Sirenato (A partir de 10 o 12 años y para adultos, con notas de humor)

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Me llamo Nato, bueno, en realidad Sirenato, pero mis padres se quedaron descansando cuando me lo pusieron. Dicen que era por mi abuelo, por ser tradición, yo más bien lo considero una maldición. Lo mismo mi madre sufrió mucho durante mi embarazo y quiso vengarse, no sé, dicen que las mujeres embarazadas tienen caprichos y se molestan con nada, va a ser eso.

Para colmo de males soy un sireno, todos sabemos lo bien vistas que están las sirenas, tan monas ellas, como mi hermana Clara, que no la llamarían así por sus ideas, que son más bien oscuras. Ella es el prototipo de sirena monísima de la muerte, con su melena dorada flotando entre las aguas y sus largos collares de perlas. Seguramente el que dibujó la primera sirena la vio a ella, que es de esas de las que le gusta acercarse a cotillear a la orilla y probablemente que algún que otro bípedo, de esos que llaman humanos, la pilló y la pintó. Mirad si es presumida que, a falta de espejos, se pasa el día haciendo burbujas para ver su reflejo en ellas. Mis amigos dicen que está cañón, si nos ponemos a hablar de material explosivo, para mi es más bien un petardo, ¡un petardo de hermana!

Un día de esos que a mi se me ocurrió acercarme a la playa, no va a ser siempre la rubita de Clara, alguien me avistó y gritó:

– ¡Mirad, un Tritón!

Yo miré alrededor, buscando esa especie de lagartija acuática que a mi hermana tanto asco le da, feliz de poder lanzársela a la cabeza y verla saltar y retorcerse como al delfín más saltimbanqui. Me fijé un poco más y me di cuenta que me señalaba a mi. ¿Un tritón? ¿Yo? ¿Lagartijo viscoso me estaba llamando el patas largas? Me zambullí en el mar, me largué de allí y nunca más he querido ir a husmear a esa gente tan inculta, que confunde a un sireno con un reptil nadador.

La engreída de Clarita sigue yendo por la orilla. Dice que hay una leyenda en la que una sirena consiguió piernas y se fue con un precioso príncipe. ¡Ganas de vomitar me da esta niña! ¡Cursi como una mona pintarrajeada! Además del nombre, me tocó ser hermano de ella, yo soy de los que creía que las brujas no existen, pero con la maldición que me ha tocado me da que pensar.

Mi casa no es muy cómoda que digamos, es más bien fresquita porque nos ha tocado una cueva con doble entrada y las corrientes marinas se pasean allí como Pedro por su casa, como dice mi madre, que no sé quién ese Pedro del dicho, pero tuvo que ser uno que molestaba a más no poder, porque las corrientitas se las traen. Que alguna noche que otra tengo que dormir amarrado a mi concha-cama porque amanezco en la casa del vecino.

¿Qué pensáis que con todo esto ya tengo suficiente? ¡Pues no! Mi padre es perenne en la casa como las hojas de los abetos, sale menos de ella que la mesa del salón, que recuerdo que una vez se sacó a la puerta porque nos reunimos toda mi familia y mi casa es más pequeña que un estuche de lata. Siempre está ahí, entres por la entrada que entres, él te espera en ella. Parece que tiene un olfato ultrasensitivo y te huele desde kilómetros de distancia. Ya quisieran algunos tiburones tener la narizota de mi padre, que no se les iba a escapar ni una presa, por muy lejos que estuviese. Tengo la gran suerte de no haber heredado ese apéndice de mi padre, porque ya sería lo que me faltaba. Dicen que una vez tuvo trabajo, pero hubo una crisis y lo perdió todo. Mi abuelo trabajaba con él en el ayuntamiento. El está en otra cueva, con unos grandes barrotes, lo encerraron allí porque parece ser que se llevó no sé qué perlas del ayuntamiento en bolsas de basura y lo pillaron. Ya tuvo mala suerte, a ver a quien se le ocurre husmear en la basura de nadie, pues en la de él lo hicieron, seguramente alguien que tuviese una nariz como la de mi progenitor y se las oliese todas. Desde entonces, mi padre se siente culpable porque no lo cazaron a él y se ha auto encarcelado, para solidarizarse con el abuelo.

Mi madre en cambio se pasa el día chapoteando por los mares. Le gusta la calle como a un perro un hueso. Que si se le cae la cueva encima, que no aguanta más dentro… yo miro el techo y ni tenemos grietas ni nada, así que espero que sus sospechas no se cumplan. Al menos a ella no la pillaría el derrumbe, eso que os quede claro.

A falta de madre merodeando por casa tenemos a mi abuela, que hace por cuatro madres regañando al unísono y con megáfono. He escuchado que la gente mayor pierde el oído, pues mi abuela ha tenido que encontrarlos todos los que han perdido los demás, porque escucha hasta lo traspuesto, que parece ser que significa que escucha hasta lo que se habla por encima del mar. A ver si se entera cuando viene a la orilla el príncipe ese del que habla Clarita y se la lleva de una vez, que cada vez está más insoportable y me tiene más harto.

Y para rematar la faena, el bebé, Dieguito, el sireno más llorón que ha nacido en todos los mares, océanos y aguas varias. Comienza a berrear y no para en días, hasta mamando berrea, da un sorbo, vuelve a lloriquear y a sorber, y  así se pasa amamantándose tres horas. Mi madre se ha comprado un sacaleches de esos modernos, porque si ella se tiene que quedar tanto tiempo encerrada allí, comienza a dar alaridos parecidos a los cantos de las ballenas y en menos que canta un gallo tenemos una congregación de estos simpáticos pescaditos aplastándonos en poblado.

Mi padre, para acrecentar su autocastigo, se ha comprado un sostén donde se cuelga el biberón y se lo da, aparentando ser mi madre, el pobre Dieguito va a crecer con una imagen algo rara de la hembra sirena, con biberón en el pecho y bigotazo de acompañamiento. Que cuando termina el bibi no se limpia la cara con el babero, sino con el mostacho del padre.

Si los primos vienen de visita, la abuela nos echa a la calle, así, sin miramiento alguno, gritando:

-¡A incordiar a la calle, con la dichosa pelotita del señor!

Y yo me pregunto, si la pelotita es del señor y le da dicha, ¿por qué le molesta tanto? Lo mismo con los años la pobre abuela se lía con las palabras, que viendo a mi padre todo el día por casa persiguiendo a Dieguito con el sujetador puesto y el biberón asomando por un agujerito, se le va a ir la cabeza a la pobre mujer.

Mis primos son algo brutos, tanto, que traen balones de repuesto, porque mínimo estallan dos en cada partido. Y es que los desdichados no controlan la fuerza que les ha tocado. Nunca jamás discutimos, yo siempre les doy la razón porque si se enfadan, me dan una torta que se me cae la cola de pez de golpe y porrazo y me convierto al instante en uno de esos humanos de piececitos delicados que a la cursi de mi hermana le encantan.

Los partidos los jugamos en la superficie, lejos de la orilla, claro está. A veces se nos unen los delfines, que son juguetones. Si se suman tiburones debemos echar cuatro o cinco pelotas más, porque esos son peores que mis primos, pero nos dan pena, no vamos a estar siempre marginándolos por trastos y patanes. Y con esto de unirme con los más salvajes de todas las manadas, no ganamos para balones en casa, que mi padre no llegó a sacar tantas bolsas de basura del ayuntamiento como para pagar todos los balones del mundo.

A mi abuelo vamos a visitarlo de vez en cuando, mi abuela dice que disfruta viendo como crecen sus nietos. Al vernos llegar, grita a pulmón abierto:

– ¡Ay, mis nietecitos! Si no me llegan a engañar, ¡iba yo a perderme su infancia!

Y le caen unos lagrimones que hacen que suba la marea y todo, menos mal que nosotros estamos bajo el agua y eso no nos afecta. Yo me quedo pensando que debo buscar a los que engañaron a mi abuelo y ponerlos a ellos en su sitio. A ver si lo cogieron de cabeza de turco y él está encerrado mientras que ellos disfrutan las perlas esas del ayuntamiento. Y nosotros seguimos en la misma birria de cueva, así que muchas perlitas no se llevaría cuando no estamos en un cuevón del copón. Que yo a justiciero no me gana ni el Robin Hood ese inglés, que es otra de las historias que me cuenta Clarita de los humanos. ¡Que no le tengo que envidiar nada a un Petirrojo del Bosque, que yo soy un pedazo del sireno del mar! A mi las olas no se me resisten y a los tiburones los amaestro, así que tonterías a mi las mínimas, que mi abuelo es mucho sireno para que lloriquee como el crío de Dieguito. Así que viéndolo ahí, he tomado la decisión de buscar a los que lo engañaron, si no se me han escapado al Caribe con todas las perlas esas, que dicen que hay un banco de peces que es un paraíso, Paraíso Fiscal, lo llaman.

Y si os sigo contando más sobre mi familia, estamos aquí hasta que me haga adulto, que es larga como un día sin pan y una noche sin almohada. Así que a lo dicho, voy a sacar a mi abuelo de esos barrotes de barco hundido así como que me llamo Nato, bueno, Sirenato, pero olvidemos los horrores por un momento.

Comentarios

  1. Anakin85

    2 mayo, 2016

    Que bueno!! Me ha encantado Eli! Siempre me han gustado las sirenas y el toque que tu e has dado a esta historia está genial, me ha recordado mucho a los comienzos de Manolito Gafotas, jajajaja, el detalle de lo de las bolsas de basura me ha encantado, y ese odio a su hermana… Muy propio de un hermano pequeño, hasta que empezamos a madurar. En fin, Genial!! Te dejo mi voto y un saludo!.
    Por otro lado, si te gustan las historias con finales inesperados, te invito a que pases por mi perfil, seguramente te gusten «una menos» o «la dinámica del asteroide». Un saludo!

    • Miss_Eli

      2 mayo, 2016

      ¡Muchas gracias Ana! A mi me encantaba Manolito Gafotas. Me pasaré por tus artículos y disfrutaré un rato con la lectura, ya te dejaré mi opinión. Si te ha gustado este, te invito a que leas el de: ¡Mi madre es una bruja! Es del estilo, forma parte del primer capítlo de 13 y lo están ilustrando, lo publicaré en unos meses ya que todas las amistades que lo han leído me han comentado que les pareció divertido. Normalmente escribo para niños pequeños, cuentos educativos, pero en esta línea juvenil-adultos me siento más cómoda y soy más yo, que me encantan las bromas y paso el día diciendo «chalauras» (o tonterias, para el que no entienda este término malagueño, jeje).

  2. Mabel

    2 mayo, 2016

    ¡Qué bella historia! Un abrazo Elisabeth y mi voto desde Puente Genil

  3. Paqui Pérez Jiménez

    22 mayo, 2016

    Hola Eli, te conozco desde que eras un bebé y hay alguna foto por ahí contigo en brazos.
    Me ha sorprendido muchísimo verte y leer este cuento tuyo, que me ha parecido fresco y jovial, me ha encantado. Voy a ver si busco y leo algo más de lo que escribes; y para mi hijo de 12 años que espero que le guste como a
    mi. Enhorabuena.

  4. Miss_Eli

    22 mayo, 2016

    Hola Paqui, muchas gracias. Estaba en el Valle con mi familia cuando he leído tu comentario y todos me han dado recuerdo para ti. A ver si podemos ver esas fotos un día, que tú y tus hermanas me teníais de paseo todo el día, jeje. Si quieres leer algo para niños de 10 -12 años, mira el primer capítulo de: ¡Mi madre es una bruja del tren fantasma! Escribí finalmente 13 capítulos y lo están ilustrando, todos del estilo de Sirenato, con humor y doble sentido. Puedes ver más cosillas sobre mis cuentos o escribirme en Facebook: Miss Eli. Cuentos infantiles bilingües. ¡Saludos!

  5. Patry

    2 diciembre, 2016

    Me encanta, Eli. Qué risa al imaginar al padre, con el sujetador y el biberón colgando… jajajjaa. (Casi me recuerda a alguien que tengo sentado a mi lado jaja). En serio, me gusta mucho cómo escribes y la imaginación que tienes. Un saludo.

    • Miss_Eli

      2 diciembre, 2016

      Jeje. Cuando los niños son más grandes me gusta escribir con bromas. El de Mi madre es una bruja… del tren fantasma, que hay un capítulo por aquí, lo he modificado a petición de una editorial juvenil muy buena, estoy a la espera de una segunda lectura de lo que me pidieron que mejorara para los lectores de 10 años.
      Yo todas las tonterías que escribo las veo en mi cabeza, a veces me río yo sola y así la cosa se lía cada vez más, jeje.

  6. GermánLage

    3 diciembre, 2016

    Hola, Miss_Eli. Un derroche de fantasía, ingenio y buen humor a partes iguales. Muy logrado.
    Un afectuoso saludo y un voto.

    • Miss_Eli

      3 diciembre, 2016

      Gracias German, este es un realto para niños de más edad a los que estoy acostumbrada a dirigirme, por eso presento otro estilo, más humorístico.

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