La reunión en la sala de juntas se desarrollaba como todos los años donde el directorio de una importante multinacional debatía el próximo presupuesto. Una competencia de trajes Armani, relojes Rolex, llaves con los logos Ferrari, Jaguar, Mercedes, plumas de oro DuPont, camisas italianas y corbatas de seda. Gestos ampulosos, vasos de whisky a medio tomar entre cigarros puros humeantes.
Los amplios ventanales desplegaban un cielo límpido que dejaba ver los rascacielos cercanos. Daban un marco imponente a la sala magna del piso 44. La enorme mesa de caoba tallada era el centro de un acalorado debate.
Se discutía sobre el destino de millones de dólares y las posibles inversiones, petróleo o comunicaciones, commodities o tecnología. La firma venía de meses ajetreados debido a las denuncias de corrupciones internas, intentos de vaciamiento y posibles desfalcos a los accionistas minoritarios. Los medios se habían ensañado con el caso. La eterna historia de multimillonarios codiciosos quitando las pocas migajas al que menos tiene. Cierto periodismo quería confirmar la teoría que dice que las grandes fortunas se hacen sustrayendo miles y miles de pequeños ahorros ajenos.
Pero entre tanta opulencia se instalaba un olor. Un penetrante aroma rancio que delataba el zapato de un concurrente. Seguramente había pisado alguna deposición canina de camino a la reunión. Hasta los ricos alguna vez pisan mierda. El hedor se hacía cada vez más presente y el esfuerzo de ignorar en forma elegante tales afluencias se hacía insostenible. Todos los asistentes se hacían los distraídos. Simulaban no percibir ese olor mas que desagradable, haciendo un gran esfuerzo para no fruncir sus narices y a su vez, cada tanto todos intentaban mirar por debajo de la mesa, para espiar los zapatos del vecino de silla. Cada uno buscaba la prueba y el culpable.
Todos sospechaban de todos.
Maxriel




Mabel
Muy buen relato. Un abrazo y mi voto desde Andalucía
lnanta
Genial el relato muy bueno y descriptivo. Un saludo
arcano
¿Qué te voy a contar que no sepas? Realmente, en el mundo hay mucha mierda escondida entre el oro.
Un relato muy bueno. Felicidades y mi voto.