Su reloj biológico se paró. La impotencia se apoderaba de todos y cada uno de los presentes, que de sobra conocían la inexistente probabilidad de reversión. Era el momento más insensible de la vida, para uno y para todos. Insensible, inútil, incapaz, indefenso, impotente. Hasta aquí la evolución había dictaminado nuevas normas, valores, patrones cuya sensiblería era a veces castigada por los más cavilosos. El cambiante entorno gobierna. Las sensaciones, la delicadeza, todo se desvanecía en el tiempo. Y así era el final, ni mustio ni amargo, ni próspero ni generoso, un vacío final.
lnanta




Mabel
La vida tiene sus momentos, momentos llenos de felicidad, amargura y muchas cosas más. Esos elementos que le dan cabida a nuestro ser y que en muchas ocasiones no lo valoramos como quisiéramos. Un abrazo y mi voto desde Andalucía
Claudio_3
Buen micro. Felicitaciones y mi voto.
Elsa Eithne
Buen relato, me ha gustado la descripción del paso del tiempo y la reflexión que acompaña. Un saludo.
VIMON
Buen micro.