Cronología de un solitario. Capítulo 1

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Durante estos últimos cinco años me he acostumbrado por comodidad, a bajarme en la misma calle, cuando viajo desde la Universidad, hacia mi hogar. Cinco años con los mismos horarios de viaje completamente iguales, salvo contadas ocasiones, en las que por motivos externos me tardaba un poco, tal vez una media hora. Ese momento oscilaba entre las 20:00 y las 20:30.

En ese período de tiempo esperaba el pequeño microbus en el que viajo durante la semana. Siempre eran tiempos frìos, ese dìa había un poco de niebla y una brisa suave a la vez que helada, que te acaricia la nariz y los ojos , dejándolos fríos. En ocasiones había que esperar más de lo normal y sólo quedaba aguantar, mirar el parpadeo de los semáforos mientras enciendes un cigarrillo, notar que la niebla se tornaba verde y rojo en intervalos perfectos. Miraba el tendido eléctrico, una maraña de unos cuantos cables que me hacían pensar en el pobre personaje que tenía que trabajar en ello. En la calle siguiente podìa ver una bencinera por la que siempre paso a través, y no rodeándole, ya que me gustaba el ambiente que se vivía ahí, y además rezumaba olor a máquinas. Mi trabajo esporádico como ayudante de mecánico me hizo tomarle aprecio a esa mezcla de aceite, lìquidos varios y combustible. Observo el cigarrilo que ya va en la mitad, me arreglo la mochila y miro por la infinita calle con la esperanza de divisar el microbus. Nada a la vista, sólo una persona caminando en dirección contraria, que probablemente pasò por mi lado y no vi. Miro el reloj, 20:17. Podría llegar a casa en unos veinte minutos con este tráfico, cenaría con mi familia mientras reclamo lo que veo en los noticiarios, cada día mas alarmistas y desagradables. Luego podría leer un poco, antes de ir a recostarme y evitar en lo posible quedarme dormido con toda la ropa sobre la cama. Sonaba como un buen plan, ya estaba comprobado hace un buen rato. Apago el cigarrillo, lo envuelvo en unas hojas de cuaderno y lo guardo en la mochila para poder tirarlo en algún basurero, porque ni señas de uno en mi radio de visión. Observo nuevamente la desolada calle por la que debería llegar lo que espero y no veo nada. 20:20, sigue siendo un buena hora.

Me siento en el borde de un ventanal de una empresa financiera, que está atiborrado de publicidad. Me habla de gente sonriendo con un auto último modelo, y una familia que parece provenir de Alemania. Supongo que si pido un crédito con ellos sonreiré de la misma manera vacía y retocada, no me agrada la idea. Sólo quiero mi transporte ya que empiezo a sentir el frío rasgarme la piel. Me incorporo desganado ya por el frío y observo a lo lejos las cinco luces que siempre llevan estos microbuses, las reglamentarias y la del letrero. Observo el semáforo que está sobre mi y su incandescente rojo me dice que podré abordar sin problemas. Veo en la calle unos peatones cruzando en el paso de cebra, retrasando la máquina. Siento un pequeño click y de pronto la niebla se torna verde. Apelaré a la humanidad del conductor y esperaré que se detenga. Saco mi credencial de estudiante, me quito un audìfono y levanto mi mano derecha. Veo al conductor con su impasibilidad y parsimonia estacionarse frente a mi y tardar un poco en abrir la puerta. Abordo, saludo, sonrìo, muestro la credencial con una mano y el dinero justo en la otra, el conductor no me mira, estira su brazo y recibe el dinero con su mano que se siente como si estuviese blindada. Como si todo el tiempo que llevara en este noble trabajo hiciera que sus manos y el volante se fusionaran, una especie de simbiosis hombre-máquina. ¿De qué otra manera podrían conducir de esa manera tan osada, pretenciosa y desagradable? El semáforo sigue en verde, el bus gira a la derecha por la avenida principal y se observa el fulgor verde en la calle siguiente. Ya sé lo que viene, pero esta vez me tomó por sorpresa.

Me giré para buscar mi lugar favorito, doy un paso y lo veo vacío. Entonces sonrío.

Comentarios

  1. Imagen de perfil de Mabel

    Mabel

    12 junio, 2016

    Muy buena historia, me encanta. Un abrazo y mi voto desde Andalucía

  2. dana

    13 junio, 2016

    Excelente tono narrativo, me gustaría saber mas sobre el autor. Me pregunto si le gustaría hablar de literatura.
    Enhorabuena

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