Billy Boy siguió a lo suyo. Tal vez necesitara de algunos días para avivar la agudeza con la que sospechar de un tipo que le sonreía como si fuera idiota perdido. Si no fuera porque en el bar no había un solo alma y Joanna estaba entretenida con los anuncios de maquillajes y cremas rejuvenecedoras, no le habría resultado extraño que al volverse otra vez, se topase con el tipo risueño sentado junto a su lado.
—¿Qué tal, amigo? Soy Martin, Martin Ven —le tendió la mano afectuosamente, pero la recogió antes de que Billy Boy le devolviera el saludo—, eres quien investiga lo de los muertos, ¿no? todo el mundo lo sabe… aquí las noticias corren como el rayo, ¿sabe, detective?
—Ya… —enarcó las cejas. Al parecer, en la recomendación acerca de mantener la boca cerrada, hubo alguna parte que el policía no comprendió del todo— ¿Los conocía?
Martin Ven no dejaba buscar de los ojos de Joanna para que le sirviera, pero esta no quitaba la vista del televisor, sin hacerle el más mínimo caso.
—Sí, pero no me juntaba con ellos… ¡Joanna! ¡Deja de mirar potingues! ¡Lo que hay en tu cara ya no puede arreglarse, ja, ja, ja! A propósito, detective, no te fíes mucho de la policía de aquí, son tan tontos que no sirven ni para esconderse…
Un pelmazo que hablaba sin decir nada… A Billy Boy se le estaba atragantando la noche. Pero qué le movió a seguirle la corriente, ni siquiera él lo sabía. Salieron juntos y dieron una vuelta al amparo de la noche solitaria y los mugidos de las vacas.
—Soy transportista de Betrozol. Una basura de trabajo, pero me da para comer caliente —comenzó a decirle Martin—. Escucha con atención, detective… ¡No eran trigo limpio! ¿Sabe? Siempre armando jaleo en el pantano para pescar ranas, cuando la niebla tocaba el agua… ¡Solo son niños que juegan y hacen travesuras, pensaban en el pueblo, qué escupidos! Yo fui el primero que se dio cuenta… Los cuatro listillos se escondían tras la neblina para manosear a Ágata. Pillé al “solo” de Robert a punto de bajarle las bragas… ¡me daban vergüenza ajena! ¿Te gusta el color? —le dijo, señalándose al sombrero— Me sienta bien, ¿verdad, detective? En tu caso no lo usaría, tienes la cabeza cuadrada, y tira esa gabardina vieja y descosida si quieres que te tomen en serio ¡Ja, ja, ja, ja!
—Sí, sí, ya lo… pensaré, Martin Ven —le interrumpió Billy Boy, guardando definitivamente la libreta, previendo que no iba a necesitarla—, pero si me dijeras algo más que tuviera que ver con el caso, te lo agradecería.
—O no eres muy avispado, o a lo mejor eres duro de oído, detective —miró tan fijamente a Billy Boy que le hizo sentirse incómodo—. Lo repetiré,: Dije “los cuatro listillos”, que junto a Ágata, ¿hacen…?
“Cinco. Cinco amigos, pero cuatro muertos”, sumó Billy Boy mentalmente. En medio de toda esa sarta de provocaciones y vulgaridades se vislumbraba un indicio más interesante. Más tarde que nunca, la cerilla de la agudeza se terminó encendiendo, y las neuronas, algo remolonas por el escaso rodaje, comenzaron a agitarse, saltando de un punto para otro en los interminables nexos del cerebro: Uno de los amigos no acudió al encuentro.
Esta pista que restaba un miembro al total de la cena señalaba al ausente como el principal sospechoso del magnicidio. Volvió a enumerar cada uno de los pasos establecidos en el protocolo de detective estándar cursado a distancia. Por el momento, era demasiado pronto para acusar a alguien que por no tener no tenía ni nombre, ni móvil. Regresaron al motel y prosiguieron allí con la conversación.
—Se separaron. Pasó mucho tiempo sin volverse a ver desde entonces —consideró Billy Boy—. Quizás el ausente no pudo asistir, o…
Martin Ven hizo una mueca de asombro.
—¿Te burlas de mí, detective? Debes estar como un cencerro —Martín negó enérgicamente con la cabeza— ¡Sin no se fiaba de ellos, de ninguno!
—¿El que faltó se llamaba Sin? —Billy Boy frunció el ceño mientras anotaba el nombre en la libreta.
—Era muy bueno, pero le tomaron por tonto, sabes, solo quería caer bien a todo el mundo, pero nadie le quería, nadie. Cuanto más se esforzaba, más lo rechazaban los otros… ¿Tú aceptarías una invitación con esos pensamientos taladrándote la sesera día tras día, detective? —hizo un amago de golpear la barra del bar— ¡Bah! Esos gusanos rencorosos volverían a burlarse de él… pobre Sin, tan ingenuo, que lástima daba…
“Dijeron que empeoró con el tiempo. Jimmy y Robert se aprovecharon del pobre Sin, le convencieron de que tenía problemas para relacionarse con la gente. Lo único que consiguieron fue trastornarlo aún más, detective, y lo encerraron con los locos, ¿pero sabes lo que te digo? Les daba lo mismo, solo querían quitárselo de en medio. Ninguno quería a Sin, pero Sin nunca olvidó, nunca olvidó”.
Billy Boy titubeaba si guardar la libreta o no. Se encontraba demasiado perdido como para apuntar nada. Martin le había contagiado los efectos de su nerviosismo. Quizá debiera hacer lo mismo que Joanna, a la que sus provocaciones no le afectaban lo más mínimo. Tal vez le conociera de tiempo y le tenía bien calado. Se preguntó si no debía seguir hablando con él, al menos, para evitar enfurecerlo más.
—¿Qué fue de Sin?
Ahora Martin Ven levantó las manos, estupefacto.
—¿Estás sordo? He dicho que lo metieron en el manicomio, maldita sea, ¡Joanna! ¿Vienes o no?
Con la primera vez le había bastado para entenderlo, pero su intento por averiguar qué fue de Sin “más allá” de su confinamiento clínico derivó hacia otros asuntos que nada tenían que ver con el caso, por lo que Billy Boy dio por concluida la conversación. La indiferencia obtuvo el efecto deseado y poco a poco Martín se fue calmando hasta que, aburrido de gritarle a la camarera, volvió a su mesa, cubriéndose bajo el manto del silencio, las sombras, y una esquina apartada.
¿QUÉ FUE DE SIN?
¡MUY PRONTO LO SABREMOS!





Mabel
Una historia increíble. Un abrazo Agaes y mi voto desde Andalucía
jon
Esperaremos.
Saludos.
Reaper El Chivo
Tendremos que aguardar a la siguiente entrega. ¡Se hace de rogar, amigo Agaes! Mis felicitaciones, un saludo y mi voto.
Salud y suerte.