Pensamientos encadenados

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Sentado a la mesa abrió su navaja y comenzó a mondar la pieza de fruta. Recordó cómo, cuando eran pequeños, se quedaban absortos observándole, como si asistiesen a un ritual o a una ceremonia antigua. Ensimismados seguían minuciosamente con la mirada los cortes que iba haciendo, cada uno en su preciso lugar, introduciendo el filo lo suficiente para rasgar la piel pero sin llegar a romper los gajos, y al mismo tiempo la naranja iba girando entre sus dedos. Y cuando por fin la fruta quedaba desnuda, la desgajaba despacio y con cuidado, y les miraba sonriente. Podía ver el nerviosismo en sus ojos, contentos de que nada se hubiese malogrado y esperando ansiosos su ración.

Y de ahí se encontró pensando que hacía mucho tiempo que había dejado de ser el superheroe que ellos creían que fue, cuando eran tan inocentes, tan lógicos a su manera, sincera y sin malear aún. Luego, con los años, los papeles se fueron invirtiendo, de forma gradual, aunque alguna vez, inevitablemente, hubo brusquedad. Era él el que se quedaba atónito con sus originalidades, el que calladamente iba arreglando y adecuando sus razonamientos influenciado por los de ellos. Pero no todas esas nuevas ideas eran de su agrado. Había algunas que no estaba dispuesto a cambiar. Costumbres que no quería abandonar y que era su intención perpetuar. Son trivialidades, le decían ellos. No para mi, replicaba él.

Dejó la naranja pelada sobre un cuenco y dirigió una mirada hostil al tetrabrik que le habían dejado esa mañana sobre la encimera. A su lado sentado su nieto, impaciente por recibir sus gajos henchidos de zumo, mirando cómo sus huesudos dedos los iban separando sin romper.

 

Comentarios

  1. Mabel

    3 junio, 2016

    Muy buen relato. Un abrazo y mi voto desde Andalucía

    • JGulbert

      30 julio, 2016

      Muchas gracias por el comentario Sr.Cósmico. Un saludo

  2. gonzalez

    29 julio, 2016

    Me gustó mucho, Jgulbert. Me quedo con esta parte, «Costumbres que no quería abandonar y que era su intención perpetuar» Te dejo mi voto y un fuerte abrazo!

    • JGulbert

      30 julio, 2016

      Gracias gonzalez. Te quedaste con una buena frase, para mi tiene un significado especial. Un fuerte abrazo!

  3. Luis

    29 julio, 2016

    Impactante, con una expresividad parecida a la de Camilo J. Cela, en La familia de Pascual Duarte, no sé, algo de tu texto me recordó la imagen doliente de aquella perrita flaca y flácida de la monumental novela de Cela. Un saludo con mi voto!

    • JGulbert

      30 julio, 2016

      Muchas gracias por tu comentario Temor. Ya me gustaría, … pero me conformo con lo que hay. Un placer saber que te ha gustado. Un fuerte abrazo.

  4. Albatros Negro

    29 julio, 2016

    A que los ancianitos. Como cambiamos los jóvenes con el paso del tiempo. Creyéndonos plenamente auto suficientes. Negándonos a su sabiduría por el orgullo de ser maduros a nuestros ojos. Si viéramos el equilibrio de ser adultos. Aprovecharíamos mejor la vida misma con sus consejos. Bueno, eso fue lo que me inspiraste a decir. Tienes mi voto.

    • JGulbert

      30 julio, 2016

      Gracias por tu comentario Albatros. Exacto, creo que con los años se ganan experiencias, y de ellas se extraen enseñanzas. Cuando vas, ellos ya están de vuelta. Probablemente hayan transitado ya ese camino, y posiblemente varias veces. Deberíamos considerar sus consejos. Un abrazo y de nuevo gracias por comentar.

  5. Lourdes

    16 agosto, 2016

    JGulbert, gracias!, me has transportado a la niñez. Mi abuelo solía pelarme las naranjas y siempre estaba expectante por si la espiral que formaba la cáscara se rompía, pero eso nunca sucedió. Para mi era un poco maravarísta. Ahora yo siempre intento sacarla entera, pero no tengo tanta habilidad.
    Me ha encantado tu relato!. Un beso

    • JGulbert

      17 agosto, 2016

      Hola Lourdes, qué bien que te haya gustado el relato y te haya traído buenos recuerdos!. Si, yo también me quedaba fascinado viendo como mi abuelo pelaba las naranjas, todo un arte :-). Un beso

  6. veteporlasombra

    27 diciembre, 2016

    Qué hermoso lo que has descrito: la infancia, el crecer, el paso del tiempo, la vejez, la relación padre hijos, los niestos y los abuelos, las costumbres, el ritmo lento, la no renuncia a uno mismo… Y en un texto tan breve… Me ha recordado tanto a las películas de Kore Eda, mi director de cine favorito… O a alguna película de Naomi Kawase. Mi más sincera admiración a éste tu breve relato… Un saludo.

    • JGulbert

      29 diciembre, 2016

      Un placer que te haya gustado. Muchas gracias por el comentario. No conozco a Kore Eda ni a Naomi Kawase pero voy a buscar algo de ellos. Ya te comentaré… Un saludo

  7. Manger

    8 mayo, 2017

    A esto se le llama profundizar en lo que ve, y saber describirlo es de talentosos. Mis saludos cordiales.

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