Vagabundo blues (el que pasa)

Escrito por
| 202 | 24 Comentarios

VAGABUNDO BLUES

(EL QUE PASA)

 

Territorio de Kansas, 1958

 

Se apoyó en la pared del vagón y con la armónica sobre los labios dibujó una melodía de blues. Era el mismísimo Jack Kerouac en persona o eso creí. No quise interrumpirlo y me quedé fascinado escuchando su interpretación mientras el tren cruzaba una llanura desolada en el territorio de Kansas.

–¿Y vos quién sos? –tiró a bajo de jarro.

Me tomó de sorpresa y no supe qué responderle.

–No me digas nada, otro vagabundo en busca de «la verdad».

–Tal vez, Kerouac.

–¡Ah! Me conocés. ¿No me estarás siguiendo?

–Creo que sí.

–¡Mierda! Esto alguna vez me tenía que pasar.

Hizo una pausa mientras encendía un cigarrillo.

–¿Vos crees, de verdad, que soy Kerouac?

–No lo dudo. Es igualito.

El vagabundo se rió con ganas.

–Tal vez sólo sea un fantasma. Vos deseabas encontrarme. ¿No es cierto?

-Te admiro, Jack. Creo en tu búsqueda.

-¿Mi búsqueda? Qué sabés vos de eso…

-Algo –respondí titubeando.

-¿Algo? Algo no es nada, muchacho.

 

El hambre y la mugre desparecieron por un instante. El tipo era fascinante. Pelo renegrido, ojos soñadores y una barba que lo pintaba como un poeta. Cosa que era, por supuesto.

–¿De dónde sos, muchacho?

–De New York.

–¿Tenés algo de whisky?

–Sí –me apresuré a decirle, mientras le acercaba una botella que traía en la mochila.

Kerouac empinó el codo varias veces y me dijo:

–Es de lo mejor. ¿Niño rico, no?

No dije nada. Me daba vergüenza reconocerlo.

–No importa, muchacho. Rico o pobre, en algún momento los caminos te llaman. Es algo que está en la sangre de los norteamericanos. Nunca supe si es una bendición o una maldición.

En pocos minutos se bajó media botella.

-¿Te importa? –me dijo con un tono sarcástico.

-No  te preocupes, Kerouac. El whisky me hace vomitar.

-Llamame Jack, muchacho. Y haces bien, el trago destruye el estómago, sin embargo despierta los demonios y de vez en cuando eso es grandioso.

Luego se hizo un largo silencio. Kerouac dormitaba y yo no quise interrumpirlo. Por la puerta del vagón entraba un frío que calaba los huesos. La tarde se hizo noche y las primeras luces de un pueblo aparecieron en el horizonte.

-¡Hora de buscar comida, muchacho! –la voz enérgica del escritor me sobresaltó.

El tren aminoró la marcha y con un gesto me indicó que nos apeáramos. Una fina llovizna empezó a mojarnos; parecía hielo derretido.

En la estación no había nadie. Sólo una bombilla encendida que bailaba al son del viento.

–¡Pueblo de mierda! –gruñó molesto.

Nos largamos a caminar por la calle principal hacia un bar que se insinuaba al final de la calle. Había unos parroquianos esparcidos por el salón. Supongo que todos borrachos. No se dignaron ni siquiera a mirarnos.

Kerouac ubicó una mesa en un rincón oscuro y se dirigió a mí:

–A todo esto ¿Cómo te llamás, muchacho?

–Bill. Bill Mc Coy.

–¿Estás en la Universidad?

–Sí. Estudio Filosofía.

–Lo suponía. Te hartaste de escuchar a tipos delirantes y decidiste largarte por los caminos.

–¿Cómo te diste cuenta, Jack? –respondí, supongo, con cara de estúpido.

El tipo se sonrió y me ordenó:

–Ve, muchacho. Pedite  una botella de whisky y unos bistecs.

Comieron en silencio ante la mirada torva del encargado. Los vagabundos son tipos raros y algunos no los quieren cerca.

-Hora de irnos, Bill.

El muchacho duda, por la ventana la noche se ve desapacible.

-¿Qué has pensado? ¿Qué vamos a ir a un hotel?

No dije nada y lo seguí como un perro fiel.

-¿Adónde vamos, Jack?

-A buscar un cementerio.

-¿Un cementerio?

-Es un lugar maravilloso para dormir. Nadie te molesta. ¿Traes tu bolsa de dormir?

-Por supuesto –respondí con la seguridad que no tenía.

Nos alejamos de la calle principal y cuando se acabaron las últimas casas del pueblo apareció el camposanto. Lo rodeaba una verja no muy alta que sorteamos con facilidad.

-Aquí las almas descansan en paz –reflexionó en voz alta.

-¿Estás seguro, Jack?

-¿Tienes miedo, muchacho?

No le respondí pero estaba temblando. Nunca me gustaron los cementerios.

-¡Mira! Allí hay un lugar acogedor.

Lo de acogedor me sonó irónico. Dos grandes lápidas algo inclinadas junto a un árbol frondoso brindaban protección contra el viento y el agua. Nos ubicamos uno junto al otro y, protegidos por las bolsas de dormir, nos quedamos mirando las ventanas iluminadas más allá del cementerio. Esas ventanas permitían ver las luces azuladas de las pantallas de un televisor.

-¿Te das cuenta, muchacho? Esa gente allí, en la seguridad de sus casas, frente a las pantallas, ignorando el mundo a su alrededor y nosotros aquí a la intemperie viviendo la cruda realidad.

-¿Es esto mejor, Jack? –le pregunté temblando de frío a pesar de la bolsa protectora.

Me miró casi con desprecio y sentenció con un tono reflexivo:

-Esta es la verdad; eso que ves por las ventanas, la ilusión.

-Pensar que dejé la Universidad para escuchar la misma mierda de siempre.

-Jack se rió con ganas y luego se dio vuelta para dormir.

 

Me desperté con el gorjeo de los pájaros y las primeras luces del día. Había dormido mal y estaba molesto. Al darme vuelta tuve un susto tremendo. No había ni rastros de Jack. Miré hacia todos lados, pero parece que se lo había tragado la tierra. Recién ahí me di cuenta que había un papel junto a la bolsa de dormir. El mensaje decía:

«Jack Kerouac sólo existe en tu imaginación, muchacho. Yo soy un simple vagabundo. Búscalo y lo encontrarás dentro de ti. Cada hora pasa un tren hacia el oeste. Adiós».

 

Atención: Este relato está inspirado en el gran poeta y escritor norteamericano. Jack Kerouac.

 

© 2016 Fernando Cianciola

 

 

 

 

 

Comentarios

  1. Anakin85

    2 abril, 2016

    Te quedo muy bien Tiento, el final me ha encantado. Un saludo!

    • Tiento

      2 abril, 2016

      Gracias, amiga. Kerouac me recuerda mis lecturas de juventud. Un abrazo.

  2. Moebius

    2 abril, 2016

    Me ha gustado, Fernando, me hace acordar a esas atmósferas de Bukowski. Solo una cosa, que no sé si fue un despiste o está hecho a drede, y es el cambio que hiciste entre el argentino y el español a mitad del texto. Por lo demás, aquí va mi voto.
    Un saludo.

    • Tiento

      3 abril, 2016

      Gracias Moebius por tus observaciones. Me halaga que hayas leído con atención el texto. Lo que me marcás puede haber sido una distracción. A ti te sigo siempre pero soy muy vago para comentar. Disfruto de tus textos, los voto y no emito juicio. Me pasa con muchos a los que sigo. Un abrazo y hasta la próxima.

  3. Mabel

    2 abril, 2016

    ¡Excelente historia! Un abrazo Fernando y mi voto desde Andalucía

    • Tiento

      3 abril, 2016

      Gracias, Mabel. Recuerdos desde Córdoba de la Nueva Andalucía.

  4. Mike

    2 abril, 2016

    Muy buen relato. Elocuente recopilación ficcional del escritor norteamericano. Un personaje, una celebridad sumergida en la clandestinidad por sus convicciones personales. Saludos desde California y mi voto.

    • Tiento

      3 abril, 2016

      Hola, Mike. Reconozco que el mundo de las letras norteamericanas me fascina. El hombre que camina y busca y busca, me atrapa. Es el nómade que está en nuestros genes. Un abrazo.

  5. jon

    3 abril, 2016

    Buen trabajo Tiento. Celebro tu vuelta.
    Abrazos.

  6. irisdeasomo

    3 abril, 2016

    Muy bien narrado y debo decir, que me atrapaste por completo, un merecido voto estimado, saludos compañero, nos leemos.

  7. Reaper El Chivo

    3 abril, 2016

    Un relato magnífico, amigo Tiento. Todo un placer haber podido disfrutar de su estilo narrativo, tan vivo y propio. Me quito el sombrero ante este nuevo trabajo literario. La conclusión me pareció magnífica, no creo que haya un broche mejor el final. No obstante, en especial me gusto esta frase:
    «–No importa, muchacho. Rico o pobre, en algún momento los caminos te llaman. Es algo que está en la sangre de los norteamericanos. Nunca supe si es una bendición o una maldición.»
    Mis felicitaciones, un saludo y mi voto.
    Salud y suerte.

    • Tiento

      3 abril, 2016

      Gracias Reaper por tu análisis. Sos muy generoso. Saludos.

  8. gonzalez

    3 abril, 2016

    Me gustaron mucho los diálogos, amigo Tiento! Te dejo mi voto y un fuerte abrazo!

  9. Jose_Lobo

    3 abril, 2016

    Muy bueno. Me ha gustado bastante tanto por la forma como por la evocación de Kerouac, gran referente de la generación beat. Sin embargo, a pesar de ser consciente de que el nombre de Kerouac es el que más ha trascendido junto a la de Ginsberg, aprovecho la ocasión para reivindicar el resto de la misma, y sobre todas las mujeres beat, que esas sí que han pasado totalmente inadvertidas: Elise Cowen, Dennise Levertov, Lenore Kandel (mi preferida( y otras tantas. Un fuerte abrazo y nos vemos en «el camino».

    • Tiento

      4 abril, 2016

      Gracias, amigo. Tu comentario fue muy agradable. Saludos.

  10. Manger

    4 abril, 2016

    Muy bueno, amigo Tiento; has logrado un ambiente muy dificil de plasmar. Un abrazo y mis felicitaciones.

  11. Nana

    5 abril, 2016

    De verdad, querido Tiento, que es una auténtica delicia leerte. Consigues unas atmósferas brillantes con unas limpias descripciones, unos diálogos realistas… me encanta tu estilo, me atrapa sobremanera. Siento no comentar todos tus escritos, pero te leo siempre con todos los sentidos. Un fuerte abrazo 🙂

    • Tiento

      5 abril, 2016

      Gracias, Nana. Tus comentarios me ayudan mucho a conocerme como escritor. Como vos sabrás, uno tiene sus dudas y espera con ansias que el lector que conoce de letras, te dé las pistas sobre si la cosa anda bien. Un abrazo sincero.

  12. VIMON

    6 abril, 2016

    Excelente relato, Fernando. Muy imaginativo y muy bien escrito. Felicitaciones y un fuerte abrazo.

    • Tiento

      6 abril, 2016

      Gracias, amigo. Te deseo lo mejor con tus premios y tu nuevo libro. Un gran abrazo.

Escribir un comentario

Uso de cookies

Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies, pinche el enlace para mayor información.

ACEPTAR
Aviso de cookies
Cargando…
Ir a la barra de herramientas