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¿Dónde están los colores que recuerdo?, el marrón de la tierra húmeda, el verde en los ojos de mi amada bajo el azul del cielo infinito, el rojo de la sangre que recorría mi frente… ahora todo torna en un gris encarnecido, donde las sombras brillan sin luz que las proyecte.
El silencio lo envuelve todo, mi voz ya no es más que ruido.
Una presencia le roza por la espalda y abrumado se exalta al comprobar que una sombra destaca sobre todo lo que le rodea alejándose, esta es alargada, casi uniforme, pero ante su uniformidad una sensación de contorno humano lo envela.
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¿Eres tú?
El silencio se vuelve respuesta.
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Entonces… ¿eres tú?- silencio y nada más. Respira, toma aire, y grita- ¿Por qué nadie ha venido a buscarme?
La sombra se detiene, la veía de espaldas, aunque resultaba difícil saber cuál de las dos partes que veía era la espalda, dudaba en sí mismo de ver solo dos partes, puede que tres, puede que ninguna.
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Puedo ser tu guía si lo preferís, mis pasos son fáciles de imitar, camino lento, pero nunca he llegado tarde a donde me esperan, en cambio tú esperas a alguien que nunca vendrá.
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¿No eres la muerte que me lleva al cielo? O, al infierno…
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El olvido ya te ha encontrado. Ahora ve la realidad.
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No veo realidad en lo que me rodea, no veo casas ni colinas, ni siento sabores en mi paladar. Creo que estoy olvidando el sonido del mar y de sus olas.
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El ciego nunca ha visto la realidad, solo puede sentirla y escucharla.
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Aquí no hay nada que escuchar más que nuestras voces, y aun así resultan desentonadas.
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Porque aquí nadie tiene nada que decir, solo siguen las huellas que yo he dejado atrás.
Se acerca tímidamente a la sombra, por cada paso que daba ésta ganaba más altura. La sentía tan humana.
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¿Fuiste humano alguna vez?, ¿viviste con nosotros?
La sombra empezó a caminar, las voces simplemente salían de ella como humo que se escapa.
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¿Acaso lo fuiste tú alguna vez?
Calló, caminó lentamente observando lo que le rodeaba, formas uniformes que empezaban a moldearse en su mente, empezaba a ver belleza en las cosas, pero las sentía demasiado lejos de él, y entonces llegaron a un gran pozo con agua negra como el carbón.
La sombra se detuvo y se introdujo en el pozo. Poco a poco su cuerpo se fue hundiendo, hasta que, antes de desaparecer ante su mirada, vio su propio rostro reflejado en la uniformidad de su cabeza. Durante un segundo la sombra lo observó hasta desaparecer bajo las oscuras aguas.
Y volvió a sentirse solo. Mirando el pozo oscuro, envuelto en carne y luz.
Un cuenco de pequeño tamaño de madera emergió hasta flotar sobre la oscuridad.
Se acercó al pozo y no pudo ver reflejo alguno en él, pero no le asustó. Llenó su cuenco del agua y lo sorbió con suavidad.
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Me siento entre los brazos de una madre. Me llaman desde el otro lado pero solo se gritar, siento que no quiero avanzar, aquí todo tiene su forma, su propia belleza. No quiero morir.
Algo le llamó, una voz, quizás un sonido, pero emergía desde el fondo del pozo. Volvió a mirar su reflejo, y bajo el agua oscura su propio rostro se veía en toda su forma clara como la luz, pero empezaba a desvanecerse, el rostro de la sombra le observaba desde la profundidad. No quería perder de vista lo único que reconocía, sintió una lágrima, pero puede que sea el viento, luego gritó, y sintió un estruendo disonante.
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¡No desaparezcas, no te alejes de mí!
Sus palabras mudaron en llantos.
La luz le envolvía, pero lo que ansiaba se encontraba inmerso en la oscuridad. Se introdujo en el pozo, busco en el agua el rostro intangible. Y al no encontrarlo se hundió para morir.





Mabel
Me encanta la historia. Un abrazo y mi voto desde Andalucía. Bienvenido
Dante
Muchas gracias, Mabel. Encantado de estar aquí.
Claudio_3
Muy buen relato, me gustó más que el partido Polonia contra Suiza. Saludos y mi voto.