Historia de una utopía

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CAPÍTULO 1:

El primer pitido agudo ha sonado recientemente, ese pitido lúgubre e inerte pero yo ya llevaba un tiempo despierto. El Lexitan no me está haciendo el efecto deseado últimamente, ya no caigo rendido en los brazos del descanso, en cuando acabe mi jornada social me pondré en contacto con el sector de sanidad para que me regulen la medicación, otra vez más.

Me he levantado y me he dirigido directamente al grifo, he abierto el agua y he hinchado el estómago de ese líquido grisáceo y espeso que salía por la tubería. Ni se me ha pasado por la cabeza abrir el frigorífico, sé que dentro de él no hay nada, solo el eco del rugido de mi estómago al ver que otra mañana más sigue vacío.

El segundo pitido agudo iba a sonar en breve y yo aún tenía que encender mi Spectre. Me he lavado la cara y me he sentado delante de la pantalla, con las gotas de agua cayéndome encima de las vestimentas del sueño, he pulsado el botón de encendido y después el del VR.

—Enciéndete.

El Spectre ha encendido su pantalla y el angosto departamento se ha iluminado de repente. Esa cueva mustia estaba ya algo más iluminada por la luz de mi Spectre. El ordenador resplandecía un luz blanca mientras que en el centro de este un círculo daba vueltas, cargando todos los datos necesarios. Está tardando más de lo normal.

—Muestra procesos de arranque.

Una pantalla se ha abierto en el centro del Spectre. Unas líneas rojas señalaban lo que ya me imaginaba. La memoria RAM estaba fallando de nuevo. Así no hay quien trabaje. He empezado a ponerme nervioso, el segundo sonido iba a sonar ya, en breve, el segundo y tétrico pitido iba a sonar ya y el Spectre aún seguía arrancando.

—Cancela todos los procesos secundarios para el arranque.

He escuchado una especie de chasquido, y el Spectre se ha encendido al momento, justo cuando el segundo pitido agudo ha empezado a sonar.

La pantalla del Spectre mostraba la imagen de una persona mayor, muy mayor, aunque esa persona solo tuviese 10.950 jornadas. Me veo cansado, demasiado cansado. Últimamente no tengo nada de lo que hablar, los chistes sobre Devyco me habían generado muchos beneficios y visitas, pero ya había recibido un correo en mi PBox del sector de justicia y no quería que me amonestasen otra vez. No quería que me relegasen. No quería perder un escalón y que me mandasen al sector de excrementos. Eso sería bochornoso, sería un regalo para Cartix.

—Abre Vlog Life.

El Spectre ha abierto otra nueva pantalla.

—¡Muy buenas! ¿Qué tal estáis?

Y ya está, ahí me he quedado, con la vista fija en la cámara del Spectre, con miles de pensamientos catastróficos en mi interior, sin saber qué decir. Sin saber qué hacer. Y sin saber si iba a comer hoy.

Me he fijado en el contador de suscripciones y el número estaba en rojo. Desde ayer, había perdido doscientas veinte suscripciones, y por suerte eran pocas. Llevaba ya tres jornadas sin decir nada. Mi imagen en el Spectre se ralentizaba, se pixelaba y se quedaba congelada. Como si fuese una figura de cera me imaginaba derritiéndome, comiéndome por dentro y destrozándome la existencia. He intentado no hacerle caso a eso y he decidido hablar de los nuevos Spectre X66, no tenía ni idea de lo que iba a decir sobre ellos, pero algo tenía que hacer.

—Mantén activo únicamente el Vlog Life. — He susurrado al Spectre y este ha cerrado todas las ventanas y aplicaciones dispensables, de esta manera el Spectre ha empezado a funcionar mejor.

—¿Habéis probado los nuevos Spectre X66? ¡Buah! Son brutales. — Ni los había olido, no podía permitírmelo, pero lo que había leído y visto en otros vlogs me ayudarían a echar la jornada social. — Os voy a comentar en este vlog lo que podéis hacer con esos nuevos aparatos, eso sí, ¡id ahorrando créditos, porque son muy caros!

—Abre el historial de navegación en la ventana superior derecha referente al Spectre X66. — He vuelto a susurrar al Spectre.

—Bueno, vamos a empezar por las mejoras visibles, ¡vamos a allá! — Le he susurrado al Spectre que centrara mi vista en la cámara, para poder ir mirando el historial sin quitar la mirada de mis visitantes. Mientras repasaba esos artículos de los distintos Vlogers el ordenador seguía ralentizándose. — Pues parece ser, que el nuevo Spectre X66 viene con muchísimas nuevas funciones para el VR. Ehm… Por ejemplo, puedes susurrarle al Spectre y, atentos, ¡no quedará grabado en el Vlog Life! ¡Es increíble! Podremos ir abriendo ventanas y funciones en nuestro Spectre y nuestros visitantes no verán como movemos nuestros labios. Increíble. — Caí en la cuenta de que había comentado que el nuevo Spectre X66 era genial, pero me habían visto susurrarle al mío, caí en mi propia trampa, así que tuve que apañármelas para pasar el bache. — Yo he podido usar esa misma actualización unos días mediante una prueba del Club VIP Spectre — Otra mentira — Y os puedo asegurar que ha sido brutal, ¡no puedo esperar a que llegue mi nuevo Spectre x66!

Me siento sucio, nunca había mentido tanto. No era la típica mentira que todos los Vlogers soltaban de vez en cuando, esta era mucho más triste. Lo hacía para comer, para poder llevarme algo a la boca. Algo que no fuese ese grisáceo líquido que salía de la tubería de mi apartamento. Necesitaba una historia que contar, algo bueno que me permita obtener suscriptores, con ellos visitas y créditos, muchos créditos. Le susurré al Spectre que abriese el navegador secundario para ver los vídeos que tenía guardados del nuevo Spectre x66

— También probé una nueva versión del VR, muchísimo más rápido y sin menos lags, — dije reanudando el Vlog— todo lo que le digas a tu VR llegará al Spectre x66 al instante, repito, ¡al instante! — Al instante. Al instante quedó mi imagen congelada en el Spectre. Con la cara de sucio mentiroso bloqueada en la pantalla. Los recursos eran limitados, y las ventanas abiertas de mi Spectre lo habían bloqueado. Mi jornada laboral había acabado. La ventana del Vlog Life se cerró y apareció otra en su lugar.

—SU SPECTRE HA FALLADO. SE LE RETIRARÁN 10 CRÉDITOS DE SU CUENTA.

He dicho OK.

Maldita sea. No puedo ganar créditos por culpa de mi Spectre. No puedo arreglar el Spectre porque no tengo créditos, y así entro en un circulo vicioso que me absorbe y me devora. Como me está haciendo mi estómago a mí ahora mismo. El rugido de mi intestino suena fuerte y grave en todo el apartamento, rebotando su eco en cada húmedo rincón. Menos mal que el Vlog Life ya no está activado y no me ha escuchado nadie. Me moriría de vergüenza.

Necesito ganar créditos. Necesito una buena historia que contar. Algo legal, no quiero que el sector de censura venga a mi apartamento, me destroce la puerta y me ejecute con una bala en la nuca al instante de subir algo en el Vlog. Necesito algo que me ayude a conseguir subscriptores. Quizá debería pedir un crédito al sector de economía. Pediría 6.000 créditos y pagaría 9.000. Los intereses no son tan altos tratándose de compras de Spectre. No. No tengo nada que ofrecer, no tengo historias, no tengo subscriptores. No tengo la imaginación que tiene Clextor, no puedo contar una buena historia como las que el cuenta, con sus raros personajes y sus imaginarios mundos abiertos. Tampoco tengo la intención de ponerme a dibujar como él hace. Ni la intención ni la calidad. Nunca me darían ese crédito.

El rugido del el estómago me ha recordado, nuevamente, que llevaba dos jornadas laborales a base de líquido. He decidido ir al economato, ahora mismo, con las jornadas laborales acabando de empezar no habría mucha gente, y puede que SuseeLee me de algo si le doy algo de pena.

Me he quitado la ropa de sueño y la he tirado encima de la cama, después me he puesto la ropa de exteriores y he abierto la puerta de mi apartamento, una especie de campanillas ha sonado detrás mía y he visto el contador de los créditos bajar. Diez créditos menos. Veinte menos si le sumamos los diez que te descuentan al empezar la jornada laboral. Me quedaban diecisiete créditos. Tengo que encontrar algo que contar mañana, algo, ¡joder!, algo. Si mañana me levanto y no tengo nada que mostrar a mis subscriptores me quedarán 7 créditos. 7 míseros créditos, no podré ni empezar otra jornada laboral. Tengo que encontrar algo que me permita ganar créditos, pero teniendo en cuenta que no tengo muchos recursos en mi Spectre. Tengo que inventarme algo.

He cerrado la puerta y me he dirigido al economato. Lo primordial era llenar mi estómago, con lo mínimo que fuese. Caminaba por los largos, cerrados y grises pasillos mientras sacaba mi VRM, he pulsado el botón de comunicación y he pensado en la extensión del Sector de economía.

—Sector de Economía. — He oído en algún lugar de mi cerebro.

—Quisiera pedir un crédito para un nuevo Spectre. — He dicho para mí mismo.

—Transfiriendo al Sector de créditos. Aguarde. — He vuelto a escuchar en mi cabeza. Un suave y continuo pitido ha sonado durante ese tiempo mientras yo seguía andando por aquellos largos y solitarios pasillos, un suave y lineal pitido sonaba en mi cabeza mientras yo iba dejando atrás los interminables focos de led blancos.

—Sector de Créditos. Dígame su número.—He vuelto a oír en mi cerebro.

—2461599ZG1Z7.

—Su crédito ha sido rechazado. —He oído al instante en mi cerebro.

Mierda. ¡Mierda! Así no hay quien sobreviva. No me han dado ni la oportunidad de explicar por qué necesito el crédito. Antes era más fácil, cuando estas cosas las llevaban personas y no jodidas e inertes máquinas sin sentimientos. Mañana me quedarán solo 7 créditos. Mañana acabará todo. Quizá, si tengo buena suerte y me porto bien, al cabo de un tiempo me podrían mandar al sector de conexión. Ahí solo me tendría que preocupar de arrastrar día tras día los cables de Fibra Lumínica que están instalando en los nuevos departamentos. Algunos Vlogers dicen que hay gente que ha podido ver por una décima de segundo el exterior. Mira, pensándolo bien, quizá sea un buen trabajo. Pero antes de eso, me queda mucha mierda que tragar, sector de limpieza, sector de basura, sector de excrementos. La que me espera. Necesito algo, algo que contar.

He seguido caminando hasta llegar a una bifurcación, justo en la pared había dos flechas negras. A la izquierda estaba el economato y la sala social, a la derecha la lavandería y los servicios. He girado hacia la izquierda, caminando por el pasillo y dejando al lado la puerta de los apartamentos de algunos Vlogers que allí vivimos.

La puerta de Cartix estaba encajada, y he decidido acercar un poco la oreja para ver de qué estaba hablando hoy. Lentamente me he colocado junto a la puerta y he pegado el oído en la ranura abierta.

—Por lo visto SuseeLee, — contaba Cartix — la chica del economato, después de la cancelación de su canal en Vlog Life por exaltación a la violencia, y después de haber tenido que pagar una multa de, atentos, 8.000 créditos, ha decidido abrir un nuevo canal con recetas fáciles de cocina. Esta chica nunca aprenderá.

Me he retirado de allí, Cartix siempre hacía lo mismo. Rumores. Vivía de eso, y la verdad, no le iba nada mal. También es verdad que la mayoría de ellos se los inventaba, como lo que dijo de mí, que aprovechaba las jornadas de procreación para robar ideas a las mujeres. Maldito y sucio embustero.

He seguido caminando hasta llegar al economato, allí, una puerta metálica contenía una pequeña ventana. Me decidí, con más hambre que vergüenza en llamar, comentarle a SuseeLee que tenía mucha hambre, y que hacía tres jornadas que me alimentaba de líquido, que estaba en los huesos y sin fuerzas para trabajar. Que ya no tenía ideas y que me quedaban diecisiete créditos. Que me moría de vergüenza por hacer lo que estaba haciendo pero que no tenía otra elección. Levanté la mano para golpear la pequeña ventana pero una mano conocida, muy a mi pesar, me agarró por la muñeca.

—Trevior, ahora mismo iba a verte.

—Bevacuor, hola. — Dije al insolente de mi coordinador.

—¿Qué ha pasado esta jornada laboral? — Dijo desde abajo, fijando en mí sus inquisitivos ojos grises.

—El Spectre me ha fallado.

—Eso lo sé, Trevior. Llevas tres jornadas laborales sin contar nada. ¿Qué te ocurre? ¿Ya no te quedan más sátiras sobre nuestro gobierno? — Dijo de nuevo, posando su diminuta mano con cierta dificultad en mi hombro derecho.

—Estoy pasando una mala racha, Bevacuor. Pronto pasará.

—Eso espero, Trevior. Te quedan diecisete créditos, nunca has tenido un nivel tan bajo.

—Cierto.

—Deberías buscar una buena historia, Trevior. No quiero perderte de mi equipo de Vlogers. Y, no es por asustarte — dijo poniéndose de puntillas y clavando de nuevo su mirada en mis ojos — El sector de excrementos anda algo escaso de personal. — Soltó una carcajada, por la cual pude ver el amarillento de sus dientes y sentir la tóxica halitosis de su cavidad oral. Y no, no era ninguna patología, ese señor no se aseaba para nada. — Bueno, Trevoir, te dejo. Recuerda, diecisiete créditos. Sector de excrementos. — Y se alejó con una sonrisa, caminando como un sapo cojo hacia delante en aquellos pasillos.

Me quedé mirando la pequeña ventana del economato, pensando en Bevacuor. Había ascendido de la nada, sin apenas tener suscripciones, y ahora era nivel 6. Coordinador de Vlogers. Maldita sea, no se me ocurre la idea de cómo lo había podido hacer. Seguro que esa sabandija guarda parentesco o afinidad con algún mando.

Mi puño golpeó dos veces la ventana del economato, el acero retumbó e hizo eco en los angostos pasillos. Un leve chirrido me informó de que por dentro estaban abriendo la ventana, detrás de ella, apareció SuseLee. Estaba guapa, últimamente. Tenía el pelo algo menos ondulado que de costumbre, recogido con una cola y por detrás de las orejas caían unos largos mechones que le llegaban al cuello. Sus extraños ojos se clavaron en mi rostro cansado, levantó una ceja. Ya sabía lo que le iba a decir. Y no, no era que desearía pasar una jornada de procreción conmigo.

—No puedo prestarte nada, Trevoir.

—Vamos, SuseeLee.

—Lo siento, de verdad.

—Me he enterado que vas a abrir un nuevo Vlog.

—¿Quién te ha dicho eso?

—Ya sabes quien es el que controla aquí los rumores.

—Maldito Cartix.

—Prometo mencionarte en mi Vlog, sabes igual que yo que los comienzos siempre son difíciles.

—Trevoir, en tres jornadas mi canal de Vlog Life tendrá más suscriptores que el tuyo, no me eres de mucha ayuda. — Me dijo, soltándome una sonrisilla.

—Los tendrás en dos, con mi mención. Vamos, SuseLee, por favor.

—De verdad que no puedo, estoy ahorrando todo lo posible para salir pronto de este sector. Lo odio. Además tengo que comprar algunas piezas para mi Spectre, ya que me retiraron todas las mejoras con la amonestación.

Esa era mi oportunidad.

—¿Qué tienes que adquirir?

—¿Te lo cuento todo? — Dijo soltando una carcajada.

—Tengo un disco duro de 100 Petabytes que no uso. — Mentí, pero el hambre pudo conmigo, y tenía la esperanza que iba a encontrar algo que contar en la jornada laboral siguiente.

—¿De veras? ¿100 Petabytes? — Noté como si estuviese a la espera de que me extirpasen un brazo.

—Sí, te lo puedo dejar por muy pocos créditos.

—¿Cuánto de poco?

—¿1000?

—500.

—Vamos SuseLee, por favor. 800 créditos.

—600 y una ración de comida.

Maldita pobreza.

—Hecho. Voy a por él. Prepara la transferencia.

—Corre.

—¿Me podrías dar algo de comer antes?

—Toma. — Y me lanzó un mendrugo de pan. Y me sentí sucio, una vez más ese día.

Caminé rápido hacia mi apartamento, estaba feliz, pero sabiendo que iba a perder 100 petabytes de mi Spectre, aunque últimamente no los utilizaba, sé que algún día los echaría de menos. Con esos 600 créditos podría mantenerme activo un tiempo más en el VlogLife, también podría comprar unas piezas para el Spectre, el mío tiene 3650 jornadas y nunca lo he actualizado. Es de segunda mano, está maltrecho y anticuado. Quizá su antiguo dueño lo vendió al sector de economía porque ascendió, o quizá lo tuvo que vender para poder comer. Qué desgracia.

Llegué a la puerta de mi apartamento y la abrí rápidamente. Entré devorando el trozo de pan, hambriento y sediento corrí a poner de nuevo mi boca debajo del grifo de agua. Me acerqué a la mesa de metal donde reposaba el Spectre y desconecté el disco duro del ordenador. Pulsé el botón de reseteo, no quería que SusanLee viese los Vlogs que tengo guardados sobre la práctica de la procreación ociosa. Salí de nuevo de mi apartamento y pulsé el botón del VRM.

—Buscar memorias RAM usadas. — Un listado de ofertas apareció delante de mí. Repasé todas las que aparecieron filtrando por zona de apartamentos. Revisé todas las características y me decanté por una — Contactar con Clutterex.

—Contactando con Clutterex.

—Clutterex. — Escuché dentro de mi cabeza.

—Clutterex, soy Trevoir. Quiero esa memoria RAM que vendes. Estará en buenas condiciones, ¿verdad?

—Como nueva, Trevoir.

—¿Me la dejas por 120 créditos?

—Ni pensarlo. El precio no es negociable. 200 créditos.

—Está bien. Te hago el ingreso en un momento.

—En cuanto tenga los créditos te lo envío por T—Express.

—Hecho.

Estaba contento, había comido, tenía créditos suficientes, una nueva memoria RAM. Ahora lo único que me faltaba era una historia. Algo que contar. No me atrevía a volver a las sátiras políticas de nuestro gobierno. Nunca más.

Llegué a la puerta del economato y golpeé rápidamente la ventana de esta. SuseLee la abrió.

—¡Vaya! Qué rapidez.

—Aquí tienes el disco duro.

—¿Ya has borrado las jornadas de procreación ociosas?

—Yo… yo … yo no soy de esos… Venga, va, haz el ingreso. — Dije tartamudeando. SuseLee tecleó unas teclas en la pantalla táctil de su VRM y el mío pitó. — Gracias — dije yo, dándome la vuelta dispuesto a marchar.

—Oye, Trevoir. ¿Se te ha pasado ya el hambre? — Comentó SuseLee moviendo una bolsa de plástico que me tenía preparada, con una ración de comida, como habíamos acordado.

Acerqué el brazo para cogerla, la vergüenza me inundaba el rostro, no quise ni mirarla siquiera, en cambio ella, me agarró por el brazo, acercó su boca a mi oído y me susurró suavemente.

—Yo sí soy de esas. — Y me dejó marchar. Se sentó de nuevo en la silla, ocultando su belleza debajo del mostrador, escondiendo sus ojos verdes detrás de una plancha de madera lacada. No pudo ver la cara de imbécil que se me quedó. Tampoco la erección que esas palabras me habían causado. Salí de allí, aún más rápido que antes, comiendo parte de la comida que SuseLee me había dado y tecleando en mi VRM la transferencia para Clutterex. Llegué a mi apartamento de nuevo, abrí la puerta en el mismo instante que por la tubería de T—Express me llegaba un paquete. Cerré la puerta y me dirigí a abrirlo. Siempre tan detallista este chico. Había impreso una nota y la había pegado al paquete. Gracias por confiar en Clutterex. Su fama como magnifico comerciante le había servido para meterse en el mundo de los Vlogs y tenía un canal con más de tres millones de suscriptores. Ganaba créditos a mansalva. Era uno de mis Vlogers favoritos. Abrí el paquete y allí estaba ella, perfecta, impecable. Ahora solo me hacía falta una historia y empezar a ganar créditos. Muchísimos créditos. Busqué algo para abrir el Spectre. Algún objeto afilado para poder abrir la carcasa lateral. No quería ni imaginar lo que allí dentro habría. Como mínimo, 3650 jornadas de polvo y suciedad, de bichos y bacterias. Seguía buscando por los cajones de mi apartamento. Pensé en utilizar los cuchillos de plástico que nos entregaban cada semana, pero sé que se partirían al instante. Intenté utilizar la tarjeta de entrada, forzando la pequeña obertura que había entre el Spectre y la chapa de metal. Hice palanca un poco más fuerte, hasta que los dedos me cupieron allí. Los mantuve así un momento, pero el roce de la carcasa del Spectre me estaba haciendo mucho daño en los dedos. La forcé un poco más, hasta que un crujido me hizo pensar en lo peor. Había roto la carcasa del Spectre y una nube de polvo y suciedad embargaba el pequeño apartamento. Tosí. Tosí con fuerza para expulsar los ácaros que se adentraban en mis orificios nasales y en mi garganta, pero seguía igual. Sabía que tenía la carcasa del Spectre en mi mano izquierda, la tarjeta de entrada había caído al suelo, y mi brazo derecho apoyado en el Spectre. Sabía todo eso, pero no veía nada. La enorme nube de polvo seguía sin desaparecer. Solté la carcasa encima de la cama y moví los brazos cómicamente intentando alejar todo ese polvo de mi vista. Al final lo conseguí, cogí la memoria RAM dispuesto a colocarla y puse la parte abierta mirando hacia mí. Mis ojos se abrieron como platos en el mismo instante en que lo ví. Entre el polvo y las telarañas un extraño objeto yacía allí dentro. Una especie de cuaderno. Lo saqué con cuidado, y lo limpié. Lo miré con estupor. No sabía realmente lo que era, pero no era algo de este tiempo. Hacía mucho tiempo que no veía nada parecido. Recuerdo los objetos que nos entregaban en el sector de educación para que aprendiésemos a reconocer los símbolos, era algo parecido, pero mucho más arcaico. Cuidadosamente lo abrí, por la primera página y realmente, no pude creer lo que estaba viendo. Empecé a leer lo que allí se describía. Y me pasé toda la tarde leyendo, fascinado por las cosas que esa persona contaba en ese cuaderno, la historia de ese mundo idílico del cual venimos todos. La historia de un hombre que creía recordar cuando la vida era mejor a la que nos ha tocando vivir. Durante todo el día estuve emocionado, tenía mi historia, ya lo tenía todo, ahora la cuestión era: ¿Debo subir esta historia a VlogLife y arriesgarme a que el departamento de censura venga y me pegue un tiro en la nuca, o me paso las jornadas mendigando mendrugos de pan?

CAPÍTULO 2:

He estado pensando mucho durante la jornada de descanso. No me he tomado el Letixan y me he pasado el tiempo pensando si el cuaderno estaba bien escondido. Anoche leí algo del cuaderno, pero el miedo y el temor de que se me descubriese con él me hizo esconderlo rápidamente. Después fui también al economato a por algo de comida y al llegar a mi apartamento no quedaba casi nada. Apenas me queda algo de pan, un par de zanahorias y dos dosis de té. Lo mejor, que creo que tengo una historia que contar, lo peor, que no sé por dónde empezar.

El primer pitido agudo a sonado y me he levantado de la cama. He sacado el cuaderno de debajo del colchón y he ido a lavarme la cara. He puesto una dosis de té a calentar y le he pegado un bocado al pequeño trozo de pan que me quedaba en la despensa. Me he dirigido al Spectre y le he ordenado que se encendiese. Hoy ha arrancado más rápido que de costumbre, la memoria RAM que le instalé ayer ha aumentado su rendimiento, y ahora creo que podré empezar a ganar créditos. Puede que incluso pueda comprarme en breve un Spectre x66. Pero antes de eso, necesito saber cómo voy a contar la historia. Como voy a hacer para subir eso a Vlog Life sin que el sector de censura interrumpa en mi apartamento. Son muchas las historias que se cuentan de cómo el sector de censura entra en tu habitación, destroza tu Spectre y te quita la vida. Así, sin más, sin ni siquiera haber publicado nada en tu Vlog Life, porque como todos sabéis, todos los artículos pasan por un severo filtro de censura, ubicado en ese sector.

Ha sonado el segundo pitido agudo, y he saludado a mis, hoy, ciento ochenta suscriptores:

—¡Muy buenas! ¿Qué tal estáis?

El Spectre iba de maravilla, ni se había ralentizado, ni colapsado ni por un momento, Clutterex siempre tenía lo mejor. Me he quedado un instante el siguiente paso, sin saber qué hacer, y la dama de la improvisación se ha apoderado de mi cuerpo.

—Los que me seguís desde hace mucho — Empecé a contar — Saben que hace algún tiempo que no tengo mucho que contar. — El corazón empezó a latirme, lo notaba hiperactivo, a punto de salírseme de mi pecho. — El motivo de esta larga sequía, es que he estado preparando una historia, una ficción, algo que os va a gustar bastante. Es un diario, una especie de escrito que el protagonista de “mi ficción” — dije resaltando las últimas palabras y pensando en el departamento de censura — habla sobre otra especie de vida, una vida distinta a la que tenemos. Estos posts que voy a ir subiendo van a ser textuales, nada de vídeos, os va a tocar escuchar el VR durante mucho tiempo, ya veréis. — Reí a la cámara, más nerviosismo que felicidad — Espero que os guste. Un saludo.

He susurrado al Spectre que cerrase el VlogLife. El sonido de mi VRM me ha sacado de mi ensimismamiento.

—Departamento de censura. Soy Roture— He oído en mi cerebro.

Mierda. He pensado en secreto. Mierda. Al garete mi nueva historia.

—Trevoir. Dígame Roture.

—¿Qué es esa historia que dices que vas a contar?

—Es una historia que me he inventado. Llevo un tiempo preparándola.

—Trevoir, estoy a un comando de cerrarte el VlogLife.

—¿Pero por qué?

—No nos gustan ese tipo de historias.

—De verdad, os prometo que no es nada ilegal, quiero seguir siendo Vloger, os prometo que solo es una ficción.

—¿De verdad?

Esa pregunta retumbó en mi cerebro, repitiéndose una y otra vez antes de que yo lograse contestar.

—De verdad señor Roture.

—¿No te meterás en problemas?

—Es una historia ficticia, me la he inventado, Señor. De verdad. Denme una oportunidad.

—Creo recordar que este mismo departamento ya le dio una oportunidad cuando se dedicó a mofarse de Devyco.

—Eran bromas, señor. De verdad, no me voy a meter en problemas.

—De acuerdo, Trevior. Aunque aumentaremos el filtro de censura.

—De acuerdo. — La voz de mi cerebro desapareció. Primera batalla vencida. O se podía decir que había huido de ella. El caso era que podía subir mi primer post sobre esa historia, tenía el beneplácito del sector de censura, ahora el miedo estaba desapareciendo de mi cuerpo.

Me he ido a tumbarme en la cama y me he puesto a leer el cuaderno, por primera vez cogí esa libreta con fuerzas, con ganas de superarme y de hacerme rico y popular. El sonido del contador de seguidores ha sonado y yo me he vuelto a levantar al instante. El departamento de censura había aprobado mi post y en un momento había conseguido doce seguidores más. Estaba extasiado. Me he tumbado en la cama, muy feliz, pensando en que dentro de poco tendría un Spectre x66, o quizá, mucho mejor, pida un ascenso como coordinador. Me veía revisando post en el departamento de censura, o, ¿por qué no? De jefe del sector de censura. Eso sí. Ese sería mi trabajo ideal. Cancelaría todos los post de Cartix. Le obligaría a subir relatos sobre cocina. Eso sí me divertiría.

He cogido el cuaderno con las dos manos, y he visto allí mi salvación. No sabía, ni mucho menos, como iba a meterle mano a esa historia, debía leérmela y empaparme de todas las palabras que esa persona había escrito. Me he dado cuenta, que faltan algunas páginas al final del mismo. Se nota como si hubiesen arrancado esas páginas, quizá temiendo que el sector de censura lo encontrase.

He dejado la cama para sentarme al lado del Spectre. He activado el VR y he empezado a hablar, a preparar un borrador del post, para después retocarlo antes de subirlo.

—Abre procesador de VR.

El Spectre ha abierto una página en blanco. Yo he empezado a leer el cuaderno, a leer en voz alta para que el VR lo pasase al Spectere. Lo que viene a continuación es la transcripción de lo que en ese cuaderno había escrito.

Creo que se han dado cuenta que la X7F no me ha hecho efecto. No sé realmente cómo cojones he podido pasar las dos últimas revisiones, lo que sí sé, es que no voy a pasar el test de la verdad. Por eso mismo he decidido escribir este diario.

Justo después de ese texto, he añadido una vídeonota . La mayoría de cosas que se explican en ese cuaderno son incomprensibles, pero el autor de esa historia lo explica un poco más adelante en el relato. Yo me veo en la obligación de explicarle a los suscriptores qué es lo que allí explica, con las mismas palabras que el autor, para que la historia sea comprensible.

—Un diario. Es una palabra algo extraña, ¿verdad? Antes de explicaros qué es un diario, os tengo que explicar algo: En este mundo imaginario existe una especie de papel en el que se cuentan los días que faltan para algo, y también se podían ver los días que habían pasado desde algún acontecimiento. Algo realmente extraño. Ese objeto se llama calendario. Es una especie de cuenta sistematizada del transcurso del tiempo, utilizada para la organización cronológica de actividades. Pero ¿cuándo empezaba ese calendario? Es decir, ¿tenía un comienzo y un final? ¿Era eterno? El calendario no tiene un comienzo, pero se guiaba a partir de la fundación de un antiguo régimen militar, llamado Roma. Antes de la llegada de DevyCo, el tiempo también se medía en años. Un año. Es una palabra tan ordinaria. Año. Ese año acumulaba un total de 365 días. Días. Palabra extraña también. Un día sería lo que equivaldría ser ahora mismo una jornada social completa. Es decir, como ya sabéis, nuestra jornada social completa empieza con un pitido agudo y acaba con un pitido grave. En este mundo imaginario, del pitido agudo de nuestro tiempo, hasta el pitido grave, pasan unas 24 horas. Otra palabra diminuta para describir ese intervalo de tiempo. Esas 24 constituían un día, y 365 días constituían un año. Un caos. Una locura temporal. Un sinsentido. En ese mundo imaginario la gente vive pensando en lo que puede venir, y en lo que ha pasado anteriormente. No se centran en el momento presente, en el ahora, si no que se preocupan por cosas que según su calendario tienen que venir, y se culpan por cosas que dejan atrás. A lo que vamos, un diario es un cuaderno que se escribe todos los días, para que nosotros lo entendamos, todas las jornadas. Sé, que explicándolo de esta manera, resulta dificultoso entenderlo. Para que lo entendáis, en ese mundo imaginario los humanos se guían por lo que puede pasar y por lo que ha pasado. Sus jornadas sociales son días, y a la jornada anterior, la llaman ayer y a la jornada siguiente, mañana.

Me encanta. Esta historia me encanta. Me va a hacer rico, y famoso. Muy famoso.

He finalizado la vídeonota y he seguido con el procesador de VR.

Ya está, se ha acabado. Estoy acabado. Las leyendas que se cuentan, esos rumores de cómo asesinan a los jóvenes a los que la píldora no les hace efecto, esos miedos que circulan por la red, se van a hacer realidad. Van a venir por mí. Al menos he sido más inteligente que todos los demás, esos a los que se les escapaban pequeñas anécdotas demasiadas reales. No había manera de librarse del sector de censura.

¿Sector de censura? Pensé. Este tío estaba muy loco. La historia que estaba contando contenía trazas de realidad, y el mero hecho de escribir sector de censura le habría costado la vida.

En cuanto vocalizabas algo delante del procesador Voice Robot se suspendía la conexión a la red, se desconectaban todos los aparatos eléctricos de tu casa y la puerta de la misma caía hecha trizas contra el suelo, dejando entrar al equipo de censura, destruyendo tu apartamento y aniquilándote al instante. O eso es lo que decían.

Es muy fuerte lo que esta persona escribía en este diario. El sector de censura no permitiría nunca esa historia. Menos mal que solo era un borrador, y que había configurado VR para que no lo subiese sin una clave alfanumérica tecleada en la pantalla del Spectre.

Nadie podía hacer algo al respecto, desde siempre había sido así, o eso era lo que creía el 99’99 % de la población mundial. El resto, o morían por utilizar el VR de forma incorrecta, o eran algo más listos y callaban, y escribían, con algún lápiz un diario como el mío, para que la gente sepa que el mundo en el que viven no siempre ha sido así.

Voy a contar, decidido a que la gente abra los ojos y sepa toda la verdad, todos los recuerdos que tengo de mi niñez.

Recuerdo que yo tenía unos dos años (antes os he explicado qué es un año), por aquel entonces yo estaba en párvulos. Una época maravillosa, éramos unos niños pequeños y en esos centros nos enseñaban los colores, (no el gris, ni el blanco ni el negro, sino todos los colores) Claro, os preguntáis si hay más colores, y sí, los hay. Que porque nuestra ropa sea gris, nuestro apartamento oscuro y los pasillos blancos, no quiere decir que no haya más colores. Ahí fuera, lejos de los pasillos que unen nuestros apartamentos, hay una gama de colores, preciosa, pura belleza. Colores que inundan la vista de ilusión y esperanza. El azul del cielo; el rojo del fuego y el verde de las flores; el marrón de la arena de la playa fundiéndose también con el azul del mar. Pensándolo bien, es difícil explicaros todo esto. Demasiado. Porque, ¿cómo le describes a alguien un color si esa persona no ha visto ese color en la vida? Por ejemplo, os puedo decir que el azul es el color que predomina cuando miramos al cielo, pero vosotros, o no habéis visto el cielo nunca, o el X7F os hizo efecto y no lo recordáis. Es muy difícil explicaros esto, así que intentaré hacerlo de la mejor forma posible.

Básicamente nosotros conocemos tres colores, el negro es el color de nuestros departamentos, el color del pelo de las personas que conocemos, el color de nuestros Spectre, el color de la tipografía que utilizamos. Después está el blanco, el color de los pasillos, el color de la luz que irradian los leds, el color de fondo de los Spectre y demás cosas. Después, está el gris, que es una mezcla del color negro y del color blanco. El gris lo encontramos en nuestra ropa de trabajo, en nuestra piel, en nuestros zapatos. El gris es el color de la puertas de nuestros apartamentos también. Como sabéis, cuando entramos en nuestros Spectre, la gama de colores disminuye, ya que, por mínimo que sea, en nuestra jornada social vemos más tonos de grises que la escala de blanco y negro que se utiliza en el Spectre. Pues bien, hay muchas más mezclas, que se hacen con otros tipos de colores. El negro es un color triste, apagado. El blanco es un color vivo, lleno de luz. Pues existe también el rojo, el cual notamos escasamente cuando alguno de nuestros compañeros está enfermo, la nariz se enrojece, y aunque la medicación que nos suministran en el agua, (sí, ahí llegaremos más adelante) hace que nuestra piel sea pálida, blanquecina, se notan algunos trazos de piel de color roja. El verde, que es el color de las plantas, los árboles y la selva. El azul, que es el color que a veces se distingue en el agua que bebemos. El amarillo, que es el color predominante, cuando miramos al Sol. El astro rey. Unas palabras que no entenderéis aún, pero que os prometo explicar. Todos los colores están cargados de vida, de ilusión y esperanza. Ojalá algún día podáis llegar a verlos y comprendáis mis palabras.

La historia de esa persona era magnífica. No había oído ni leído ninguna historia parecida ni de lejos. Esto me levantaría por encima de los Vlogers más famosos y poderosos de la red. Estaba ilusionado, y emocionado. Y no podía hacer más que leer y leer.

Bien, sigamos. En parvulario nos enseñaban los colores, los números, canciones (las canciones son oratorias con estilo y ritmo. No sé si quien llegue a leer esto conocerá o habrá oído hablar de Trintoper, pero si buscáis en la red, o si no han borrado ya sus publicaciones, veréis como esa persona, cantaba muy bien.) Las canciones que nos enseñaban tenían más alegría, más coloridas, si me permiten la broma. Ojo, las canciones no tenían colores, eso es una metáfora. Olvidad lo de la metáfora, quédense con que las canciones eran muy divertidas.

El colegio, como iba contando, era una especie de sala como la sala de trayectoria. En la sala de trayectoria te hacen las pruebas pertinentes para saber que se te dará bien y para que empieces a trabajar en lo que más puedas sobresalir. Pero en la escuela no te forzaban como aquí, allí te enseñaban a leer y escribir (me encantaba leer y escribir, ahora con el VR prácticamente lo perdimos) Así pasaban los años, aprendiendo cada día más acerca de diversas cosas: Geografía, matemáticas, lengua, religión. Quiero hacer un apunte, en algo que sé por seguro que os resultará curioso. La Religión.

Os he contado que antiguamente se guiaban por un calendario y ellos “vivían” en un año (ya os comenté lo que era un año, leed más arriba si no lo recordáis) y que ese año se iba acumulando. Es decir, cuando DevyCo empezó a gobernar, el año era el 2120. Habían pasado 2120 años, con sus 365 días por cada uno de ellos, con sus 24 horas por día. No os quiero abrumar mucho. La curiosa cuestión era la siguiente: el calendario empezó con la fundación de un régimen militar, Roma, pero, muchos años después, (creo que cientos) cambiaron el inicio de ese calendario por el nacimiento de, ahí va lo curioso, una persona. Una persona llamada Jesús. Sí, Jesús. Esa persona se llamaba Jesús. Ahora mismo nadie podría llamarse así, nadie puede ponerse de nombre Jesús, ni Dios, ni Jordan, ni Obama. Pensadlo, todo lo perteneciente al pasado está excluido de nuestra vida. Todo está metódicamente organizado para que nada nos recuerde al pasado. Bien, seguimos, lo bueno de todo esto, y aquí viene lo difícil, es que ese señor, Jesús, era como una especie de ídolo. Como el señor DevyCo, ¿el que sale en los carteles de la calle? ¿Ese señor que no puedes dejar de verlo en cada esquina, vigilándote? Pues más o menos así, pero a él lo querían, abiertamente.

Pero todo no acaba ahí, por lo visto, ese señor fue tan importante porque creó una especie de grupo. Mucha gente le quería y admiraba porque hacía mucho bien por la sociedad. Era como una especie de salvador. No todos los habitantes en 2120 creían en Jesús, que por supuesto, ya había fallecido hacía tiempo, si no que en distintas sociedades repartidas por todo el mundo habían diferentes personajes similares a Jesús. Las historias que cuentan sobre esas personas son, como mínimo, desconcertantes. Jesús, por poneros un ejemplo de su vida, resucitó, había otro en lo que es ahora Zona General 5 que movía las montañas para no tener que moverse hasta allí y que en lo que sería ahora la Zona General 3 había un calvo que iba vestido siempre de naranja. A todo esto le llamaban religión, y era una especie de sociedad, en las que los habitantes del mundo tenían que elegir una u otra, y si no la elegías, no eras muy bien aceptado por la sociedad.

Esto se estaba poniendo interesante. Según el autor de esta historia, de la que ya empezaba a dudar si era ficticia o verdadera, DevyCo había suprimido todo el tiempo anterior al momento presente. Me estaba dando cuenta, que realmente, solo puedo recordar lo que pasó hace como mucho, tres jornadas laborales. No más. El simple hecho que eso me pasase a mí, y a todos mis compañeros, me hizo recapacitar y empezar a creer en la veracidad de esa historia. Seguí leyendo, apartando de mí esos pensamientos.

Seguimos. Cuando acababa el colegio, iba por el parque con mis padres hasta mi casa. Padres. A ver, os explicaré que son los padres. Cuando os toca la jornada de fecundación y os juntáis con una mujer practicáis el coito. Después de esos minutos, los cuales no disfrutáis porque os han inculcado eso, pero créanme, es sumamente placentero y que yo lo disfrutaba, literalmente, como nadie en este mundo. Después del coito, la mujer queda embarazada (os podría explicar el proceso por el cual una mujer se queda embarazada pero ni lo haría bien ni lo entenderíais. Después de nueve meses esa mujer da a luz (ojo, no se enciende como un led) , que es como se llamaba antiguamente al acto de haber un nuevo ciudadano. Ese nuevo ciudadano no es criado por personas que le inculcan diferentes aspectos justos y aficiones en la vida, para la que muy pronto puedan empezar a trabajar, sino que esos niños son criados por los padres, por el hombre y la mujer que tuvieron el coito. Esas dos personas se amaban (casi siempre) y esas tres personas, ese grupo, formaba una familia. Una anotación: Amar, algo que no sabéis hacer, es querer algo muchísimo, pero no querer una nueva versión de tu Spectre, ni tener muchos seguidores. Amar es querer a alguien, a otra persona, por muy raro que os parezca. Pues bien, caminábamos por el parque, que iba hasta mi casa. Era como, no sé, como los pasillos que van de apartamento a apartamento, pero lleno de flores, plantas (unos seres vivos que, no recuerdo mucho, pero que creo que crecían en las calles. No hablaban ni nada, ni se movían, pero pagaría miles de créditos por verlos de nuevo, aunque sea por un instante, fíjense lo hermosas que llegan a ser) pues ese pasillo, lleno de luz y alegría, colores y otros niños como yo y otros padres como los míos, llegaba hasta mi casa. Pero era una casa enorme, no como ese diminuto y angosto departamento donde pasamos las jornadas. Mi casa estaba llena de luz, preciosa, tenía una chimenea, que era un objeto en el que había fuego (de color rojo) y calentaba toda la cas. Había distintos tipos de casas, pero la mía era la más bonita de todas. Tengo un leve recuerdo, hace muchos años. Aún DevyCo no existía, o no aparecía por todos lados. Estaban construyendo unos enormes edificios, altísimos edificios cerrados. Sin ventanas (que eran una especie de agujero en las paredes que hacían entrar la luz del sol por ellos) Claro, tampoco sabéis que es el Sol. Vale, a ver, lo intentaré. El Sol es una especie de bola de fuego(fuego como el que dio de baja a tantos ciudadanos en la Z4 hace un tiempo) que está muy lejos de aquí, y que nos ilumina siempre. Menos por las noches, que… Que nada. El Sol nos ilumina siempre. A lo que vamos, el edificio no tenía ventanas y yo le pregunté a mi padre porque un edificio tan grande, tan triste, no tenía ventanas. Él me comentó que estaban construyendo unas especies de oficinas ¿y sabéis qué? Estoy seguro que ese edificio, o uno igual, es en el que estáis ahora mismo.

Cuando los niños como yo estaban en párvulos, los padres trabajaban. Hacían lo mismo que vosotros, trabajaban para ganar dinero (créditos) y ese dinero serviría para comprar comida y otras cosas. Mi padre era pintor, un artista, una de esas personas que impresionan a los demás. Si tiráis de antiguos Vlogers y buscáis Trivesky, veréis que él era otro artista (supongo que ya habrá sido dado de baja) pero mi padre era mucho mejor. Seguro que el Vlog sería una pifia al lado del de mi padre. Él, en cambio, no ganaba tanto dinero como lo ganó Trivesky, pero era muy feliz. Iba a exposiciones, donde otras personas observaban su arte (se metían en su Vlog, para que lo entendáis) El arte era algo muy bonito.

Mi madre, en cambio, si que ganaba mucho dinero. Según me contaba, había trabajado durante mucho tiempo en muchisimos tipos de trabajo. Fue ayudante de enfermería, que son unas personas que te cuidaban cuando estabas enfermo. Antes, no era como ahora, que enfermamos y te mandan un mensaje de despedida a tu vlog por si no puedes volver a conectarte. Antes, la gente te quería y si estabas débil y enfermabas no te echaban a la muerte, sino que luchaban por ti y te intentaban sanar. Después de esto, rtecuerdo que me dijo que fue panadera, ¡hacía el pan! Pero un buen pan, no el pan soso e incoloro que comemos habitualmente, sino un pan tierno por dentro, crujiente por fuera, caliente y sabroso. Después trabajó en un super mercado (que es como el economato) pero ella era más simpática que los trabajadores de ahora. Después de eso, ahorró muchos créditos y montó una tienda de cosméticos. A ver como os explico esto. Gruteyr (buscad en Internet) es una persona agradable de mirar cuando habla en sus vídeos, pero en cambio Werguin no lo es. Su rostro molesta a la vista y aunque hable siempre de temas interesantes, no suele agradar su aspecto. Es (o era) feo. Pues los cosméticos hacían algo más agradable a esas personas después de untárselas en sus rostros. Después de esa tienda, que le fue muy bien, montó otra. Y después otra. Y otra. Siempre decía que lo hacía para que tuviésemos la casa más bonita de todas.

Bueno, el primer pitido agudo ha sonado. Tengo que empezar a trabajar. Seguiré escribiendo este diario.

PD: Soy de las pocas personas que saben escribir a mano, pero hace tanto que no lo hago que, para que lo entendáis, mi letra ahora mismo es negra y gris, pero antes, estaba llena de color.

Quedé fascinado por lo que estaba leyendo. Esa historia era la mejor que había leído nunca. No podía parar de leerla, pero el pitido grave sonó, y tenía muy poco tiempo para cerrar Spectre. Ordené por el VR guardar el proyecto de mi historia y cerré el aparato. Guardé el cuidadosamente el cuaderno debajo de mi cama y me senté en la esquina. Pensé. Pensé en esa historia. Pensé si realmente, lo que contaba esa persona era cierto, o simplemente era la mejor historia de ficción jamás creada.

CAPÍTULO 3:

Estuve allí sentado, en la esquina de mi cama, justo encima de donde tenía escondido el cuaderno mucho rato. Pensaba, pensaba y pensaba acerca de la historia que esa persona había escrito en esas hojas. Se me pasaba por la cabeza la idea de que todo eso fuese verdad, que todo lo que contaba esa persona hubiese sucedido realmente, muchos años atrás. Pensé en la sociedad en la que vivimos, en esta extraña sociedad en la que todos estamos encerrados en un apartamento, laborando sin parar. ¿Para qué? ¿Por qué estamos todo el día haciendo videos? ¿Quién éramos? ¿Para quién lo hacíamos? Después de leer ese cuaderno mi mentalidad fue cambiando paulatinamente. Ya no me veía como un ciudadano más. Ahora quería saber el por qué, salir de ese mundo gris y comprender qué hay más allá.

Decidí investigar un poco más, entrando en los Vlogs más extraños de la red, pero en ninguno veía nada claro. Nada que pudiese darme algo de luz en aquel asunto. No me gustaría, para nada, que esa historia fuese cierta, aunque la creyese, pero no me gustaría. Si lo fuese, no podría subirla, no tendría historia, y seguiría siendo un don nadie en ese mundo de Vlogers.

Desde la esquina de mi cama miraba al Spectre. A escasa distancia de mí, apagado, oscuro, con la carcasa hecha pedazos, pensaba en como podía saber si eso era cierto o no. Me levanté de golpe, me armé de valor y volví a sacar la tapa del Spectre. Inspeccioné con profundidad dentro de ese aparato, repleto de chips, memorias y cables. Allí, escondido detrás de una ranura adicional para el disco duro había algo escondido. Un montón de papeles doblados, del tamaño de mi puño, se escondían de la sociedad en la que vivíamos. Los saqué con cuidado, y limpié la densa capa de polvo que llevaban encima. Hice hueco en la mesa donde reposaba el Spectre y los dejé allí, entre sorprendido y temeroso, los empecé a abrir. Cual fue mi sorpresa al ver que eran unos documentos repletos de color, colores vivos, como decía el autor de la historia del cuaderno. Imágenes vivas, documentación gráfica. Sacudí el polvo de todas ellas y las ordené milimétricamente encima de la cama. En ellas, había noticias, información acerca de cosas que habían pasado hace mucho tiempo, cosas que ahora sí, y pese a mi desgracia, eran reales. Había una noticia, en la que explicaba como unas especie de vehículos habían colisionado contra unos edificios idénticos en una zona llamada Estados Unidos. Hablaban de un especie de conflicto en un lugar llamado Oriente Medio. Había documentos que explicaban la caída de la conexión a Internet, y de cómo una sociedad secreta se había hecho con el control de la misma. Después, algunos recortes más de esas informaciones mostraban el nombre de una empresa, llamada DevyCo, que era gobernada por los mayores empresarios de la zona, había prometido crear una nueva conexión a Internet para todo el planeta. DevyCo. Nuestro dueño y señor. No sé que tiempo hace de esta información, pero por lo que pude leer, DevyCo entró en la historia como un salvador, como alguien que podía solucionar los problemas que esa sociedad secreta había causado. Seguí leyendo un poco más y encontré otro artículo en el que se explicaba que DevyCo propuso devolver la conexión a todos los ciudadanos, y que por mayoría absoluta (algo que por lo que entendí, significaba que se había propuesto a votación a todos los ciudadanos, y estos habían decidido si sí o si no) la población dio el sí a esa solución. Después de ese recorte, encontré uno más. Este no tenía color, ni nada de vida, pero estaba seguro que no estaba escrito a mano. La tipografía era perfecta, era como si fuese un artículo ilegal, algo que no tiene permiso. En el artículo decía que DevyCo había prometido la vuelta de Internet al mundo pero había escondido la intención de gobernarlo tiránicamente a partir de ese momento. La gente se vio indefensa sin conexión a Internet, los bancos, (lo que serían ahora los Sectores de economía) habían caído, no había créditos para nadie. Había mucha hambre y penuria, la gente vagaba por las calles asaltando y asesinando a los demás. De esta manera llegó DevyCo, prometiendo la vuelta de la normalidad a las calles del mundo entero. La gente no tenía otra solución, no podían hacer nada. Los presidentes de los países firmaron un acuerdo por el que daban todos los derechos de la conexión a Internet a DevyCo, y a partir de ahí, esta empresa se hizo ama del mundo.

Todo era cierto, no había dudas. Todo lo que esa persona contaba en el cuaderno había sucedido, pero o nosotros no lo habíamos vivido, o como cuenta en su historia, no nos acordamos. Era increíble, como una sociedad perfecta, en la que podías ser totalmente libre, se había convertido en una distopía totalitaria en la que no puedes hacer otra cosa más que trabajar. Caí en la cuenta de que yo, venía de alguien. También tuve padres, también tuve familia como el autor de la historia del cuaderno, y quizá ya estuvieran muertos. Entonces me vine abajo. Noté como un nudo en el estómago me apretaba sin cesar y caí en la cama. Caí en la cama y por mis ojos empezaron a salir una especie de líquido salado, que resbalaba por mi cara hasta empapar la almohada. No sé qué me pasaba, pero no estaba bien. Pensaba en mis padres y de nuevo el líquido transparente volvía a salir de mis ojos. Nunca me había pasado nada parecido. Nunca me había sentido tan mal.

Me desperté con el primer pitido agudo. La almohada de la cama seguía empapada, había estado soltando líquido toda la noche, dormido encima de todos los recortes de información que encontré en el Spectre. Me levanté de la cama y los recogí, aún con ese mal sentimiento dentro de mí. Los ordené de nuevo, como venían y los guarde junto al cuaderno, justo debajo de la esquina de mi cama. Cuando levanté el colchón, un pequeño trozo de papel cayó de entre los recortes al suelo. Metí los papeles debajo del colchón y cogí ese pequeño papel. En él se mostraba una sucesión de números escritos con la misma letra que venía en el cuaderno.

1: 3454rgsdgr7xv43fzf23987685f

12 — 4 6 19 12

37 — 2 15 20 29

2 — 12 15 17 19

3 —1 5 8 16 26 38

No sabía muy bien lo que era, me quedé mirándolo durante un buen rato. Le di la vuelta al pequeño papel y vi que en él también había escrita una dirección fantasma de un Vlog.

DvC://223.457.115.3.2198.33/smp=ss.l.vrd

Me fui directo al Spectre y le ordené que se encendiera. Ordené al explorador entrar en la dirección que venía escrita en la nota, deletreando cada número y carácter de la misma, hasta el que Spectre puso la pantalla en negro y abrió una nueva ventana. En ella había escrito un texto, bastante largo, acerca de los protocolos de conducta de la sección de Vlogers. Ordené al Spectre que leyese ese texto, durante un largo tiempo. Frases totalitarias acerca de cómo actuar en la jornada laboral, leyes absurdas acerca de lo que se debe y lo que no se debe hacer, decenas de Queda totalmente prohibido. Decenas de mandatos e impedimentos que me hacían rememorar la historia tan utópica que esa persona escribía en el cuaderno. Pero nada más, no encontré nada interesante. Le volví a ordenar al Spectre que lo volviese a leer, mientras miraba de nuevo la nota que había encontrado la última vez. El Spectre empezó a hablar, su voz robótica resonaba en toda la habitación, mientras que oía parafernalia obligatoria para la buena conducta de los ciudadanos. Aquella era una dirección fantasma, oscura y vacía. Visualicé la pequeña nota, con aquellos extraños números secuenciados y pedí de nuevo al Spectre que me leyese el texto. No había concordancia, no encontraba ningún tipo de relación entre esos dígitos. Y ahí estaba yo, era yo y mis dudas, mis dudas y esos números. Esos números y el protocolo. Decidí entonces pensar, dejar que el Spectre hiciese todo por mí y utilizar mi cerebro, ese tan olvidado músculo del cual no sacaba nada productivo desde hacía mucho tiempo. Leí, leí el texto, entero. Hacía muchísimo tiempo que no leía. Mis ojos empezaron a humedecerse y a escocerme, y comprendí que si esos mensajes eran tan antiguos quizá no existía el VR cuando se escribieron.

Bastaron tres veces para comprenderlo. Tres veces leí ese largo e infumable texto antes de saber que cada número de cada línea de dígitos comprendía una palabra, y cada primer número, el número de la frase.

Sin más, después de haberme empapado de todo el protocolo de los Vloguers, de todas las penas y amonestaciones económicas, me desabroché la camisa, metí una pierna del pantalón por debajo del calcetín, me desanudé los zapatos y salí al patio social despeinado.

Las miradas no cesaban y solo eran interrumpidas por el ruidoso latido neurótico que me salía del pecho. Paseaba por el patio central, bajo un manto de estrellas y un viento gélido que mecía mis cabellos revueltos mientras que todos mis compañeros me miraban desconcertados. No podía creer lo que estaba haciendo, nadie en su sano juicio osaría a hacerlo. Iba en contra del protocolo, ese documento sagrado, intocable y tiránico que nos obligaba a hacer lo que DevyCo quisiera. Nadie excepto yo, quedespués de obtener el mensaje oculto, decidí obtener más. Quería saber más, quería mi historia, mis créditos y mi fama.

Pasé por delante de un grupo de Vloguers, los conocía, poco pero sabía quienes eran. Tenían Vlogs de cocina económica, creo, mantenimiento de Spectres y ejercicio físico. Eran unos muertos de hambre, unos Vlogers sin apenas subscriptores que solo hacían mencionarse en sus Vlogs para darse subscriptores. Patéticos. Se me quedaron mirando, y yo, aunque despeinado y rompiendo todos los protocolos, los veía venir y los miraba por encima del hombro:

—Nos gusta tu manera de vestir. — dijo uno de ellos.

El sonido de dentro de mi pecho empezó a sonar mucho más fuerte. Notaba unos golpes secos dentro de mí, un sudor frío caía por mis manos y mi respiración se entrecortaba.

—Es hora de volver. Empecemos rompiendo las reglas. — Dije.

Y me fui. Me fui pensando en lo que había sucedido, pensando si realmente aquello había sido lo correcto. Me fui absorto en mis pensamientos, hasta que una gran mano, fuerte y pesada, cayó en mi hombro como una pala de acero.

—Trevior, vas a pasar el resto de tus vida encerrado.

Y me agarraron entre tres, o cuatro, las manos golpeándome por todo el cuerpo me hicieron dudar de uantas personas me llevaban preso. El camino se hizo eterno, y oscuro, solo atisbaba pequeñas luces a través de la capucha que me habían colocado. Después me dejaron caer, como el que deja caer un enorme saco de harina, un arrepentido y culpable saco de harina. Los golpes me habían dado una lección. ¿Qué necesidad tenía yo? ¿Qué problemas son los que me habían llevado a buscarme una ruina en esa vida tan cómoda que tenía? Con el portazo metálico sabía que aquello había acabado, me habían cazado y tal era mi culpa que en nungún momento decidí gritarles que me soltaran, y lo poco que dije no eran más que susurros que afloraban después de los golpes. No sé que tiempo pasé encerrado en ese cuarto oscuro, lleno de humedades, bichos y polvos, los pitidos no llegaban a mis oídos y perdí la noción del tiempo. No sabía si habían pasado dos jornadas sociales, doce o veinte, y la única forma que tenía de contemplar el tiempo era a través de los cachos de pan y los vasos de agua sucia que me pasaban por un agujero de la pared. Pasó mucho tiempo, eso lo sé. Y vinieron muchas veces a verme, a preguntarme qué clase de persona se saltaba así su protocolo. Yo no dije nada, y juro que quise, pero me contuve. No podía destrozar la vida de nadie más, ya había suficiente con haber destrozado la mía. Paliza tras paliza quise contarle a mis verdugos que había alguien detrás de todo esto. Alguien que quería hacer caer su sistema, que quería un nuevo mundo, un nuevo mundo libre. Que tenía un cuaderno, una historia de utopía, que se lo entregaría y les llevaría hasta esos tres Vloguers. Que era lo único que sabía, y que juraba contarle de todo lo que me enterase. Pero no lo hice, quería, pero no pude hacerlo. Las ansias de fama, los créditos y los subscriptores me habían llevado a ese estado, dolorido y apaleado. Molesto y avergonzado. ¿Quién podía querer eso? Yo era feliz haciendo mis vídeos, aunque tuviese que mendigar. ¿Qué más daba? Yo era feliz en mi apartamento, con la única preocupación de conseguir subscriptores. Y ahora no más, nada más. Ahora creía los rumores esos que contaban sobre el desacato. Calabozos oscuros, húmedas cuevas en las que los Vloguers morían por locura. Por no saber en que jornada laboral estamos, por no poder comunicarse con nadie. Me entraron escalofríos, mi estómago se hizo un nudo y vomité. Un líquido espeso, de un color que no conocía. Ahí, entre paliza y paliza, entre puñetazo y patada, tuve una iluminación. Todo era verdad. Había anteriormente un mundo distinto, un lugar mejor en el que vivir, más libre, con más colores, como el de mi regurgitación, aunque no fuese el ejemplo más adecuado. Pero sabía que aquello no era para mí, sabía que nunca iba a salir de aquel angosto calabozo. Hasta que pasó. Hasta que se abrió la puerta y la luz blanca del led del pasillo me perforó las pupilas. Desde abajo, suplicando clemencia, me quedé mirando con mis ojos húmedos a una persona que esperaba fuera:

—Vuelve a tu apartamento inmediatamente. Tendrás noticias.

Era Pentix. Estaba seguro, si las contusiones que me habían causado esos verdugos del Departamento de justicia no me estaban causando alucinaciones, era él. La mano derecha de señor DevyCo. Yo me arrastré por el suelo, dejando un rastro de sudor, sangre y orín tras de mí. El me miraba con aflicción, como el que mira a un moribundo en su lecho de muerte. Se escondía de las miradas respetuosas de los guardias.

Llegué a mi apartamento y caí rendido en la cama. Cuando el primer pitido agudo sonó, los golpes en la puerta de mi apartamento llevaban ya tiempo escuchándose.

—¿Sí? — Dije como pude.

—Abra.

Hice caso, temeroso de una nueva paliza y abrí la puerta. Eran tres, con cara de pocos amigos, mirándome de arriba a abajo. Mis costillas rotas, mis manos hinchadas, mis manchas de sangre Mis costillas rotas, mis manos hinchadas, mis manchas de ese líquido oscuro y saliéndoseme de cada grieta de mi cuerpo vibraban de nuevo al son de mi angustiado pecho.

—Vemos que encontraste un mensaje. — Dijo uno de ellos, el más alto, el de la nariz aguileña y los ojos saltones. — Hacía mucho tiempo que nadie nos encontraba.

—¿Quiénes sois? — Logré pronunciar, arrastrando cada palabra impregnada de miedo y con sabor a acero.

—Somos La Verdad.

—¿A qué os dedicáis? — Pregunté de nuevo.

—Eso supongo que ya lo sabes. — Dijo otro, cerrando la puerta de mi apartamento después de que entrasen todos.

—¿Es cierto todo lo que he leído?

—Depende de lo que hayas leído. ¿Cómo nos has encontrado?

Me acerqué lentamente a la cama, y saqué el cuaderno de debajo del colchón. Se los llevé a los tres hombres, que como centinelas, hacían guardia dentro de mi apartamento.

—Lo encontré dentro de mi Spectre.

Los tres se miraron y afirmaron. El largo, el de la nariz aguileña echó el cuaderno para atrás y el que estaba a su espalda se lo guardó entre los forros de su pantalón.

—Mortix.

—¿Quién es Mortix? — Pregunté con miedo.

—Se encargaba de reclutar a agentes para la revolución hace años.

Años. Ese hombre utilizaba la palabra años. Como el hombre del cuaderno. Como el hombre de mi historia. Como Mortix.

—Yo… Yo no quiero problemas.

—No los tendrás.

—¿Por qué tenía que romper las reglas para entrar a conoceros?

—Porque así empieza todo. Tienes que comprender que nos estamos jugando mucho, que llevamos mucho tiempo preparando esto. Trabajando para tirar abajo este régimen totalitario y que queremos que los que quieren entrar nos muestren los que pueden llegar a hacer por nosotros.

—¿Os valen los cientos de palizas que me han dado en los calabozos.

—Por supuesto. — Dijo el de la derecha sonriendo. — Nos vale. Creo que ya estás preparado para trabajar con nosotros. Sobra decir que no puedes hablar de esto con nadie, y que tienes que hacer tu trabajo tal y como has estado haciendo los últimos años. No nos falles. Las semanas que has pasado en los calabozos no serán nada comparado con lo que te puede pasar si nos fallas. Tenemos compañeros muy influyentes.

—¿Como Pentix?

—Nos pondremos en contacto contigo. Hasta entonces, léete esto. — Y me tiró desde lejos un pequeño cuaderno, el cual cogí al vuelo mientras mis costillas crujían y ellos se daban media vuelta.

Cerré la puerta rápidamente y caí en la cama de nuevo, con el cuaderno en mi regazo, destrozado por las palizas y pensando en qué me había llevado a mí a luchar contra un sistema el cual no me había hecho nada malo.

CAPÍTULO 4:

Había dormido sin parar, desde que la visita se fue de mi apartamento hasta que el pitido grave del fin de la jornada laboral había sonado. No me había hecho falta ni un gramo de lexatín, los golpes recibidos habían sido lo suficientemente anestésicos como para dejarme KO una jornada entera. Me levanté y fui hacia la nevera, comí casi sin fuerzas un trozo de pan y bebí una considerable cantidad de agua. Agua que poco a poco me quitaba el amargo y fuerte sabor a acero que tenía en mi boca. Me volví a sentar en la cama y desde allí ordené al Spectre que me comunicara los créditos disponibles. SU voz robótica me informó de lo que más temía:

—Tiene cero créditos.

La multa por desacato había sido brutal. Me tendí en la cama y puse la mente en blanco. Abrí el cuaderno y empecé a leer. Planes, historias, planos de los túneles de nuestros apartamentos. Informes de Pentix explicando las rutinas de Devyco.

No sé cuantos días, y digo días porque después de haberme empapado de información en ese cuaderno ya hablaba como ellos, pasé leyendo aquel extenso cuaderno, repleto de notas, fechas históricas, datos, acontecimientos importantes. Hablaban de cosas que se escapaban de mi entendimiento y comprensión. El hombre, supuestamente había llegado a la luna. Pero, ¿qué era la luna? Hablaban de ella con tal familiaridad que me frustraba. Me hacía sentir vacío, doliéndome en mi ignorante alma. Leyendo llegué a saber que DevyCo llegó al poder mediante una votación, es decir, el pueblo, los ciudadanos de aquel mundo eligieron a DevyCo para que los gobernase. La conexión a Internet desapareció por un tiempo, y ellos fueron los que prometieron al mundo traerles de nuevo la conexión. Poco a poco empezaron a apoderarse de todos los servicios, hasta el punto de que todos los ciudadanos se transformaron en esclavos de esa organización. Hasta el punto de vivir como vivimos ahora mismo. No sé en qué punto empezamos a olvidar nuestro pasado, no sé en que puntos las personas que habían vivido en el otro mundo empezaron a olvidar lo que era aquello para centrarse solo en lo que DevyCo poseía.

Una parte de mí pensaba en aquella utopía, pensaba en aquel mundo en el que eras libre de cualquier tipo de cadenas. Quería ese tipo de vida. Otra parte de mí temía, temía el cambio. Temía salir de mi rutina, de mis jornadas laborales, de mis pocos subscriptores, del calor y de la seguridad de mi oscuro y triste apartamento. Pero de pronto la otra parta de mí, la que ansiaba esa libertad, resplandecía sobre el miedo, y envidiaba no estar esclavizada de esa manera, de estar pendiente a cada crédito que te descontaban por trabajar. Una guerra interna paralizaba mis actos y afloraba en mi sentimientos de duda y pavor.

Cientos de veces mostré en el Spectre una lista de pros y contras, y los segundos eran siempre los que me mantenían en el miedo y en mi zona de confort.

¿Qué iba a hacer? Me habían inculcado ser Vloguer desde que nací. No sabía que podía ni quería hacer con mi vida si me quitaban eso. ¿Qué se supone que iba a hacer en ese mundo idílico, lleno de gente, lleno de colores y vida? ¿Pasear por el parque? ¿Ir a una de esas playas tropicales que mostraban las fotografías? No. Eso era imposible. Eso no era para mí. No podía romper con mi rutina, con mi trabajo. Yo iba a ser un gran coordinador de vloguers, y después un gran trabajador en el sector de censura. Pero antes quería mi historia, mis créditos, mis subscriptores. Mi fama. Quería fama, ser alguien importante en este mundo. ¡En mi mundo! No en el mundo en el que otros quieren que vivamos, ese mundo desconocido, lleno de dudas, el cual podría ser mucho peor al que vivimos. ¿Mucho peor? ¡Muchísimo peor! Nada fuera de estos apartamentos puede ser bueno, nada fuera de lo desconocido puede salir bien.

Cerré el maldito cuaderno y lo arrojé lejos de mi cama. Voló por el aire, dejando caer fotos de playas, montañas, paisajes tropicales, partidos de fútbol, fiestas de navidad y cientos de acontecimientos importantes de los Ciales me había empapado en la lectura de ese cuaderno. Todo eso no tenía ningún valor para mí, yo seguía viendo los colores de esas fotografías, pero no eran colores vivo, eran blancos y grises, sin sentimientos, solo un gran temor a lo desconocido. Nada de eso iba a salir bien. La Verdad no iba a conseguir desmantelar todo el mundo construido por DevyCo. No tenían la suficiente fuerza, ni los suficientes hombres y cada vez que pasaba más tiempo, más personas inocentes estaban involucrados. Más personas que no necesitan salir de sus apartamentos se verán ilusionadas por las falsas promesas de La Verdad. Esas promesas de un mundo superior, idílico, y pondrán su vida en ello. Más personas que morirían por una estúpida idea. La idea de un mundo mejor. ¿Quién quiere un mundo mejor? Se estaba muy cómodo aquí, sin las estúpidas ideas de esas personas.

Cada día que pasaba sin recibir noticias de La Verdad estaba más furioso con ellos. No deberían haberme metido en esto. Yo iba a ser un gran coordinador. Me enfurecía que La Verdad utilizase a jóvenes como yo, con una gran carrera por delante, para su estúpida guerra.

Un día, a la espera de las noticias de esos tres, la ira ocupó todo mi cuerpo, no había cabida para nada más, solo era enojo y impotencia. Llegué a pensar que sería lo mejor para todos que desmantelaran esa estúpida organización, que todo cayese por su propio peso y que ningún joven más estuviese involucrado en su inútil guerra. Un simple artículo, un simple post en un VlogLife haría que todo acabase, que todo volviese a la normalidad. Quizá eso era lo mejor. Esa era la mejor forma de acabar con toda esa historia. Yo podría seguir con mis Vlogs, incluso podía escribir al fin la historia. Quizá de esa manera ganaría créditos, subscriptores y fama. Mucha fama.

La ira fue desapareciendo poco a poco, y un sentimiento de euforia invadió mi cuerpo. Iba a escribir esa historia. Iba a hacerme rico y famoso.

Ordené al Spectre que abriera el VlogLife y comencé a narrar. Comencé a narrar la historia tal y como me había pasado, nada de símiles, nada de metáforas cansinas. Tal y como aquel día había encontrado el cuaderno en mi Spectre y todo había cambiado por completo. El texto era largo, pero el Spectre se encargaba de mejorarlo automáticamente, cambiando palabras redundantes para dejarlo limpio y perfecto. Iba a dividir la historia en dos capítulos, el primero, hasta el día de hoy, el segundo seguramente no vería nunca la luz.

Ordené al Spectre que me leyese el texto y me lo valorase. El Spectre calculó en un momento y me pronosticó unos ciento veinte mil subscriptores y unos dos millones de créditos. Yo sonreí, crucé las piernas encima de la mesa donde se posaba el Spectre y me reí. Era una poderosa, una risa que resonaba por todo el apartamento. Una risa de fama y créditos. Ordené al Spectre que publicara el post, mientras la risa desaparecía y se me creaba un nudo en el estómago.

Post publicado.

A la espera de la aceptación por el sector de censura.

La puerta de mi habitación sonó, mientras el nudo de mi estómago crecía a pasos agigantados. Sonó de nuevo, pero no de la forma que pensaba que iba a hacerlo. Sonó amablemente, suave. Con golpes elegantes. Me levanté de la silla y me dirigí a abrir la puerta.

—Trevoir, me dijiste que no te meterías en problemas. — Me dijo Bevacour, que venía acompañados por un ejercito de mercenarios.

—No lo he hecho, Bevacour.

—Entonces, ¿qué es esa ficción que acabas de subir a VlogLife?

— ¿Ficción? ¿Quién ha dicho que es una ficción?

Bevacour levantó los dedos de su mano derecha por encima de su hombro y ordenó a sus súbditos que buscaran por esa habitación. Yo estaba tranquilo, a pesar de que me había tirado el Spectre al suelo, de que mi cama estaba rodando por el apartamento, de que mi silla estaba echa pedazos en el suelo, yo sabía que iba a sacar algo nuevo. Me dirigí al cajón de mi escritorio, con la correspondiente aprobación de Bevacour y saqué el cuaderno con las fotografías, el cual entregué a mi coordinador con un tono apacible y sereno.

—¿De dónde has sacado esto?

—Si te lo digo, no te lo vas a creer.

—Ponme a prueba.

—Antes necesito que me prometas algo.

—Sabes que puedo sacarte toda la información a base de palos.

—Sabes que eso ya se ha intentado conmigo, y no pudo ser.

Bevacour quedó pensativo, mientras cruzaba sus manos encima de su estómago.

—A ver, dime.

CAPÍTULO 5:

Me desperté con lo que yo creían que eran unos ilusorios pájaros, que cantaban en el alféizar del enorme ventanal de mi habitación. No me lo podía creer, estaba ilusionado. Radiando una especie de felicidad la cual no había experimentado desde que era niño. Me levanté de la cama, de mi nueva y confortable cama para dirigirme a mi vestidor, atravesando puertas y pisando una cómoda y caliente moqueta. Allí, elegí de entre mis decenas de trajes el verde, ese nuevo traje verde que me habían regalado el primer día de trabajo. Salí del vestidor para dirigirme a la cocina, abrí la nevera, repleta de alimentos y bebidas y devoré un jugoso mango y vacié un gran vaso de zumo de naranja en una taza. Ordené a mi Spectre X66 que me comunicase la agenda de esa jornada:

Revisar censura de Guterom

Revisar censura de Yappter

Revisar censura de Poguer

Cita con DevyCo

Me encantaba mi nueva vida, mi nuevo trabajo, mi nuevo apartamento. En dos días todo había cambiado tanto que me parecía estar viviendo en un sueño. Me miré en el espejo del baño y estaba radiante, feliz y sano. Parecía que había rejuvenecido, las arrugas de mi cara habían desaparecido y en mis ojos brillaba una especie de ilusión, de vida, que me causaba euforia y motivación. Me dirigí a la puerta con la intención de salir para las oficinas, no antes de pedirle al Spectre lo que le había pedido en los últimos dos días cientos de veces:

Dispone de doce millones quinientos setenta mil créditos.

Y salí, con una sonrisa de oreja a oreja. Mirando por aquellas ventanas el día tan bonito que hacía. Los árboles de otoño meciéndose por el viento, dejando caer sus hojas en los jardines de mi nuevo apartamento mientras mis dos terriers jugueteaban entre ellos. Hoy iba a ser un día grande, hoy el señor DevyCo me iba a dar las gracias por mi inestimable ayuda para proteger nuestro gobierno. Lo había hecho bien. Todo había salido a pedir de boca. Bevacour sabía que no podía hacer nada de eso, que no me iba a sacar ninguna información a base de palizas, a base de golpes e insultos, las amenazas no funcionaban conmigo, pero que podían intentarlo a base de ascensos y un nuevo puesto en el Sector de censura. DevyCo no tenía ni idea de que había una organización con la intención de destrozar nuestro gobierno, ni que su mano derecha quería desbancarlo de su puesto, no por un mundo mejor, sino para apoderarse de todo el mundo como lo estaba haciendo él. Ya no habría más palizas, ya nadie lucharía por un mundo utópico. Ya no habría más jóvenes luchando por la idea de unos cuantos inconformista. Yo no ya tenía ningún problema, ya no era de la plebe. Ya no era un mísero Vloger mendigando trozos de pan.

Comentarios

  1. Imagen de perfil de Mabel

    Mabel

    20 abril, 2016

    ¡Me encanta! Un abrazo y mi voto desde Andalucía. Bienvenido

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