Volvió a casa muy tarde. El aroma de la ciudad aún se podia oler sobre su larga cabellera rubia. Como siempre, había sido una noche interesante y aunque se había esforzado y prometido que nunca más le iba a ver, lo había vuelto a hacer.
Sonrió. Le encantaba pasar los dedos entre aquellos cabellos de un marrón color café, reír mientras el le contaba alguna anécdota graciosa y observar aquellos ojos azul oscuro que un día, dentro de mucho tiempo, se apagarían para siempre.
Del bolsillo de su abrigo sacó un par de billetes de tren y los dejó sobre el canapé que tenía en su habitación.
Sabia que nunca subiría a aquel tren y que su vida seguiría como hasta ahora. No se puede vivir de ilusiones y mucho menos sabiendo que tu país está pasando por una guerra que no tiene final.





Mabel
¡Excelente! Un abrazo Adriana y mi voto desde Andalucía
VIMON
Buen relato. Va mi voto.