Viaje en elefante

Escrito por
| 94 | 1 Comentario

Y me dijiste que me trepara al elefante.

Que los elefantes son grandes y que irías conmigo a recorrer entre las lianas los lugares más recónditos de las conciencias de los pequeños seres de esa selva humana que a veces tanto detestamos. Recuerdo que también me dijiste que adorabas los lentes, no solo por lo cegatona que me veía en las mañanas buscando alguna prenda a la hora de partir, o por lo grandes que se veían mis lágrimas a través de esas lupas cuando me hacías llorar.

Entonces sonreíamos con el balanceo del elefante que por caminos movedizos de lodo y pequeños escarabajos nos mostraba cuan grandes éramos entre tantas simplezas que bien sabemos son hermosas. Cada minúsculo tallo y cada tono de color entre las ramas enredadas nos brindaba un viaje a los diferentes mundillos que allí habitaban. Desde el recorrido de las hormigas hasta la suculenta morada del perezoso. Las peleas por comida entre leones y el frío de una cría de cabrito abandonado esperando por ser comido por algún puma.

Los movimientos de nuestro amigo de orejas grandes que tanto criticabas por ser gordo y arrugado habían hecho que mis lentes se cayeran y se hundieran en lo más profundo de una pequeña laguna de paso. Y opte por empezar a comprender desde lo alto y sin vista los pequeños mundillos de los que nos burlábamos con una mirada diferente.

El olor del agua putrefacta o el olor de manantial. Los sonidos del mono cantor en las mañanas que veíamos tan inútil cuando yo llevaba mis anteojos. Entonces ahora tú me lo contabas todo con detalles y te reías cuando inventabas historias salvajes que yo recreaba con mis oídos, mi olfato y los rastros borrosos que aún quedaban en mis pupilas.

Eras todo un narrador. Desde el color de las pestañas de la jirafa, hasta el andar de un estúpido pingüino, que bien sabía yo no estaba ahí. Sin embargo te creía. Desde el momento en el que decidí treparme al elefante hasta el fin de nuestro viaje en el que terminé por enterarme al ponerme mis lentes que nunca hubo elefante, ni selva, ni charco ni pingüino y mucho menos viaje.

Comentarios

  1. Mabel

    6 mayo, 2016

    Muy buen relato. Un abrazo Lore y mi voto desde Andalucía

Escribir un comentario

Uso de cookies

Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies, pinche el enlace para mayor información.

ACEPTAR
Aviso de cookies
Cargando…
Ir a la barra de herramientas