Catástrofe abrasadora

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| 20 | 1 Comentario

Soy nueva en esto. Espero que alguien llegue a leer este pequeño fragmento de mi novela :)

Leer aquí.

*****

 

El viento frío golpea su rostro con suavidad, atrayéndole el delicioso aroma de la lluvia, a tierra mojada… Levanta la mirada para cerciorarse y efectivamente. El cielo está tan obscuro como la noche, las espesas y cargadas nubes sobre ella le alertan que debe refugiarse antes de que comience aquella tormenta.

La corriente de aire cada vez se hace más fuerte, dificultándole caminar con rapidez. Hojas de papel se le adhieren a las piernas y el sonido de los truenos la embelesa. De un momento a otro puede escuchar aquella majestuosa tempestad que se acerca con brío, la gente grita y todos corren. Mientras ella, se queda observando como esa forma de embudo camina con elegancia hacia su encuentro, llevando todo a su paso. Detalla que no hay fuerza humana que pueda con tal magnitud, es sólo el tornado contra el mundo. Un mundo que no puede hacer nada ante la sublime naturaleza…

Unos brazos se ciñen en su cintura y la aleja del espectáculo, aún en estado de trance se deja llevar por aquella persona de increíble fuerza. Su mirada se encuentra perdida en lo más recóndito. Su vista se vuelve negra de repente y ahí es donde se permite reaccionar… encontrándose en un lugar muy obscuro y húmedo. Mira hacia todos lados para buscar con desesperación a la persona que la llevó hacia ese lugar, pero no logra ver nada.

— ¿Me buscabas? —Pregunta una voz que reconoce muy bien, esa voz que se ha adueñado de sus sueños y vida… perdiéndola del todo.

— ¿Saúl? —Pregunta Bárbara con sorpresa, se voltea y realmente allí se encuentra aquel hombre protagonista de sus sueños. Con esa mandíbula cuadrada repleta de vello facial, ojos azules y… ¿peinado de época? — ¿Qué hacemos aquí?

— ¿Estás loca? —Inquiere él al momento de tomar su barbilla para asegurarse que se encuentra bien, repasa con su mirada lo poco que puede ver con la poca luz que los cubre—. ¿Por qué no corriste? ¿Querías morir? ¡Qué bonita forma! —Le dice con ironía. En su cara se puede notar la desesperación y preocupación, además del miedo que dominan sus facciones. Su respiración es agitada, a lo que por la mente de Bárbara pasan el cómo se vería el hombre luego de una escena de caliente sexo. — ¿Estás ahí?

Ella sacude esos pensamientos y lo mira con una sonrisa, una muy extraña. Por lo que él se permite sonreír y negar con la cabeza. —Estoy bien. —Le respondió ella.

— ¿Qué hacías allí parada? —Pregunta el hombre con sumo interés. Pero en ese momento se escucha un fuerte golpe que los hace recobrar la compostura.

Ella con miedo se acerca hacia el cuerpo masculino y lo abraza, perdiéndose en aquellos brazos que ahora la están protegiendo de lo que sea que pase afuera. Su mente está cerrada. Afuera el viento sopla con potencia, se escucha el sonido de carros volcándose, madera romperse y árboles pitando por el vigoroso huracán. Además de muchos gritos, desgarradores y llenos de temor.

Pasan horas en lo que simplemente ellos se encuentran abrazados esperando que pase tal desastre. Sin hablar, sin moverse… sólo sus respiraciones son las que cada uno siente. El frío los apodera y los temblores comienzan en ella. Con preocupación, Saúl se saca aquel grueso suéter que cargaba para el rodaje de una película que estaba haciendo y lo envuelve en el pequeño cuerpo de la mujer. Quien simplemente se deja hacer y deshacer a su antojo. Es algo que realmente le impresiona. Puesto cuándo charlaron el estaba seguro que era una mujer valiente, que no le temía al mundo y a lo que ello conlleva. Y allí se encuentra, temblando de frío y en estado de shock.

— ¿Bárbara? —La llama sin poder evitar las ganas de hablar con ella. De saber más de ella.

— ¿Mm? —Es lo único que sale de los labios de la mujer, su mirada se encuentra en aquel pequeño espacio abierto, dándole la vista al cataclismo que afuera se está desarrollando.

— ¿Te encuentras bien?

—Sí. —Miente. Él frunce el ceño y aprieta la mandíbula con molestia, por su mente no cabe la menor duda que esta mujer no se encuentra bien.

—No mientas. —Le pide al momento de darle la vuelta para poder ver su rostro. Una mueca de dolor reina su cara cuándo ve los ojos de ella rojos y empapados. Sus labios están morados y temblorosos—. ¡Dios Bárbara!

Sin prestarle atención al clima de afuera, la carga y sale corriendo de aquel refugio. Su departamento se encuentra muy cerca de ese lugar, por lo que va rezando para llegar con vida y con ella sana y salva. La mujer se está congelando frente a él, quién no puede permitir eso cuando muy bien podría ayudar.

Mientras se desplaza por las calles abarrotadas de basura e inundaciones, piensa en lo que ahora mismo está pasando; deseando con todas sus fuerzas que sus seres queridos se encuentren bien y que hayan cogido el huracán en casa. Sanos y a salvo. Una calle antes de llegar a su casa, puede notar como el cuerpo de ella cada vez está más laxo, sus ojos están cerrados y su boca abierta.

— ¡Bárbara! —La llama, temiendo que esté en proceso de hipotermia—. ¡Despierta!

Ella no reacciona, simplemente se mueve al compás del cuerpo de Saúl, quien acelera más su paso para poder calentarla. Sus cuerpos se encuentran empapados y ahora mismo maldice el no haber hecho esto con anterioridad.

Cuándo llega al edificio donde vive, nota que está todo cerrado. Grita con fuerza para que Joel —su portero—, se digne a abrir. Pero nada pasa. Los truenos menguan sus gritos, por lo que se decide en darle patadas a la puerta, haciéndole sentir cada vez más cansado.

— ¡Señor Bécquer! —dice un muy asombrado Joel, abre con rapidez la puerta cuando nota que lleva el cuerpo de una mujer inconsciente en brazos—. Disculpe, pero el viento estaba demasiado fuerte.

—No sé preocupe Joel. —Le responde agitado. Corre por las escaleras y llega a su piso exhausto. Coloca a Bárbara en su sofá, el cual se empapa inmediatamente, pues el suéter que él le prestó era de piel muy gruesa.

Con el corte de electricidad y el ambiente aún frío, se agacha con desespero al cuerpo de la mujer para tomar su pulso, encontrándolo demasiado lento, por lo que recuerda… comienza a darle respiración de boca a boca con precisión, como bien había hecho en aquella escena. La diferencia es que ahora es muy real…

Comentarios

  1. Imagen de perfil de Mabel

    Mabel

    12 junio, 2016

    Una historia que impacta. Un abrazo y mi voto desde Andalucía. Bienvenida

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