Diseñando trampolines

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Un hombre con americana garabatea sentado tras el pupitre sobre unos papeles cuadriculados en perfecto orden. Línea roja por aquí, curva verde fosforito por allá. Beneficios, plusvalía latente, activos, liquidez, piruletas, I+D, WTF, BCB…

            Es un despacho exterior con una ventana enorme en la enésima planta de un gigante de acero y cables desde donde se ve Toronto entero. En frente del hombre hay un mapamundi con banderitas de colores y etiquetas del tipo: Decirle a Moncho de la oficina de Arteixo que envíe eucalipto gallego de una puta vez. O Conseguir de una vez por todas metérsela doblada al proveedor chino y pedir un aumento por ello.

            A pesar de estar tan concentrado en su trabajo, el tipo ha percibido un silbido y una sombra efímera en la ventana. Mira hacia la ventana y luego sacude la cabeza. Son cosas mías, tanto sexo, golf y chunda chunda, se dice. Pero en la siguiente media hora tiene la misma sensación otras tres veces. Qué raro, esa misma mañana oyó el tiempo por la radio y no decía nada de que lloviesen pobres por la mañana. Se ríe ante su ocurrencia y la apunta a punta de bolígrafo violeta en un bloc con dibujos de ardillas que guarda en el cajón.

            Sin embargo, vuelve a ocurrir lo de la sombra, esta vez seguida de cierto sonido indefinible. Inquieto, se levanta del escritorio dejando a la vista sus piernas blanquitas y un calzoncillo de estos de abuelete. Menos mal que en las reuniones nunca ha tenido que levantarse para nada. Está descalzo y avanza hacia la ventana con parsimonia, como si le estuviesen grabando para un documental de economía y esas cosas. Al llegar a la ventana, la abre de par en par y mira primero hacia abajo.

            -Coño, nunca me había fijado en ese pedazo montón de…

Asustado al reconocer la escabechina sobre la acera blanca, una especie de bandera nipona, gira hacia arriba su cabeza a tiempo de ver la mirada de desesperación de una mujer cincuentona cuya frente impacta con la suya y borra los límites entre uno y otra.

Comentarios

  1. Mabel

    7 mayo, 2016

    Muy buena historia. Un abrazo Andrés y mi voto desde Andalucía

  2. Julia.Ojidos

    8 mayo, 2016

    Me dejas con la boca abierta, querido amigo. Menunda historia!!! me ha encantado. Gracias por compartir. Un fuerte abrazo y mi voto

  3. AVM

    15 mayo, 2016

    Muchísimas gracias a todos por emplear una pizquita de vuestro tiempo en leerme. Un abrazo!

  4. Labrida

    15 mayo, 2016

    Nunca nos defraudas con tus relatos, un placer que sigas escribiendo y compartiéndolo con nosotros. Un abrazo amigo Miranda.

  5. gonzalez

    15 mayo, 2016

    Me gustó mucho, amigo Miranda! Si no entendí mal la ironía, me quedo con esta parte, «y la apunta a punta de bolígrafo violeta en un bloc con dibujos de ardillas que guarda en el cajón» Te dejo mi voto y un fuerte abrazo!

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