Aquel día llegue a la mansión que el doctor Ashford me pidió visitar. Según él, aquí encontraría las respuestas que tanto estaba buscando. El final de mi tormento interior. Me entregó una enorme llave de latón que tenía una especie de runa grabada en el mango. Cuando llegué a la propiedad, la reja del patio se encontraba derribada, así que entré sin más. La fachada de aquella casa, además del estilo victoriano, llamaba la atención por lo enorme que era, más que una casa, parecía un castillo. No tenía ventanas, ni vitrales, ni ningún otro tipo de cristalería exterior, sólo esas enormes caras demoníacas que adornaban los acabados de esquinas y torreones.
Al llegar a la entrada principal me topé con un enorme portón de madera, de largas y oxidadas articulaciones metalicas Parecía una de esas lúgubres puertas que adornan los castillos de cuentos y relatos draculescos.
La puerta estaba cerrada. Seguí tocando, llamando una y otra vez; esperaba que alguien me atendiera, pero nadie llegó. Entonces decidí entrar. Metí la llave en el ojo de la cerradura. La puerta cedió, dando un quejido. El vestíbulo del caserón estaba recubierto con espejos en las paredes, en el techo, en el suelo. La única fornitura normal era una silla junto al fogón, con una mesita y encima de esta un cenicero al lado de una botella vacía. Pero lo que más llamó mi atención fueron las puertas, incontables puertas colocadas de manera aleatoria. Además de eso, el techo era una enorme bóveda donde serpenteaban infinidad de corredores y puertas que daban al vacío. No había ninguna escalera en el vestíbulo que llevara hasta las plantas altas.
Entonces elegí una al azar; al abrirla me encontré un pasillo, y en el pasillo más puertas: a la derecha, a la izquierda, en el techo, en el suelo. Puertas. Varias estaban cerradas, otras abrían y daban sólo a la pared, o a un pasillo que subía, que bajaba, curveaba y terminaba saliendo justo a la puerta de al lado ( si es que no me encontraba con que estuviera cerrada); había unas que daban inmediatamente a otra puerta, y a otra y a otra… formando un túnel interminable.
Algunas estaban irremediablemente cerradas y no entendía por qué, quizá eran las únicas que me llevarían a algún lugar coherente. A veces por mera ansiedad cerraba alguna con seguro, entonces se escuchaba un “click” retumbando entre los corredores vacíos de aquel palacio de locos.
Una puerta llevaba a otra, y la otra a otra que daba a un corredor con más puertas por abrir, y a más corredores que atravesar, y a más puertas… Estuve así, andando en espirales, o en círculos; a veces me daba la impresión de que al abrir una puerta y cruzarla daba únicamente al mismo lugar, como haciendo y deshaciendo mis pasos una y otra vez.
Hasta que de pronto se me ocurrió que la única manera de avanzar, era cerrando con seguro cada puerta que atravesara e ir allá donde se escuchara el “click”: cada puerta no cerrada era un ciclo por repetir, un andar interminable por el mismo sitio. Entonces tenía que cerrar lo que iba dejando atrás y tomar lo que me invitara con un “click”.
Varias veces erré y volvía a caer en el juego de los círculos interminables; hasta que finalmente descubrí que mi teoría estaba en lo cierto y me vi en la parte alta del vestíbulo, en esa bóveda inmensa cubierta de espejos y corredores y , por supuesto, más puertas. La mesita junto al fogón se miraba ahora diminuta, insignificante, como un mueble de bolsillo ¿Así me reflejé yo también en los espejos del techo?
Pensaba en proseguir mi exploración, hasta que, mirando hacia el recibidor, noté que el enorme portón estaba entreabierto, entonces se me erizó la piel, se me congelaron las entrañas, me di cuenta: al entrar había olvidado cerrar con llave la puerta principal.





Mabel
Muy buen Cuento. Un abrazo y mi voto desde Andalucía
ElNómada
Disculpe, ¿Es usted un bot o algo así? veo ese mismo comentario repartido en las publicaciones de todos por acá. De seguro ni se toma la molestia de leer los trabajos que comenta. Un saludo.
Reaper El Chivo
No quiero faltar al doctor Ashford, pero viendo la odisea de puertas, “clicks” y cristales por las que anduvo el protagonista, así como el susto final de hallar la puerta principal entreabierta. Creo, si salió bien parado de la mansión, que nuestro ingenioso amigo haría bien en mandar al cuerno al doctor. Mis felicitaciones por el texto, amigo ElNómada. Un saludo y mi voto.
Salud y suerte.
ElNómada
jajaja dices bien amigo Chivo Reaper, yo tambien lo haría. Un saludo
jon
…jejejejeje, he quedado perplejo ante ese inimaginable final.
Felicidades, Nómada. Cierra bien la puerta cuando salgas de casa.
Abrazos.