Cáscaras vacías

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Me dijeron que no, y yo les dije que si.

Que lindo era estar en desacuerdo.

Me dijeron muchas cosas, pero todas eran o inútiles o aburridas. Se pararon un día frente a mí, y comenzaron su pequeño discurso. Lo que brotaba de sus labios era tan natural como una fruta de plástico. Un discurso forzado, el cual -erróneamente- suponían cierto. Y ahí estaba el problema: No se trataba de saberse acertado, el problema, en realidad, era negar la posibilidad de estar equivocado. El ego, supuse, iba de la mano de esas ilustres personas.

Querían decirme cómo vivir mi vida. Querían decirme qué hacer, qué no hacer, cuándo hacerlo, cómo hacerlo… y, sobre todo, con quién. Yo me reí y les conté una verdad tan simple como la vida misma: Cada persona era el resultado de las decisiones que tomó a lo largo de su vida. Por ende, una persona que simplemente se dedicaba a vagar por el mundo cumpliendo órdenes de otros (o, lo que es lo mismo, sin satisfacer ninguno de sus deseos) era una cáscara vacía, y yo no quería ser uno de esos. Les mostré todos mis dientes en una sonrisa mientras les explicaba que la vida se reducía a lo que hacías con ella, y yo no pensaba ser una cáscara vacía; No, yo prefería ser toda la maldita fruta, con semillas y jugo, y un buen sabor. Me miraron como si estuviese loco. Pobres hombres, débiles de espíritu.

Me dijeron, entonces, que no era correcto utilizar metáforas para explicar mi forma de ver las cosas. Que un hombre cuerdo no andaba por ahí hablando de cáscaras y frutas para referirse a los humanos. Les dije la verdad: Que me importaba poco, que yo era un hombre libre y que ésa era la única forma que conocía para expresar mis ideas. Que por eso quería irme. La única forma de aprender del mundo, de otras personas y de otras culturas era viajando, y no viviendo en la misma casa durante toda tu vida, con gente tan cerrada sobre su idiosincracia que no permitía ni la más mínima desvirtuación en el pensamiento de nadie.

Entonces, decidí zanjar la cuestión. Les repetí, por última vez, que había decidido irme a explorar el mundo. Les dije que el mundo era como un gran pasillo con puertas a ambos lados, y que toda mi vida la había pasado en la misma habitación. ¿Cómo iba a conocer cada una de las demás habitaciones si no emprendía la marcha? Debía darme prisa, recuperar el tiempo perdido. Debía abandonarlos, porque yo era un hombre libre.

Me dijeron que no, que de ninguna manera, que no iba a dejar ese lugar. Yo les dije que sí.

Que lindo era no ser una cáscara vacía.

Comentarios

  1. Luis

    10 junio, 2016

    Tremendo e impactante, tu relato. En realidad pienso que muchos de los problemas sociales e individuales- mucho más importantes estos últimos en mi opinión-, se solucionarían viajando, explorando, extendiendo las redes de pesca más allá de las calas exiguas de nuestra condición habitual. Un saludo con mi voto!

    • Juli

      11 junio, 2016

      Coincio con vos, Temor. Esa es una verdad sabida. Un saludo !

  2. LluviaAzul

    10 junio, 2016

    Juli, que hermoso no ser una cáscara vacía. Que hermoso, ser uno en medio de tanta chambonada.
    ¡Me encanto! Un abrazo, fuerte.

    • Juli

      11 junio, 2016

      Y si, lo que importa en realidad es cómo es cada uno, no cómo se amolda a los demás. Un abrazo !

  3. Princesa_Tarasca

    10 junio, 2016

    Los standares sociales pueden ser un peso sino eres lo suficiente fuerte para tomar tus propias desiciones. Excelente tema y el desarrollo fue buenisimo. Felicidades!

    • Juli

      11 junio, 2016

      Tal cual, la idea es no guiarse por esos estándares. Muchas gracias, un saludo !

  4. Mabel

    10 junio, 2016

    Todas las opiniones lo mismo que todo lo que se desea, somos nosotros mismos los que tenemos que solucionar y crear nuestra propia mente sin que nos digan o dejen de decir, cada uno tenemos que ir buscando nuestro sitio, claro está sin perjudicar a los demás, siendo consientes de lo que vamos a hacer. Un abrazo Julián y mi voto desde Andalucía

    • Juli

      11 junio, 2016

      Muchas gracias, Mabel, estoy totalmente de acuerdo con vos. Un abrazo !

  5. joshua67

    10 junio, 2016

    totalmente cierto, la vida es lo que nosotros decidimos paso a paso, nuestra vida la vivimos nosotros, no los demas.

    • Juli

      11 junio, 2016

      Exactamente, Joshua. Pero hay mucha gente que todavía no entendió eso. Un abrazo !

  6. gonzalez

    11 junio, 2016

    Excelente, amigo Juli! Me gustó mucho y coincido. Siempre intenté y, creo, logré vivir de esa forma. Me quedo con esta parte, «¿Cómo iba a conocer cada una de las demás habitaciones si no emprendía la marcha?» Te felicito. Mi voto y un fuerte abrazo!

    • Juli

      12 junio, 2016

      Muchas gracias, amigo. Es la mejor forma de vivir. Un abrazo!

  7. Poeta.Mandala

    11 junio, 2016

    Es muy bello y reflexivo. Excelente la metáfora de la cáscara vacía.

  8. Anakin85

    12 junio, 2016

    Me ha encantado tu relato, amigo Juli. Has sabido expresar muy bien como ven el mundo las personas «auténticas» que no se dejan llevar por los cánones típicos y aburridos de la sociedad. Nadie debería ser una cascara vacía, un abrazo y mi voto!

    • Juli

      12 junio, 2016

      Tenés toda la razón, nadie debería ser una cáscara vacía, pero hay tantas por ahí… Muchas gracias, Ana, un abrazo !

  9. jon

    17 junio, 2016

    Muy buen relato, querido amigo.
    Un abrazo enorme.

    • Juli

      27 junio, 2016

      Muchas gracias, Jon. Un gran abrazo !

  10. Meditabunda

    7 julio, 2016

    Yo tampoco soy una cáscara vacía: soy una fruta con semilla y jugo. Una fruta, que al igual que tú: quiere vivir su propia vida, sin que nadie le diga qué hacer?…

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