Ya es mía…

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In nomine dei nostri Satanas Lucifer exclesi,

in nomine dei nostri Satanas Lucifer exclesi…

 

Y así hasta tres… Aquel fue el final de la invocación, la llamada que le hacía al ángel del averno para que escuchara mis plegarias, mis plegarias arrastradas por el viento de la noche entre aromas de ceras derretidas. Me había costado mucho decidirme, pero definitivamente lo había hecho… Estos malditos celos me habían llevado hasta allí.

Nunca había destacado en nada, nunca me había sentido realizado… Desde pequeño siempre había sido el segundón, detrás de mi hermano Markus. El era tres años mayor que yo, mejor estudiante, mejor amigo, mejor hermano y mejor hijo… No había en él nada que no pareciese perfecto, pero sobre todas esas cosas, había algo en él que destacaba sobre todas las demás: Su gran habilidad con el piano. Markus tocaba ese instrumento desde los 5 años, y lo hacía excepcionalmente bien, según muchas lenguas parecía haber nacido para eso. Mientras, yo seguía solo y apartado, escuchando a diario todos aquellos halagos que nuestros familiares y amigos vertían sobre mi hermano, adulaciones que no hacían más que alimentar a mi corazón con una amarga desazón. Sé que resultaba chocante observar un tan evidente sentimiento de celos y envidia en un niño de tan solo tres años pero, esa era la pura verdad.

Un día, dos años después, decidí dar un paso al frente, dispuesto a ocupar mi lugar en aquel mundo que solamente idolatraba a los genios, a los que fueran capaces de hacer cosas que resultaran imposibles para otros y, para ello, me decanté igualmente por la música. Entre todos los instrumentos que encontré a mi disposición, elegí el violín, no porque solamente me gustara especialmente entre todos los demás, si no por suponía un reto para mí. El violín era y sigue siendo el instrumento más difícil que existe, y sobre el que sobrevolaban diversas y siniestras leyendas, asegurando que solo uno fue capaz de dominar dicho instrumento, pues siempre es él el que te domina a ti…

Nada más pedirlo, y seguramente por su sentimiento de culpabilidad por favoritismo, mis padres me obsequiaron con un atezado y hermoso instrumento. Durante días, noches, años… Estuve practicando con aquel violín, encerrado en mi habitación, hasta olvidarme de lo que era tener sensibilidad en las yemas de los dedos índice y corazón de la mano derecha. Mis allegados aseguraban que no se me daba nada mal, pero para mí no era suficiente… Mi hermano seguía eclipsándome de una manera feroz, y yo ya no podía soportarlo más…

Con el transcurso de los años, y tras haber tenido algo de reconocimiento entre los más entendidos del mundo musical, por fin llegó mi momento, el momento de suplantar a mi hermano, de ser mejor que él, de eclipsarlo… Una fuerte gripe lo había obligado a meterse en la cama precisamente el día que tenía que dar un gran concierto, lo cual no pudo ser. Entre delirios de fiebre me pidió que lo supliera, que eligiera una bonita pieza, y que la tocara ante el fiel público que lo había seguido durante tantos años, y ante el que tantas veces tocamos a dúo. Yo, por supuesto, no le iba a decir que no.

Elegí para la ocasión el capricho número cuatro de Paganini, una de las más difíciles partituras jamás compuestas, la misma que muy pocos han sido capaces de representar a la perfección. Aquello era perfecto, todo estaba saliendo redondo, era una señal… Aquella era la noche en la que me decidiría a hacer lo mismo que un día habría hecho el mismísimo Paganini, vender su alma al diablo…

Desesperadamente, y solo dos horas antes del comienzo del concierto, me sumergí en los más oscuros barrios de mala fama de la ciudad, buscando uno de aquellos lugares que solo frecuentaban gente extraña y aficionada a lo oculto. Por suerte, no tardé mucho en encontrar a una misteriosa mujer que me ofreció, por muy pocas monedas, llevar a cabo el ritual.

Y ahí estaba yo… Invocando al diablo, pidiendo intercambiar mi alma por lo que más deseaba en aquella vida, ser alguien, destacar en algo… Por un momento, durante tan tenebroso rito, me sentí avergonzado de mí mismo, y sería un mentiroso si no dijera que también sentí miedo. ¿De verdad necesitaba hacer eso para sentirme mejor? ¿De verdad era eso lo que quería? ¿Era lo correcto? Sí, desde luego que si…

Trascurrida una escasa media hora, la diabólica ceremonia llegó a su fin y yo corrí hacia el teatro. El concierto fue un verdadero éxito, simplemente espléndido… Las notas de Paganini eran arrancadas de mi cuarteto de cuerdas, una a una, de una forma maravillosa, con la musicalidad más perfecta que mis oídos hubiera oído nunca… Desde el principio me sentí flotar, como si estuviera soñando, muy seguro de mí… El violín y yo éramos uno, sentía que lo dominaba, su arco bailaba en mi mano como lo haría la mejor parea de amantes, sus cuerdas vibraban entre mis dedos de la manera más armoniosa, más virtuosa que había sentido jamás.

Durante mi interpretación podía ver los rostros de los presentes, la mayoría de ellos aristócratas para los que acudir al teatro era simplemente un pasatiempo, pero, a juzgar por la expresión de sus caras y el tamaño de sus ojos, aquella noche su visita a aquel edificio supuso más que una mera distracción. Solo cuando terminé y el teatro rebosó con aplausos de admiración, volví en mí. Jamás me había sentido tan vivo, tan lleno de júbilo, tan orgulloso… Lo había conseguido…

Rápidamente, nada más terminar la función, corrí hacia mi casa, ahora me tocaba a mí cumplir con mi parte del contrato… Sabía que él vendría, sabía que vendría a cobrarse mi deuda, y yo no quería hacerlo esperar. Apenas curzé unas palabras con mi mujer durante el trayecto de vuelta, ella me notaba raro, desde luego, pero había algo dentro de mí que me decía que era mejor que no supiera nada de lo que solo hacía un rato había hecho. Sus palabras de elogio, a las que solamente contestaba con movimientos de cabeza, no causaron la más mínima reacción en mí, estaba ausente, concentrado… En mi cabeza solamente había una cosa, pagar la deuda con la que esa noche me había empeñado.

Una vez llegué a mi habitación cerré la puerta con llave, dejé mi valioso instrumento sobre la mesita, no sin antes darle una última caricia, como agradeciéndole la gran noche que me había dado. A continuación, relajado, o intentando estarlo, me senté sobre la cama dispuesto a esperar, esperar… Intentaba mantener los ojos cerrados pero una misteriosa fuerza, posiblemente provocada por el propio miedo y nerviosismo que me invadían, me obligaba a mantenerlos abiertos. En silencio volví a observar aquel violín que descansaba sobre su estuche abierto, la luz de la luna parecía acariciarlo, como si por arte de magia se hubiera abierto aquella rendija entre las cortinas para dejarla pasar únicamente para él… Dotándolo de un aspecto fascinante, misterioso y único, pero a la vez siniestro… Tan siniestro que era capaz de provocar una cruel batalla dentro de mí, en el que el miedo y la atracción intentaban ganarse el mismo lugar en mi corazón, en mi razón…

Los minutos pasaban y nada ocurría, el sonido de las agujas del reloj caía sobre mí como gotas de plomo, cada vez más y más pesadas… Los rostros de los asistentes a la actuación volvieron a formarse en mi mente, tan claros como si volviera a tenerlos delante. Lo habían disfrutado, les había gustado, lo había hecho bien. Una fanfarrona sonrisa empezó a asomar en mis labios, empezaba a pensar y a sentir que aquello que acababa de hacer no lo había conseguido gracias a ninguna fuerza sobrenatural o diabólica, sino gracias a mí, a mi talento, a mis dedos…

El tiempo seguía pasando, convenciéndome, con cada segundo que pasaba, de mi propio talento natural, aquel que había llevado encerrado todos estos años anteriores, aquel que otros se encargaron de confinar con sus palabras adornadas de suspicacia. Hasta que, de pronto, pude sentir algo, las llamas de las velas comenzaron a parpadear y… A alargarse, como si algo fuera capaz de cogerlas de sus ardientes puntas y estirarlas.

Ya no estaba solo en la habitación… Por lo que agudicé mis sentidos todo lo que pude para que nada se adelantara a mí, para que nada me sorprendiera… Lo primero que pude percibir fue el sonido de una fuerte respiración que venía desde el rincón que quedaba justo detrás de mí. Lentamente, y aguantando la respiración, pues no quería que ningún otro sonido se interpusiera entre aquella respiración y mi oído, me fui girando. Lo que descubrí a continuación hizo que mi sangre se detuviera, y mi corazón se congelara… Aquel ser era lo más grotesco, terrorífico y espantoso que cualquier otra criatura protagonista de las peores pesadillas que cualquier mortal se hubiera atrevido a soñar jamás.

Su altura no era superior a la mía, pero gracias a los dos imponentes cuernos que brotaban de su frente, daba la sensación de que sí lo era. Sus manos, extremadamente grandes con respecto a su cuerpo, terminaban en uñas afiladas y negras cuya caprichosa forma las hacían parecer garras. Sus pies no eran pies, sino pezuñas de animal… Seguramente, de haber reparado más en ellas, hubiera podido compararlas con las de algún animal de la familia de los caprinos. Su rostro era simplemente indescriptible… Sus rasgos eran muy duros y profundos, sus pómulos estaban tan marcados que parecían incluso capaces de cortar el acero, y su barbilla, extremadamente larga, dotaba al perfil de su rostro con la forma de una media luna. Justo en medio de esa cara, de piel demoníacamente rojiza, dos ojos pequeños, tan rojos como lo debían ser las llamas del infierno, brillaban con malicia.

Durante largos segundo no reaccioné, era como si mi cuerpo entero se hubiera congelado. Pero no tardé mucho en arrodillarme delante de esa figura a pesar de la desilusión que no podía dejar de sentir al saber que había sido obra de él, y no de mi talento, el resultado de aquel maravilloso concierto.

—Lucifer, Rey de las tinieblas.—Le dije.—Te ofrezco mi alma a cambio de lo que esta noche has hecho por mí.

—No aceptar tu alma.—Me respondió el diablo, con una voz tan cavernosa que incluso retumbó en las paredes de la habitación.

—¿Por qué? Es un alma pura, ¿por qué no puedes aceptarla?

—Porque ya es mía…

Comentarios

    • Anakin85

      3 mayo, 2016

      Gracias Llamas! Conseguí entonces lo que quería, un final que impactara!.

  1. Mabel

    2 mayo, 2016

    Muy buena historia. Un abrazo Ana y mi voto desde Andalucía

    • Anakin85

      3 mayo, 2016

      Muchas gracias Mabel! Tu siempre con tus leales votos!

    • Anakin85

      3 mayo, 2016

      Gracias Claudio, me alega que te gustara, saludos a ti también!

  2. Juli

    3 mayo, 2016

    Buenísma historia, Ana, desde la caracterización del personaje hasta el giro del final… Sencillamente genial. Un gran abrazo !

  3. LluviaAzul

    3 mayo, 2016

    Amiga mía, maravilloso. Simplemente, me fascino. Un abrazo, fuerte.

    • Anakin85

      3 mayo, 2016

      Muchas gracias amiga Lluvia, un abrazo para ti también!

  4. veteporlasombra

    3 mayo, 2016

    Tienes oficio para escribir historias densas y tenebrosas. Lo de si el talento era debido al diablo o al propio virtuosismo del intérprete me interesó, como reflexión. Me recordó a esos equipos de fútbol que quieren ganar hasta haciendo trampas -ya ves tú, qué tendrá que ver una cosa con otra-. Uno siempre se puede engañar a sí mismo; hay quien hace trampas hasta jugando al solitario. Un saludo…

    • Anakin85

      3 mayo, 2016

      Muchas gracias! La mente humana es extraña, es como una carretera con muchas, muchas vertientes, y nunca sabes donde van a terminar tus pensamientos, o hacia donde te conducirá algo que has visto o leido, como eso que dices de los equipos de futbol, jajajaja. Me alegra mucho que te gustara, sobre todo mi reflexión, a veces confiar lo suficiente en uno mismo es lo que cuenta. Un saludo!

  5. VIMON

    3 mayo, 2016

    Excelente relato, Ana, de lo mejor que te he leído. Tan sólo una pregunta: no conozco el violín, pero como instrumento de cuerdas no sería lógico que las yemas de los dedos que más sufrieran fueran los de la mano izquierda..? Un fuerte abrazo.

    • Anakin85

      3 mayo, 2016

      Muchas gracias amigo Vimon! Todo un halago por tu parte! Me alegra que te gustara, en cuanto a tu pregunta, hay violines para zurdos, y yo misma quise que mi protagonista fuera zurdo, que usara la mano del diablo, para darle un toque aún mas oscuro aún, por eso señale lo de las yemas de los dedos de la mano derecha. Mi profesor del conservatorio (quien posiblemente haya inspirado esta historia), yo misma soy zurda y toco el violín, me dijo una vez que los violines cuyas cuerdas son pisadas con la mano derecha, y el arco sujetado por la izquierda, son los únicos que el diablo puede escuchar, eso me fascino…

    • Anakin85

      7 mayo, 2016

      Mil gracias! Eso era exactamente lo quebqueria conseguir, un final impactante.

  6. Poleth Morgal

    4 mayo, 2016

    Que buen relato, la manera en la que logras describir todo!. Soy nueva por acá, pero sin duda pasare a leer tus publicaciones, Te Felicito!

    • Anakin85

      7 mayo, 2016

      Muchisimas gràcies! Todo un honor que me leas! Un saludo!

    • Anakin85

      7 mayo, 2016

      Gracias Loremac, por supuesto que me pasare a leerte, un saludo!

  7. Reaper El Chivo

    5 mayo, 2016

    No hay duda de que es un relato trabajado. Hay partes que pueden pueden recordar a otras historias similares, pero no por ello le resta valor a este gran trabajo que ha tenido la amabilidad de compartir con la comunidad de Falsaria. Mis felicitaciones, un saludo y voto.
    Salud y suerte.
    P.D. Como músico me parece de suma importancia el hecho de ofrecer el a cambio del alma por volverse un virtuoso, como bajista, yo haría lo que he hecho siempre. Practicar como sino hubiera un mañana, proponiéndome a cada día nuevos retos.

    • Anakin85

      7 mayo, 2016

      Muchas gracias amigo! Si que es cierto que se ha escrito mucho sobre ese tema, pero mebparece tan atrayente que no lo pude evitar.
      Como musico también coincido contigo, no hay nada que de mayor satisfaccion que algo realmente logrado por tus propios medios y horas y horas de esfuerzo. Un saludo!

  8. Pedrinio

    5 mayo, 2016

    Un buen relato, aunque el final (pos-concierto en adelante) se me antoja un poco estirado, en largo y en pomposo. Supongo que es para crear una atmósfera de suspenso, pero creo que pierde un poco de efectividad. Igualmente, repito, es un buen relato.

    • Anakin85

      7 mayo, 2016

      Gracias Peregrino. Es la primera ves que escribo algo asi y realmente queria crear una atmosfera que acercara mas al lector a mi personaje. Un saludo!

  9. Beata Ignoranza

    6 mayo, 2016

    Me encantó. Brotó un dejo de identificación… Soy lo peor de mí, regalando eternidad a la ansiedad de lo mundano, provocado por la axiosignación ajena.

    • Anakin85

      7 mayo, 2016

      Muchisimas gracias Beata! Me alegra saber que consegui que algunes de mis lectores se sintieran identificados. Un saludo!

  10. Julia.Ojidos

    6 mayo, 2016

    Madre mía!!! impresionada con la historia, verdaderamente un texto de pluma dorada. Me encanta la caracterización de personaje. Un fuerte abrazo y gracias por compartirlo

    • Anakin85

      7 mayo, 2016

      Muchas gracias Julia! Los personajes envidiosos y caprichosos son mis preferidos, jajajaja. Un saludo!

  11. Bheltane

    6 mayo, 2016

    Ana me ha encantado, la atmósfera que creas, el suspense y ese impactante final, es maravilloso ver como manejas las palabras, como compones esa melodía que te atrapa desde el principio. Enhorabuena, mi voto y un abrazo.

    • Anakin85

      7 mayo, 2016

      Muchisimas gracias Bheltane! Crear esa atmosfera ha sido un nuevo reto para mi, me alegra mucho que te haya gustado! Un abrazo!

  12. gonzalez

    6 mayo, 2016

    Me gustó mucho, amiga Ana! Me quedo con esta parte, «la mayoría de ellos aristócratas para los que acudir al teatro era simplemente un pasatiempo» Te dejo mi voto y un fuerte abrazo!

    • Anakin85

      7 mayo, 2016

      Gracias Gonzalez! Pocas palabras para describir a la elite de època. Un abrazo!!

  13. Nana

    12 mayo, 2016

    Buen relato, Anakin. El final da para reflexionar. El personaje principal queda perfectamente retratado. Un saludo 🙂

    • Anakin85

      24 mayo, 2016

      Muchísimas gracias, Nana! Me alegra que te haya gustado! Un abrazo!

  14. Perro.Negro

    18 mayo, 2016

    Una historia diabolicamente buena y muy propia del ser humano…lleno de envidia. Sencillamente notable.

    • Anakin85

      24 mayo, 2016

      Mil gracias, amigo. La envidia y los celos son los que hacen funcionar el mundo, desgraciadamente, y nada es gratis…

  15. jon

    21 mayo, 2016

    Buenos días, querida amiga, quiero felicitarte por este trabajo publicado y que a nadie ha dejado indiferente.
    Creo que seguirás ofreciéndonos publicaciones fuertemente dotadas de ese interés que siempre suscitan cada uno de los siete pecados capitales; será un gran honor disfrutar de tu artifício para con las letras, eso sí, respaldada por tu inagotable fuente de imaginación.
    Un abrazo.

    • Anakin85

      24 mayo, 2016

      Muchas gracias por tus amables palabras, Jon. Siempre es un placer compartir cosas con todos vosotros. Un abrazo!

  16. Jose_Lobo

    22 mayo, 2016

    Muy pero que muy bueno Ana, aparte de excelentemente relatado muy bien documentado.
    Una vez más es un placer leerte. Bárbaro.
    Un fuerte abrazo.

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