Me senté en un taburete, lejos de la multitud. Me sentía sola, desamparada. ¿Quién iba a amarme, si ni yo misma me amaba? Me enfundé los cascos, evadiéndome del mundo. Tal vez la música quisiera casarse conmigo, y si no era así, acabaría sola. Pero poco me importaba.
Mireia Oliver




Mabel
Muy buen relato. Un abrazo Mireia y mi voto desde Andalucía
Temor
Es bueno y sumamente complejo quererse; saludos y mi voto, Mireia!!