Laberinto

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Perdido en un inexplicable laberinto,

intento andar desentramando la madeja

que en un sinfín de sinrazón mi mente deja.

De turbia tinta en papel es el recinto.

Noto mi cuerpo entre pasillos deambulando,

de arriba abajo, un lado y otro se confunden.

En las lagunas de la métrica se hunden

las esperanzas de escapar de aquí volando.

Voy a la izquierda, a la derecha, avanzo recto,

cojo un desvío, intento ir por un atajo,

pero el camino es tan oscuro como un grajo,

dando a la empresa un terrible y fiero aspecto.

Desesperado me arrodillo y grito al cielo,

rezo pidiendo una luz que me ilumine,

o que un malévolo relámpago fulmine

de una vez mi torpe, pobre y bajo vuelo.

Sigo avanzando a tientas, sin saber a dónde

conducirá este camino que recorro,

sabiendo inútil reclamar cualquier socorro,

siempre buscando aquello que aquí se esconde.

Busco la puerta que me lleve hasta otra vida

en la que las palabras sean mi sustento,

pero por más que una y otra vez lo intento

de estos muros yo no encuentro la salida.

Cual minotauro condenado a vagar

por infinitas galerías que son una,

el alfabeto, el jeroglífico o la runa,

a una vez son muros y puertas que cruzar.

Pero no tengo yo una Ariadna bondadosa

que con su paño deshilache mi destino,

tampoco tengo un Teseo en mi camino

que con su acero deme muerte generosa.

Así es como día a día yo me apaño

vagando entre estos tan ingratos corredores,

sintiendo de la frustración los mil dolores

mientras invoco a un destino muy extraño.

No sé por qué pudo haber sido que he caído

en este horrible laberinto hecho de rimas,

Jamás pedí el ingrato don que a mí se arrima,

jamás pedí ser por las musas elegido.

Y heme aquí una vez más en el intento

de desahogar rimando mi oscura pena.

Que este poema no sea siempre mi condena

sino mi bálsamo que cure el descontento,

un exorcismo que expulse a mis demonios,

una catarsis de mi yo más subconciente,

un barbitúrico para el pobre demente,

o una alta torre como la del babilonio.

A dios o al diablo invoco aquí en estos versos.

Cualquiera de ellos arrancarme puede el alma

si siento así alguna vez algo de calma,

si al fin me arranca de la nada y su reverso.

Eterno infierno éste que a pulso me he ganado

el laberinto es de un lenguaje tan distante,

senderos hechos de palabras disonantes

que a un peculiar mundo de brumas me han llevado.

Comentarios

  1. veteporlasombra

    3 abril, 2016

    Sí, yo por evito los versos, y más si son rimados. A veces consigo campar libre por la prosa, pero no creas, que también me enlaberinta. Esto de escribir tiene algo de masoquismo. (Espero haber entendido). Un saludo…

    • El.Gólem

      3 abril, 2016

      Exacto, amigo, lo has ententido. A veces tenemos un sentimiento que queremos plasmar en en palabras, y nos dejamos llevar tanto por el formalismo estructural de las palabras que al final hasta olvidamos lo que queríamos decir en un principio. Y todo por andar siempre persiguiendo a la puñetera y esquiva musa.

  2. Mabel

    3 abril, 2016

    ¡Me encanta! No tengo palabras. Un abrazo Alfredo y mi voto desde Andalucía

  3. Jose_Lobo

    3 abril, 2016

    Ah!! Toda una excelencia amigo!, tanto en su alegato como en referencias mitológicas de las que a su vez también gusto sobremanera. No sé tú, pero yo pienso que los hilos de Ariadna no exiten, (tampoco las Ariadnas) aunque a veces nos parezcan verlos por momentos. Será el excesivo consumo de sustancias alucinógenas (escritura incluida). Es un deleite la estancia en el infierno, al menos la prefiero, mantiene vivo y encabronado el cuerpo y mente. Algo que considero necesario en esta vida de hipocresías de colores. Un abrazo!

    • El.Gólem

      4 abril, 2016

      Muchas gracias, José.

      Y sí, tienes razón, porque al final no son más que trampas de nuestros sentidos: parece que nos van a llevar a la salida de este laberinto, pero al final sólo es otra esquina más entre infinitas. Y es que esto de la escritura, como la vida, es un vicio que, como todos los vicios, es adorable cuando lo consumimos, aunque después deja resaca, y que, como todos los vicios, al final mata. Lo dicho: como la vida.

      Un abrazo también para ti.

  4. jon

    4 abril, 2016

    …y tanto que como la vida, pues si algo quieres has de conseguir haber entrado en ese laberinto que no es sino la casa donde reside la estancia adormecida del pasado. Prestos los sentidos buscamos la salida sin apenas darnos cuenta que contruimos la casa por el mismísimo tejado.
    El amor por la escritura nos provoca, seduce y abandona en el misterioso laberinto de la imaginación. Del éxito de nuestro trabajo depende hallar la salida.
    Exquisitos versos.
    Saludos.

    • El.Gólem

      4 abril, 2016

      Muchísimas gracias, Jon. Un placer leerte. Me place sobremanera que te hayan gustado mis versos. Un cordial saludo.

  5. Nana

    5 abril, 2016

    Muy buen poema, Gólem. Hay muchas clases de laberintos y al principio tus rimas me llevaron por otros derroteros que no los lingüísticos, ni el de las musas,… es curioso que algunos veáis la escritura como un binomio de maldición y don o que lo expreséis así. A mí me parece maravilloso lo que te leo, así que bendito don. Un saludo 🙂

    • El.Gólem

      5 abril, 2016

      Muchas gracias por tus palabras, Nana. Me alegro mucho de que te guste.

      Y la parte de maldición yo la describiría como esa necesidad que siempre viene a deshora de estar escribiendo, a veces incluso en mitad de la noche, de no estar nunca contento con el resultado final, estar siempre puliendo, siempre cambiando de sitio algún adjetivo, el desear a veces ser demasiado perfeccionista, dejarse atrapar por el formalismo estilístico antes que dejar volar libre la imaginación sin ninguna atadura de métrica ni rima… Cuando sale bien es tan placentero como un orgasmo. Pero cuando en esos momentos llega un bloqueo creativo, es, literalmente, como estar encerrado en un laberinto. Intentas dejarlo, pensar en otra cosa, pero no puedes, te viene solo a la cabeza en contra de tu voluntad… Eso, en ocasiones, es una maldición en toda regla.

      Siento haberme alargado demasiado en mi respuesta.

      Un cordial saludo.

      • Nana

        6 abril, 2016

        Gracias por haberte explayado porque ahora puedo entende un poco más a qué te referías. En cierto punto coincido contigo, aunque yo escribo a altas horas de madrugada cuando el insomnio me niega el paso al sueño, entonces me entretegendo escribiendo… mucha veces escribo cuando me saturo de sentimientos y necesito depurarlos, para mí es el mejor modo. Pero no me obsesiona demasiado ni la forma ni la cantidad de adjetivos que haya utiizado, en ese sentido soy más caótica, escribo del tirón y dejándome llevar (por eso salen así muchas veces jajajajaja). Sí que corrijo lo que vaya a leer otros, pero no demasiado, solo repaso que no sature el texto repitiendo las mismas ideas porque tiendo a atraparme con mis propias ideas y les doy miles de vueltas…

        Un saludo 🙂

  6. VIMON

    6 abril, 2016

    Un poema muy bueno y muy bien rimado. Felicitaciones y saludos.

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