Mis ángeles y mis demonios (exorcismo)

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Mi vida en este momento

es un campo de batalla

en el que ondean banderas ardientes,

y dos terribles ejércitos

dispuestos a despedazarse

sobre la tierra de nadie que soy yo.

Ambos bandos luchan encarnizadamente

para lograr el control sobre mi vida

sin que yo pueda hacer nada por impedirlo,

y mientras tanto,

me arrastro por el barro,

exhausto,

casi ya sin vida,

como si las patas de los caballos

de los cuatro apocalípticos jinetes

me arrollaran una y otra vez.

Me arrastro por el barro,

sintiéndome hambriento,

enfermo,

en guerra con el mundo

y conmigo mismo,

muerto.

Pero aun así me arrastro,

me debato con la que siempre parece ser

la última chispa de mi energía vital.

Y lo más increíble es que después de una

siempre encuentro otra,

por extraño que parezca,

y no dejo de luchar por alzarme

por encima del lodo

y empezar a caminar

como un ser humano.

Quizá la imagen, si la imaginas,

es dolorosamente patética,

patéticamente insufrible,

como la de un gusano que se mueve

bajo impulsos que no comprende

deseando tan sólo ser mariposa sin saber por qué,

como una marioneta que se pregunta

qué hilos la mueven.

Y si pudiera, cortaría todos los hilos,

y desplegaría unas hermosas alas

que me elevarían sobre todo lo sucio y vil de este mundo,

sobre todo lo inhumano, todo lo podrido.

Pero no puedo, y volar y ser yo mismo

se convierte días tras día en un sueño,

el sueño de una libertad que más me aprieta el pecho

cuanto más la deseo, que en cuanto más lloro por ella,

más se oculta a mis ojos tras el velo de lágrimas negras.

Y mientras tanto, tú, ahí en tu lejanía,

me miras desde detrás de tu muralla de misterio,

no dejando entrever a mi consciencia

más que la bruma de mis eternos sueños.

¿Eres real?

¿Te conocí ayer o te conocí hace ya mil años?

¿Eres tú un sueño de mi mente,

o soy yo el sueño en la mente

de algún oscuro y desconocido soñador?

¿Quién eres tú?

¿Quién soy yo?

Estas líneas que aquí escribo son un rezo y una plegaria,

son una maldición y un exorcismo…

un exorcismo, sí, un rito sagrado y confuso,

guiado tan sólo por la inconsciencia infantil y temeraria

que me terminará destruyendo

o me librará al fin de todos mis demonios interiores…

mis demonios, que me acechan detrás de cualquier esquina…

mis demonios, que me torturan

amparándose en la oscuridad en la que vivo…

mis terribles y amados demonios…

debo exorcizarlos, sí, lo sé…

Mis demonios…

…mis ángeles

…mis ángeles y mis demonios

formando un todo perfecto,

una perfecta batalla en la tierra de nadie que soy yo

bajo ardientes banderas que llaman a las trincheras,

una perfecta danza de armonía y belleza sin igual

en toda su crudeza y crueldad.

Y yo en el centro, buscando el perfecto equilibrio

en un lugar maldito en el que sé que todo equilibrio es irreal

y la armonía perfecta no existe.

Así que poco a poco voy construyendo mi propia armonía

y mi propia melodía,

creando la sinfonía de una vida y un equilibrio imperfectos,

voy creando a ciegas mi vida,

pero con sensibilidad a la música que mueve mis pasos,

sin ver el camino,

pero oyendo las señales que el destino me va dejando.

Voy poco a poco creando mi exorcismo

del peor de todos los demonios al que me he enfrentado,

el que encuentro enfrente y más allá del espejo,

mientras mis ángeles y mis demonios me miran con agrado

y me sonríen a cada paso que doy en la oscuridad,

pues su música, a veces hermosa y a veces terrible,

día tras día me va guiando,

y noche tras noche encuentro un nuevo motivo para seguir luchando,

debatiéndome entre el lodo,

y viviendo,

guiado tan sólo por la música

que me inspiran mis ángeles y mis demonios.

Quizá si tan sólo me pudiera percatar

de la eterna sabiduría implícita en todo acto de creación,

no sufriría tanto como sufro al perder aquello

que la vida me quita porque sabría

que si me lo quitó es porque ya no era mío,

y aceptaría con orgullo y dignidad los reveses del destino.

Podría dejar que todo lo viejo muriera en mí

para que pudiera nacer lo nuevo.

Así, cuando viese el horrible dragón

abrir sus fauces dispuesto a engullirme,

no ofrecería resistencia,

alzaría la cabeza, abriría mis brazos,

y me ofrecería a mí mismo

en sangriento sacrificio,

porque sólo así podría renacer dentro de él,

y el dragón y yo seríamos uno,

y el demonio vengador se convertiría entonces

en el ángel guardián.

Entonces, y sólo entonces,

se habría cerrado el círculo,

y el exorcismo sería completado.

Sólo entonces me percataría realmente

de que en verdad Él no vino a traer la paz

sino la espada,

y tú y yo podríamos estar juntos

en la soledad de cada uno

de nuestros propios mundos.

Comentarios

  1. Mabel

    9 abril, 2016

    Muy buen poema. Un abrazo Alfredo y mi voto desde Andalucía

  2. Bheltane

    9 abril, 2016

    Es la esencia del ser humano, el lado oscuro y el lado de la luz, siempre en continúa batalla, para donde inclinemos la balanza es lo que determinará lo que somos, lo que seremos, una lucha diaria que nos acompaña desde que nacemos hasta que morimos, y a eso lo llaman ¡vivir!.

    Enhorabuena por este poema que me ha llegado tanto en un momento en el que yo también estoy en debate con mis demonios, un abrazo.

    • El.Gólem

      9 abril, 2016

      Es así, Bheltane. Somos ambos sin ser ninguno de los dos, somos el todo y la nada a un tiempo, somos nuestros ángeles y nuestros demonios. Somos el abismo sobre el que caminamos, y somos el mismo abismo.

      Muchísimas gracias por tus palabras. Un fuerte abrazo, amiga.

  3. Julia.Ojidos

    10 abril, 2016

    Somos un conjuro de nosotros mismos, una forma épica de lidiar nuestros demonios; siempre juntos, pero separados; ángel y demonio. Magnífico poema. Gracias por compartirlo.
    Un fuerte abrazo y mi voto

    • El.Gólem

      10 abril, 2016

      Muchas gracias, Julia, tanto por tus palabras como por tu voto.

      Me alegro muchísimo de que te haya gustado.

      Un saludo.

  4. Llamas.J.M.

    11 abril, 2016

    Una lucha que llevamos siempre con nosotros. Lo peor, sin duda, sería dejar de luchar. Lo mejor, sin duda, es que seguimos luchando. ¡Un saludo!

  5. VIMON

    11 abril, 2016

    Un poema excelente, amigo. Felicitaciones y saludos.

  6. Anakin85

    11 abril, 2016

    Genial, espectacular, no tengo otras palabras. Has plasmado de una manera muy bonita lo que muchos hemos sentido muchas veces. ¡De no ser seres humanos no tendríamos esos dilemas! Un abrazo!

  7. jon

    12 abril, 2016

    …y ahí nos pilla, en el medio de la tormenta; sin embargo es el arma de la palabra la que sustenta la idea primitiva de saber valorar dónde se esconde la mentira… dónde sobrevive la verdad.
    Tu poema ha traido a mi memoria la frase: «El hombre, desde que nace, tiene creada su propia guerra». No recuerdo el nombre de su autor.
    Te felicito por ese escrito que nos alinea entre «ángeles y demonios».
    Saludos, El.

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