Abordé el tren temprano esa tarde. Como cada dia, desde que recuerdo, me dirigía a casa después de una agotadora jornada laboral. En la oficina, la reverberación de la pantalla de la computadora me irritaba los ojos, además de que el brazo derecho se me dormía desde el hombro y sentía la mano como si trajera mil hormigas. En la parada del metro, la ancianita pordiosera a la que siempre le daba limosna me había mirado con lástima, como si yo fuera el desposeído y no ella; tal vez había visto en mis ojos el cansancio acumulado de tantos años de trabajo infructuoso, estéril.
El tren iba lleno y arrancó bufando, como una locomotora antigua. Los pasajeros que no alcanzamos asiento nos movíamos cual naves en medio de una tormenta y terminábamos restregándonos unos contra otros cada vez que la bestia se detenía. En aquel vaivén enfurecido, a mi mente venían recuerdos de la infancia que me llenaban de nostalgia: rememoraba el transporte escolar donde los niños charlábamos inquietos y entonábamos canciones, contentos de llegar a casa, donde nos esperaba una sopa caliente y una madre cariñosa.
El monstruo de acero se tragaba los kilómetros a una velocidad asombrosa, Sin que yo supiera cuándo, el vagón se fue quedando sin gente. Poco a poco fueron apareciendo asientos vacíos por doquier. Ni el conductor ni el megáfono habían anunciado parada alguna, o no los oí: la verdad, nunca sentí que el tren se detuviera. Entonces miré por la ventana y ví que ya no circulábamos por la ciudad, todo era campo.
Los árboles y los arbustos pasaban frente a mis ojos a una velocidad alucinante. No se veían casas ni edificios y a lo lejos pude vislumbrar una larga cadena de montañas. Hubiera querido preguntar sobre nuestra ubicación y destino, pero entonces me percaté de que estaba sólo. En aquel vagón no había nadie más.
En otro tiempo, ante una situación como ésta hubiera reaccionado distinto: gritando, pidiendo auxilio, intentando saltar del convoy o buscando la barra del freno para intentar detenerlo. Ahora me sentía diferente: una extraña tranquilidad se apoderó de mi mente y me hacía sentir bien.
El tren seguía su camino cual potro desbocado y yo empecé a sentir la alegría de la libertad recuperada. El alborozo de la liberación. Una hilaridad interna me inundó el pecho y me proyectaba a disfrutar de aquella carrera desenfrenada.
Entonces vi el muro que se precipitaba vertiginoso hacia nosotros y me sentí totalmente dichoso…





Mabel
Siempre vemos una luz al final del camino. Un abrazo Vicente y mi voto desde Andalucía.
VIMON
Gracias por tu visita, Mabel. Un abrazo.
José María
Retorno a Falsaria después de tanto tiempo, y justo me estreno con este viaje en tren hacia la libertad. Un abrazo Vicente!
VIMON
Me alegra tu regreso, José María. Mil gracias por tu visita y un abrazo.
Charlotte
Se me ha acelerado el pulso como si estuviera subida a ese fantástico tren y me hubiera encontrado ante el muro. Buen micro, Vicente. Un abrazo
VIMON
Gracias por tan lindos comentarios, Anita. Un fuerte abrazo.
jon
Me tienes que pasar el horario. ¡Me encantaría hacer ese viaje!
Buen trabajo, amigo Vicente.
VIMON
Es el Expreso de Medianoche, amigo Jon, que pasa siempre a horas indeterminadas…Muchas gracias por tu visita y un fuerte abrazo.
LluviaAzul
Querido Vimon, ese tren me acelero el pulso. Esa sensación de libertad, es fantástica. Un abrazo, fuerte.
VIMON
Me alegra que te haya gustado el relato, Lluvia, y esa sensación de libertad que todos anhelamos. Mil gracias por pasar y un fuerte abrazo.
gonzalez
Me encantó, amigo Vimon! Esta parte es increíblemente cierta, “En aquel vaivén enfurecido, a mi mente venían recuerdos de la infancia que me llenaban de nostalgia” Creo, nos pasa a todos. Te felicito! Mi voto y un fuerte abrazo!
VIMON
Que bien que te gustó el relato, amigo González. Gracias por tu lectura y comentarios. Un fuerte abrazo.
arcano
Enhorabuena por el micro, Vicente, y una bonita escapada en tren. Todos soñamos cuando viajamos en tren con escapar de la rutina que nos agobia. Mi voto y un saludo.
VIMON
Así es, Alberto, mucha gente fantasea con la idea de a libertad. Gracias por tu visita y comentarios.
Magali.Barletta
Qué placer leer este relato. Felicitaciones. Un abrazo.
VIMON
Me alegra que te haya gustado, Magali. Gracias por tu visita y un abrazo.
Beatriz Álvarez Tostado
Me gusta mucho este micro, VIMON! Una analogía muy buena de la vida, bueno, así la percibo. Los movimientos bruscos del tren, los acontecimientos que no nos percatamos, los momentos de nostalgia, pudiera seguir mencionando más detalles de tu excelente micro pero prefiero felicitarte y emitir mi voto junto con un abrazo regio.
VIMON
Muchas gracias Betty. Una abrazo.
Loremac
Un viaje lleno de imágenes en su devenir, mi voto y felicitaciones querido VIMON!!!
VIMON
Muchas gracias, querida Lore. Un abrazo.
Per
Lindo viaje, como el que me trae acá de vuelta por Falsaria… Abrazos y felicitaciones, amigo.
VIMON
Bienvenido de regreso, amigo Per. Un abrazo.