Noche de Jazz

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Me encuentraba en un bar peculiar, uno en el que pasaban jazz. No hacía mucho que lo frecuentaba, que degustaba buenos tragos y engatusaba mis oídos con música de épocas mejores. Vestido elegante, como me gusta, y disfrutando entre picoteos el cadáver de lo que horas atrás había sido mi cena, me detuve a observar a una hermosa muchacha de cabello negro.

Buen físico, de cabello largo y piel blanca. No es del tipo de mujeres que más me gustan, pero para ser un ocho y ser morocha, captó mi atención con creces. Estaba en la barra, escribiendo en su celular. Sola, de ropa acorde al ambiente, relajada, como si estuviese esperando a alguien. La miré un par de veces, de arriba abajo y viceversa. Cuando creía que me había detectado, y con un poco de vergüenza, disimulé ante las apariencias y tomé el menú.

Con una cena no muy abundante, deliciosa pero extremadamente cara en relación a la porción servida, mi estómago me pedía algo más. Lamentablemente no podía ser la muchacha. Sin embargo, para acompañar mi trago, opté por unas papas con queso. La foto de las mismas en la carta consiguió transmitir el mensaje.

Era la primera vez que optaba por quedarme en un lugar más tiempo que mis amigos y amigas. Mi grupo social se había retirado alrededor de las dos de la mañana y el reloj ya marcaba las tres y media. No sé si habrá sido por la música, un algo interior o qué pero aguanté la noche en compañía de mí mismo.

Volví a ojear si la chica seguía en la barra. Para mi desilusión ya no se encontraba allí. Mi ánimo era el mismo, calmo, con aires de cierta resignación. Sin embargo, en el fondo creía que existía un cierto motivo por el cual esa joven había llamado poderosamente mi atención aunque yo le atribuyera una mucha menor. Creo que la conocía.

Y efectivamente así era. Repentinamente miré a mi lado y nuestras miradas se cruzaron. No supe qué decir o cómo reaccionar hasta que la inercia y protocolo me guiaron a los pocos segundos. Era una vieja compañera de la universidad, una conocida. Una sola materia, una vez a la semana durante cuatro horas. Sí, italiano. Ya lo recuerdo.

Ella dudó. La imité hasta que rompí el hielo. Cuando ambos nos quisimos dar cuenta ella estaba sentada junto a mí compartiendo mi ración de papas. Le invité una bebida.

Por raro que pareciera ella también se había quedado sola. Quería escuchar una banda más antes de irse. Una amiga la aguardaba en su departamento, no tendría que viajar en tren y colectivo hasta su casa en zona norte. Y así, poco a poco, fuimos recuperando la memoria.

Camila era su nombre. Estudiaba edición, de simpáticas reacciones e interesantes hobbies. Al menos eso es lo que me viene a la cabeza. Sí. Ella escribía al igual que yo. Tenía su blog privado donde subía sus cosas aunque nunca pude leerlo.

No sé si habrá sido el ambiente o qué pero era la primera vez que estaba tan relajado y a gusto con una desconocida, o para ser más exactos, con una persona de la que poco registro me quedaba. Fue raro pero, conforme la noche se extendía más y más, sentía que la hubiera conocido de toda la vida. Como si la hubiera visto el día anterior. Bella e interesante experiencia.

Conseguí su número telefónico, su mensajería y red social a cambio de los míos. La bebida me jugaba un poco a favor tanto por su estado de ebriedad como por el propio. Ni muy lúcidos ni muy demacrados entablamos y logramos mantener una buena conversación. Preguntas de todo tipo se desataron en esa pequeña mesa de bar. Y, cuando sentí esa sensación que uno padece cuando está soñando, decidí besarla para comprobar si en verdad estaba allí o nada era real. Sabía que era real pero a la vez quería demostrarme que tenía razón, que no era un sueño. Esos razonamientos de cuando se está inmerso en la felicidad etílica.

Ella dudó un poco cuando me vio acercarme pero con una sonrisa no se resistió a nada. Al son de la música nos besamos y acariciamos un poco. Sonreíamos como tontos, como si fuese la gran cosa. Las cosas estaban saliendo maravillosamente, muy bien para variar. Y, aunque no quería pensar en ello y vivir el momento, ese estigma de realidad e irrealidad conviviendo me desviaban del placer.

Cuando percibí que ella notaba lo que pensaba me replicó. Esa fue la chispa que necesité para ignorar mis pensamientos y seguir adelante. No tenía mucho efectivo en mi billetera, ya no me quedaba casi nada. A ella le sobraba un poco. Unos muchachos le habían invitado unos tragos unas horas antes sin conseguir lo que buscaban: ligársela.

Esa rivalidad inútil, ese sinsentido masculino, me motivó. El saber que yo me encontraba donde otros había fracasado me entusiasmaba. No quería apresurarme. Yo con las mujeres era y soy de esa manera. Por momentos soy atolondrado, apuro las cosas y lo arruino. Esta vez, y como en todas las demás, me comportaban lo más comprensivo, simpático y cariñoso posible pero midiendo mis actos. Deseaba tener la chance de volver a salir con ella. Quién sabe. Quizás de estrechar un vínculo íntimo más adelante. Pero esas ideas tan estúpidas sólo se me ocurrirían, y se me ocurrían, a mí con cualquier mujer hermosa con la que intimase o me llevase bien al poco tiempo de conocerla. O reconocerla.

Fue muy extraño todo. Pero esa misma noche, casi llegando a la mañana, cuando el cielo nocturno se tornaba anaranjado por el salir del sol, acabamos juntos en un hotel transitorio. La fiesta que celebramos allí no tiene descripción. Y si la tuviese preferiría guardármela para mí, curiosos lascivos.

Luego del cielo, de esa magnífica noche, esos tragos y ese cuerpo tan…dejémoslo ahí. Al amanecer, creyendo que despertaría con un poco de resaca, con una chica de cabello negro a mi lado, quizás con ropa interior o sin ella pero recostado en una cama de rojas frazadas, me topé con la realidad.

Estaba en casa, la que comparto con mi padre y su mujer, recostado en la litera baja de mi cama marinera. No había música de fondo, no tenía compañía alguna ni resaca. Encima, para terminar con broche de oro, aún continuaba estudiando historia en la universidad.

Comentarios

  1. Imagen de perfil de Mabel

    Mabel

    14 junio, 2016

    Un sueño muy agradable, que te invita a más. Un abrazo Rodrigo y mi voto desde Andalucía

  2. Imagen de perfil de Anakin85

    Anakin85

    16 junio, 2016

    Que buen relato, me ha enganchado desde el principio, el lenguaje que usas esta genial. Un saludo y mi voto!

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