Noche de luna llena

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El viento jugaba con la cortina y, en un vals íntimo, coqueteaban en el reducido espacio entre el marco de la ventana y la cabecera de la cama.

Julia deslizó su camisón desde la cabeza hacia sus pies con la piel bañada en plata y dejó que la brisa se colase entre su ropa para calmar el calor pegajoso de verano. Su pelo dormía encima de su hombro derecho e iba a morir sobre sus pechos. Enredando sus dedos en su cabello, confeccionó una trenza lo más equilibrada posible. Observó su figura en el espejo que colgaba de la pared al fondo de la habitación. Algo extraño había en esa imagen que la perturbaba, pero no entendía el qué. Sus pies, sus brazos, sus piernas… no había modificaciones en sus medidas y su contorno era el de siempre. ¿Era el de siempre? No se habían ensanchado sus caderas vacilantes y su abdomen seguía terso y plano, como hacía ya muchos años. Posó sus manos encima de sus sonrosadas mejillas y sutilmente se acercó al espejo jugando al despiste. Quizás, si los movimientos eran suaves, hallaría algún tipo de respuesta. El reflejo burlón que le devolvía una imagen más que reconocida hizo que recobrase la calma.

Posó levemente su cuerpo sobre la colcha de su cama, dejando que sus pensamientos se cocinasen en el lado derecho de su cabeza contra la almohada como único testigo. Encogíasele el corazón pensando en esa sensación que le ponía el vello del brazo en tensión, alertándola así de sus propias sensaciones a destiempo, teniendo entre sus manos las sábanas para sujetarse a la sincera realidad.

La noche se hizo, de repente, en su habitación. La puerta se cerró bruscamente y ante ella unos impenetrables ojos. El centro de una pálida cara imberbe estaba iluminada por unos ojos marrones enmarcados por una mandíbula prominente inundada de un gesto inmutable. No podía desencallar con ninguna palabra. Nunca lo había visto, sin embargo, lo conocía. Nacía de su vientre una confianza y una pasión ya sabidos. Dejó que el peso de su propio cuerpo cediera contra el colchón y sopesó el del hombre entre sus brazos. Las manos de esos ojos recorrieron la línea de su cintura bajando hacia sus caderas. Sujetó su pelo con ambas manos impidiendo, así, que el aire se colase entre ambas siluetas sin luz. Todas sus extremidades se encogieron de repente, fundiéndose vertiginosamente, haciendo que sus sentidos se diluyesen con la razón. Su mente perecía, dejó de lado toda duda y se entregó a ese ser que la poseía. Sus dientes se clavaron en la carne, justo en la vena femoral, succionando al mismo instante que la dama abortaba sus gemidos tapándose con la mano su boca. En ese íntimo momento, donde se entregaban sus voluntades, sus corazones se encontraron en la sangre compartida, latiendo al mismo ritmo sus perecederas conciencias. La de él, lejos de estar viva, robando recuerdos y soterrando demonios ocultos, tentando de vez en cuando el cuello de ella para comprobar que estaba viva. Pero Julia se había dejado caer al foso, al límite de la muerte, cediendo su voluntad al deseo de entregar su sangre, al deseo de sucumbir a esos ojos que la nombraban en silencio, recordando que hacía siglos se habían encontrado en otra alcoba más amplia, donde se habían desprovisionado de sus ropas, recorriendo sus sentidos con la carne, dejando a la pasión jugar a despistar la moral dormida. Había en su conducta algo aprendido, algo arraigado en la carne del deseo que se fundía en un mismo compás y anhelo. Porque en ese tiempo quedaba atrás las huidas, las marchas, las funestas noches vacías donde se exigían pero no se hallaban. Sentían paz en el hecho de deshacerse en pedazos, dejando a un lado la vida para entablar relaciones con la muerte. Era ella la que llamaba a la puerta, la que daba paso tras una sacudida más y, entonces, dejó de succionar. Tapó las dos entradas de sus colmillos ocultando sus actos con un gesto infantil e inútil. Soterró su cabeza contra su pecho intentando mitigar la vergüenza con lágrimas fallidas. Olvidábase, a veces, que no pertenecía a esa clase de ser que podía encontrar cierto resquicio de alivio en el agua acaecida por sus ojos. Ya nada era olvido, ni alivio, ni paz.

Poco a poco Julia recobraba el aliento, el peso se volvía más ligero y tentaba con sus manos descifrar quién o qué era lo que se alejaba de ella con premura. Ese ser que la acechaba tras las sombras de las esquinas de su cuarto, para abandonarla en el mismo instante en el que volvía  a resurgir de la noche de luna alta. Sintió frío entre sus brazos desnudos y vio su camisón levemente subido entre sus piernas. No había nada extraño en ella, sin embargo, en su ingle un latido al igual que el de un tambor desquiciado no permitía su tranquilidad.

Se levantó torpemente de la cama y corrió hacia el espejo donde pudo ver su rostro quizás más joven de lo normal. Había en su cara muescas de noche debajo de sus ojos y una blanquecina capa que recubría su rostro. Pudo sentir unas manos en su cintura blandiendo su cuerpo contra la enfermiza luna esquizofrénica y cerró sus ojos para hacerse sentir más llena de un extraño líquido que recorría su garganta carente de saliva, de agua, de cualquier líquido conocido hasta entonces.

Cuando volvió a abrir los ojos, en el espejo su imagen se había desvanecido y ya nunca pudo volver a encontrarla.

 

Imagen propiedad de MADJJ, todos los derechos reservados.

Comentarios

  1. Joss

    12 mayo, 2016

    Fantástico Nana, un buen relato.
    Un saludo.

    • Nana

      16 mayo, 2016

      Gracias, Joss, me alegro que te haya gustado el cuento. Un saludo.

  2. gonzalez

    13 mayo, 2016

    Excelente, hermosa mujer. Te felicito por la imagen creada al lector y por lo bien escrito que está! Mi voto y un saludo!

    • Nana

      16 mayo, 2016

      Pues no creas que no tenía mis dudas, González, pero creo que la imagen de portada también ayuda a que quede mejor delimitida. Un saludo y gracias por tu comentario 🙂

  3. jon

    13 mayo, 2016

    Qué poder narrativo se vislumbra en la escena donde se juega con la imagen que le devuelve el espejo.
    La imagen tangible de una sombra acercándose a ella hace que experimente una significativa enervación y alerto a los sentidos de lo que pueda venir.
    Sigo leyendo.
    Ahondo el interés más allá de las palabras por si encontrara una sola explicación que delatara la identidad de tan sombría presencia y todo intento de investigación fracasa estrepitosamente.
    Me refugio en la sensación que me transmite las imágenes y descubro a un endeble vampiro psicópata sobre Julia quien extasiada revive anteriores encuentros.
    Como siempre, querida Nana, dejo que la intuición me lleve a dar los primeros pasos por tus formidables líneas, y estas, las que acabo de leer, me hablan una vez más de esa envidiable imaginación que a nadie deja indiferente.
    Un fuerte abrazo, amiga escritora.

    • Nana

      16 mayo, 2016

      Muchísimas gracias, querido Jon. De verdad que tienes el don de dejarme sin palabras. Reconozco que imaginación no me falta, eso sí, las descripciones, el ser capaz de plasmar todo lo que tengo en mi cabeza es lo que todavía me queda por trabajar, pulir e investigar.
      Me siento muy afortunada de contar con personas como tú que se toman la molestia de comentar lo que publico, aunque no lo haga con la asiduidad de otros y aparezca y desaparezca por motivos de tiempo, obviamente.
      El tema vampírico es casi sagrado para mí. Soy una gran aficionada esa temática y, debido a ello, muy crítica. Contaba con la idea clara de lo que quería plasmar, aunque no sé si lo conseguí al 100%, por lo menos disfruté mucho escribiéndolo, corrigiéndolo e imaginándolo.
      Un fuerte abrazo 😉

  4. VIMON

    13 mayo, 2016

    Un relato de terror excelente Nana. Felicitaciones y un abrazo.

    • Nana

      16 mayo, 2016

      Oh Vimon, gracias!!! Viniendo de ti me honra!!! Un fuerte abrazo 🙂

  5. Reaper El Chivo

    13 mayo, 2016

    Un tremendo gusto leerte, amiga Nana. Con este relato me has hecho volar allende mares, montañas y esferas. Mis felicitaciones, un saludo y mi voto.
    Salud y suerte.

    • Nana

      16 mayo, 2016

      Muchas gracias, Reaper. Me encanta la idea de haberte hecho viajar con mi texto. Espero verte en la siguiente aventura. Las tuyas ya sabes que no me las pierdo. Un saludo!!!!

  6. Mabel

    13 mayo, 2016

    Muy buen Cuento. Un abrazo y mi voto desde Andalucía

    • Nana

      16 mayo, 2016

      Muchas gracias, Maberl, por tu apoyo incondicional. Un saludo.

  7. Julia.Ojidos

    14 mayo, 2016

    Verdaderamente bestial, una perfecta conjunciónentre la narración y el poder de la palabra. Gracias por compartirlo. Un fuerte abrazo y mi voto

    • Nana

      16 mayo, 2016

      Eres muy amable, Julia. Gracias por semejante comentario. Nos leemos. Un fuerte abrazo 🙂

  8. irisdeasomo

    14 mayo, 2016

    Maravilloso Nana, un relato fuerte y preciosamente narrado. Cuentas con mi voto desde luego, saludos

    • Nana

      16 mayo, 2016

      Muchísimas gracias, irisdeasomo. Me alegro que te haya llegado mi forma de contar la historia. Recibe un saludo de vuelta 🙂

  9. veteporlasombra

    15 mayo, 2016

    Jo… qué pasión tan bien contada. Así, a cualquiera le dan ganas de que le chupen la sangre y de transparentarse ante los espejos. Un saludo…

    • Nana

      16 mayo, 2016

      ¡Qué bien es saber que te ha parecido que lo he contado bien! La temática pasión se me resiste innumerables veces, así que dudaba yo si había sido quién de transmitirlo debidamente. Para mí los vampiros tienen un toque de deseo, morbo, oscuridad y, sobre todo, tormento. Espero que se haya reflejado en el texto. Un saludo 🙂

  10. Elsa Eithne

    17 mayo, 2016

    Muy buen relato, mezcla de tensa intriga y terror. Enhorabuena y un saludo.

    • Nana

      19 mayo, 2016

      Muchísimas gracias, Elsa. Me alegro que te haya gustado. Un saludo de vuelta 😉

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