fui hacia una mesa larga que había allí para buscar más cómoda. Me senté y comencé…
Sólo me sirvieron dos de los libros. Me tomó menos tiempo del que esperaba, y como todavía contaba con una hora y media, me dio curiosidad ver tantos libros… tantos temas diferentes. Como la lectura era algo que me apasiona, como las novelas de distintos géneros; ciencia – ficción, policial o romántica, también me gustaba la filosofía y literatura griega, en fin, era muy versátil en lo que se refería a gustos literarios. Pero hubo una sección que llamó mi atención más que las anteriores… No sé por qué sentí que debía acercarme a ese pasillo, donde no entrarían los escépticos.
Nunca me había planteado nada que tuviera que ver con lo paranormal, lo desconocido por los ojos humanos… Fantasmas o demonios, no formaban parte de mi racionalidad, ni de la irracionalidad que carecía de verdad. Pero aún así, tuve el impulso de “investigar” relacionándolo estúpidamente sin razón alguna, con la sensación inexplicable que sentía en mis pesadillas. Las cuales no llegaba a recordar del todo.
Para mi mala suerte, los libros que había visto hasta el momento, no llenaban mis expectativas, sólo me quedaban unos cuantos que se hallaban en la parte superior… Demasiado alto para mis posibilidades de es estiramiento. Lo único que podía hacer para alcanzarlos era pedirle a la bibliotecaria, que me prestara la escalera que usaba para acomodarlos, lo cual hice, a lo que accedió preguntándome si quería que quien lo hiciera, fuera ella. Le dije cordialmente que no era necesario.
Corrí yo misma la escalera hacia donde la necesitaba. Subí alrededor de siete escalones para agarrar lo que podía a esa altura. Es que tantos libros, y no sabría como bajar… Sí no me caía antes con ellos. Me debatía entre “Vida paranormal” y “Metafísica, ángel y demonio a la vez”, cuando oí una voz grave que se dirigía a mí.
_ Qué buscas… Comprobar si existen los fantasmas o demonios, o ambos. _ dijo, a la vez que sentí una sensación de ahogo, parecida a la de mis pesadillas… No podía entender por qué, cuando de a poco, me fui desvaneciendo… soltando los libros que sostenía. Caí perdiendo el conocimiento.





Mabel
Muy buena historia. Un abrazo y mi voto desde Andalucía