Un hombre de pelo canoso pero bigote negro se encuentra en un sótano iluminado por tubos fluorescentes de baja intensidad. Tan baja, que las polillas pasan de largo en busca de emociones más fuertes acariciando el aire con su flipflap. El lugar está lleno de probetas, recipientes de las más variadas formas y aparatos sobre las dos mesas paralelas y alargadas. En las estanterías, libros y enciclopedias se amontonan en desorden, así como sus contenidos. También hay modelos de trenes en miniatura, una colección de estatuillas de búhos y un póster enorme que ocupa casi toda una pared representando el Grabado Flammarion, que no puede dejar indiferente a nadie.
Está manipulando unos vasos que contienen líquidos de colores que vierte al interior de un coco a través de una pajita metálica. Después de haberse inventado sin éxito unas unidades mentales para conseguir algo de financiación para el proyecto de su vida, ése que le quita el sueño y motiva cada parpadeo sobre sus ojos, el experimento que se trae entre manos es esencial para continuar con el favor del presidente. El sudor se le escurre canalizándose por las arrugas que irrigan su frente irregular. Ya casi está, extiende la mano y coge un poco de canela en polvo y la mete dentro de la cáscara utilizando una especie de pera especial parecida a la que usan los fotógrafos para limpiar los objetivos. El teléfono suena débilmente, como si temiese estropear el experimento. Adiestrar teléfonos requiere paciencia, bien lo sabe dios. El hombre se acerca al teléfono que cuelga del tabique nasal de un tótem iroqués con el que le ha tirado los tejos un gigante farmacéutico extranjero y des-cuelga.
-Laboratorios Juancho e Hijos, ¿qué desea?
-¡Qué pasa! Venga ya, si nunca has tenido hijos y siempre has trabajado solo.
-Ya, ¿pero suena profesional o no?
-Bueno, no sé si para un laboratorio, supongo…Esto, ¿ya lo tienes? Me acaba de comunicar el secretario general que lo necesita pero ya.
-Pero si no es para él. ¿No era para el presidente?
-Ya, pero es el secretario el que se traga los marrones. ¿Me lo mandas por el móvil?
-Creo que sobrestimas la tecnología. Es un coco.
-¿Un co? ¿O dos? Me estás liando.
-Yo creo que el que está liando algo eres tú. ¿Dónde estás y qué estás haciendo?
-Estoy en el aparcamiento trasero del ministerio.
-Vale. Mira. Le digo a Chus que coja la moto y te lo lleva. Y cuidadito, que no es fácil conseguir los…
-Sí, sí. Aquí la espero. Venga, nos vemos.
3,14—-3,14—-3,14. El científico cuelga y se dispone a colocar el coco, ya sellado, dentro de una caja de zapatos con papeles de periódico para amortiguar posibles golpes. Luego sube unas escaleras con la caja bajo el brazo y apaga las luces tras de sí.
El piso de arriba está inundado de luz, natural. El hombre del bigote llama a una puerta, pregunta si se puede y luego pasa al oír una afirmación. Una melena a tres colores asoma de entre las sábanas. Apesta a tabaco y por la disposición de la ropa no es difícil inferir que se fue desnudando sin ton ni son desde la puerta a la cama.
-Chus…
-Dime.
-¿Puedes llevarle esto a Pedro? Te espera en el aparcamiento del ministerio. No fumes, mujer. No ves que…En fin, hazme el favor y lleva el coco hasta allí, anda.
-Vale. Pero a cambio, ¿sabes qué soñé hoy?
-No, dime.
-Iba por el bosque caminando y oliendo las flores y oyendo a los pajarillos cantando melodías con un virtuosismo pasmoso. Hacía sol y una brisa agradable. Era tan placentero que seguí adentrándome en la foresta con una sonrisa en la cara. Empecé a dar saltitos y bailar entre las plantas y arroyos hasta que una urraca me picó en la cabeza. Me froté la parte atacada pero no le di importancia y seguí caminando despreocupadamente recordado un chiste. El chiste decía algo así como que la prueba de que la zanahoria era buena para la vista es que nunca verás a un conejo con gafas. Ya, tiene sentido, ¿pero y si llevan lentillas? Más adelante una ardilla me empezó a tirar bellotas con muy mala leche. Juraría que hasta me insultaba en castellano antiguo y todo. Lo más lógico, me pareció en aquel determinado momento y dadas las circunstancias, es que acabase de leer algo del siglo de oro. Me protegí como pude y seguí avanzando hasta estar a salvo del roedor, de mierda. De repente, me encontré en un descampado casi sin querer. Miré alrededor y no reconocí nada, era todo un inmenso vacío. Miré hacia arriba y vi que las estrellas caían, bueno, caían hacia arriba, no sé, había perdido la noción del tiempo y el espacio. Mis músculos se relajaron y sentí como una oleada de dopamina me inundaba el cerebro. Cerré los ojos en una fracción de segundo. Pasó un tiempo indefinido cuando decidí abrirlos de nuevo y me vi de nuevo en el descampado pero ya en condiciones normales. Agucé la vista y vi una hilera de petunias en posición de ataque, como Wallace y los suyos ante los ingleses. Hicieron un movimiento parecido al que hacían las damas para remangarse las faldas largas y de este modo despegaron sus raíces del suelo. Luego empezaron a correr hacia mí de modo, hay que decirlo, bastante torpe. Como los bebés empezando a dar sus primeros pasos. Me empecé a reír, pues la idea de ser atacada por unas flores me pareció ridícula. Pero cuando las pude ver mejor a medida que se aproximaban, pude ver en la disposición de sus pétalos que venían en serio. Sus pétalos habían adoptado una posición en forma de cuña. Pegué un grito y empecé a escapar rápidamente. Luego me has despertado llamando a la puerta. ¿Cómo interpretarías el sueño?
-¿Cómo? Perdón, estaba…
-Que cómo interpretarías el sueño.
-Ah, sí. Quizás se trate de la venganza de la naturaleza. Yo veo que algo te preocupa enormemente…
-¡Pareces un vidente! Anda, dame el coco y me voy volando.
-¿No vas a ir en moto?
-Ah…sí. Olvidaba que…Sí, tío, no te preocupes. Acuérdate de las pastillas.
-No tengo hambre ni para pastas pequeñas…
-Es igual, que no te llenan. No te olvides. Que luego vienes a decirme que viste al Pato Donald pedaleando en la bici de tu padre.
-Sí que me llenan, pero no el estómago sino la cabeza.
El de la bata deja la caja sobre el escritorio y sale del cuarto frotándose la frente con esmero y mirando el suelo. La chica se arregla en un instante y sale como un rayo por la puerta haciendo girar el llavero en su índice derecho. Se oye un adiós y el ruido de una puerta. Unos segundos después se vuelve a abrir la puerta y entra de nuevo a coger la caja del coco. Vuelve a salir y el sol hace brillar sus pendientes.
Acomoda la caja en la moto y empieza a circular por la ciudad-estado. Es en realidad un pequeño y reciente Estado del centro europeo nacido de un barrio con un orgullo exacerbado cuya economía es líder en fabricación de peonzas artesanales, clases online en varias lenguas y pelucas de altísima calidad que exportan en cantidades industriales a sus vecinos relativamente más grandes, cuyas desventajas evolutivas, tal vez debida a una endogamia galopante, motivan que aún no se les haya ocurrido copiar el diseño de las pelucas y ahorrar esa dependencia económica.
Al llegar a la altura de un semáforo en rojo frena la moto y mira hacia adelante. Una viejecilla con tacatá comienza a cruzar lentamente con la mirada fijamente en los segundos que decrecen que aparecen en una pantallita digital. No ha conseguido llegar al otro extremo cuando se pone en verde para el tráfico rodado y un sonido de claxon suena y la viejecilla suelta una lagrimilla de impotencia en un mundo extraño dónde llevar una camiseta determinada expresa más tu personalidad que lo que haces. Chus se caga en los muertos del conductor y por un segundo se imagina a la viejecilla desmontando ágilmente el tacatá para convertirlo en un arma de repetición en menos de lo que dura una verdad en el telediario. Sacude la melena y sigue recto hasta el fondo y gira a la derecha realizando una maniobra tan brusca que el paquete se libera de las correas y sale botando por el pavimento hasta chocar contra una papelera y descansar su avance. Chus sigue su camino sin enterarse de que está ahorrando gasolina.
Aceleramos el tiempo y percibimos colores pasando frenéticamente, la gente se mueve a una velocidad anormalmente rápida y la luz se va haciendo cada vez más tenue. Como en los documentales, cuando quieren mostrar el crecimiento de una planta o el deshielo en un río de montaña. Yo no sé quién tiene el mando pero me la ha jugado y luego lo ha escondido. Súbitamente, un hombre de traje gris, a velocidad ya normal, percibe el paquete y se sienta en un banco cercano a abrirlo. Saca la tapa con sumo cuidado, aparta el material amortiguador y manosea el coco. Abre los ojos un poco más de lo habitual al localizar un papelito que semeja algún tipo de instrucciones.
INSTRUCCIONES DE USO
-Agitar el contenido (sin haber abierto el tapón) durante dos minutos para activar el chollo.
-Destaponar el coco y verter el contenido sobre la tarta de queso que se va a comer la persona sobre la cual se desea ver los efectos. Solo en reacción con una tarta de queso va a funcionar el contenido, el chollo.
-Una vez ingerido por la vícti..por la persona que blablablá, espérese diez minutos para ver el efecto: flaqueo de piernas, flatulencias, habla inteligible. Luego caerá redondo.
-Seis horas después el efecto se disipa. La persona que…la víctima, se levantará y no recordará nada de lo sucedido.
Posibles efectos secundarios:
-Tos y diarrea simultáneos.
-Gusto por la música electrónica.
-Miedo al color amarillo.
Si tiene alguna duda sobre el uso o los efectos, contacte por favor con Juanchoehijos@ragamuffin.com y le atenderé con la mayor presteza posible. Espero que surta el efecto deseado y consiga el acuerdo que tanto necesita nuestra joven nación.
El hombre del traje gris termina de leer la nota al mismo tiempo que las farolas se encienden. Siendo naturalmente impulsivo de toda la vida, no se plantea la devolución de lo encontrado sino que sonríe de oreja a oreja y se va a comprar una tarta de queso alegremente, consciente de que es el golpe de suerte perfecto para cumplir una de sus fantasías sexuales más recurrentes y nunca llevada a cabo.
Cuando llega a casa cena con su mujer en el comedor con la excusa de una cena romántica y se ocupa de cocinar, lo que sorprende a su esposa gratamente. Luego prepara el postre con el brebaje en la cocina y lo pone después encima de la mesa.
-¿Tú no tomas?
-Estoy lleno, cariño, de amor.
-Bueno, como veas. Oye, ¿sabes qué leí hoy?
-Dime nena.
-Que han hecho experimentos demostrando que demasiado ejercicio acorta la vida. Que las moscas que más giros hacen mueren antes.
-Joder, pues me quedo más tranquilo y me apunto el dato para cuando tenga ganas de ir a correr. Pero no sé, para estar haciendo toda la vida una misma cosa igual es buena idea dar giros únicos e irrepetibles aunque sean menos.
-Ya hemos hablado eso antes…Oye, esto amarillo de aquí…
-No te preocupes, tú come que lo que no mata engorda.
Antes de caer dormida, el hombre del traje gris, al que llamaremos Gris para no complicarnos, ya tiene una erección rascándole el pantalón. Coge unas tijeras de la cocina y las mete en el bolsillo. La coge en brazos y la lleva al dormitorio. Las ansias le provocan realizar movimientos bruscos que se adelantan a su pensamiento. La tumba en la cama cuidadosamente y empieza a rasgarle la ropa en dos, dejándosela puesta en una parte del cuerpo y al desnudo la otra parte. Disfruta cada corte de tijera sobre la tela, de la falda, la goma de la falda, las bragas, el sujetador, la camiseta y el jersey. Terminada la tarea, le hace el amor en un frenesí salvaje memorizando cada detalle de su cuerpo asimétrico. Antes de correrse retira su polla y se la pela dibujando un círculo en su pecho derecho, el de ella. Sonríe del gusto, como si ya pudiese morir tranquilo, y luego sale hacia el baño. Vuelve con un pintauñas de color violeta y comienza a pintarle las uñas de la mano derecha con extremo cuidado. Va por la uña del anular cuando se corre de nuevo y el teléfono suena. Duda por un momento si debería cogerlo y decide que a esas horas tiene que ser una llamada importante o un descerebrado.
-¿Buenas noches? Aquí Juancho e Hijos. ¿Es este la vivienda número 234K de la Avenida Que Antes Era Calle?
-No, se ha equivocado. Lo siento.
-¿Sabe algo de un coco extraviado?
-¿Perdone? No sabía que los cocos pierden el rumbo. ¿A dónde iba?
-Oh sí, a veces ocurre. Pero, afortunadamente, hay algunos dotados de un sistema de geolocalización…
Se oye un ruido seco y astillas volando por los aires como polillas que pasan de largo en busca de emociones más fuertes acariciando el aire con su flipflap. Espera, esto ya lo he escrito. No funciona la tecla de suprimir. Joder, siempre as´, ahora no hay vuelta atrás escriba lo que escriba. A ver…kqwdfoiÇwjj f od ds …’93249 827 =?*¿¿ No puedo borrar nada. En fin, vamos ya hasta el final a ver qué sale. Puede ser un buen ejercicio. Bueno, un policía armado hace aparición en el piso dando volteretas hasta encañonarle la sien con una pistola mientras el teléfono se le ha resbalado de la mano como un pez recién sacado del agua.
-¡Queda detenido usted! Cualquier cosa podrá usarla en contra suya y a favor nuestra decir que la ley ampara su sistema represión de!
-¿Qué? ¿Pero qué está diciendo?
-Sígueme la corriente…
-He hecho qué. Dices ya lo que puedes detenerme por qué.
-Vale, de acuerdo con el artículo 34.7 de la Constricción te cae agravante por reírte de las dificultades léxicas de un agente de la ley de. Al puto vas calabozo ya. ¡Eh! ¡Mujer esa ahí qué hace! ¡Enfermo de mierda sexual tú eres! ¿Dónde el coco está? ¿Terminado sí?
-Aún queda un poquito, puedes probarlo. Está muy bueno…
El agente esposa a Gris, recoge el coco con sumo cuidado acomodándolo bajo un brazo y salen de la vivienda. Las horas pasan una detrás de otra hasta que la mujer comienza a despertarse. Abre los ojos y se adapta a la luz. El color proyectado en la pared es amarillo y siente cierto malestar detrás del ojo izquierdo. Acto seguido nota frío en la parte derecha de su cuerpo y se mira. Nota algo pegajoso sobre el pecho al tocarse. La sorpresa es grande y comienza a intentar razonar una respuesta lógica a lo que ve. Se levanta, se cambia de ropa y explora el piso. La puerta está destrozada, su marido no está y el teléfono está descolgado. La vecina en bata está en el rellano.
-Buenas noches, ¿sabes qué ha pasado, Pili?
-Ah, no sé nada, yo lo que pasa es que estaba durmiendo y escuché un golpe fortísimo así que, por si podía ayudar, me acerqué a la mirilla y vi a un hombre de pelo cano con bigote negro vestido de policía. Pero dudo que fuese policía, pues los tenis de colores para correr contrastaban con el atuendo formal. Con un ariete manual reventó la puerta y tuvo una conversación bastante corta con su marido. Luego salió con un coco y su marido, uno bajo el brazo y otro esposado. Su marido tenía una expresión de franco fastidio y repetía ay cuando se despierte, ay cuando se despierte. Pero aparte de eso…
-Vale, gracias. ¿Te apetece un café? Creo que no voy a poder dormir hoy.
-Claro que sí.
Ambas mujeres se sientan en la mesa del comedor. Aún están los platos de la cena. Su conversación es tan densa que llena el espacio del inmueble y sale por la puerta y comienza a bajar las escaleras de dos en dos. Se echa un cigarro en la puerta y más tarde empieza a caminar por la calle que se transformó en avenida en busca de nuevos cerebros y bocas para ser pronunciada. Sin embargo, se tropieza y se desparrama por el suelo en todas direcciones, como un puñado de canicas. Ya no habrá una conversación exactamente igual.





Mabel
Excelente Cuento, me ha encantado. Un abrazo Andrés y mi voto desde Andalucía
veteporlasombra
Estuve ausente de por aquí; a veces la vida no da para tanta vaina…
Cuando leo tus historias “alocadas” -por colocarles alguna etiqueta-, tengo la sensación de que todo, la trama, lo que ocurre, está al servicio de simple hecho de escribir. Vamos, que no es el escribir para contar una historia, sino todo lo contrario. Hecho que me parece cosa buena. O buena cosa. No sé… El arte por el arte…
Luego está que, entre berza y berza, metes lechugas. Píldoras de sabiduría, vamos. Por ejemplo, “en un mundo extraño donde llevar una camiseta determinada expresa más tu personalidad que lo que haces”. ¡Dios, qué reflexión…! Me recuerdan estas píldoras tuyas a algunos diálogos de los personajes de Woody Allen. También lo hacen los “intelectuales” marxistas y los moralistas católicos, que te endosan sus panfletos y prédicas hasta en un lunes al sol, cosa que, en este caso, no soporto -quizá porque me recuerdan demasiado a mí-.
La senda de tus escritos es, cuanto menos, sorprendente: lo mismo te sale una seta comestible, que una Amanita muscaria, que un gnomo fumado o jiñando entre la floresta. Cualquier cosa puede ocurrir, como en una Alicia paseando por Wonderfurland. Hasta un conejo con gafas y prisas puede salir detrás de un matorral…
Pues nada. Ya no sé qué más decir. Un abrazo, compi…
Iván.Aquino L.
Me ha hecho reflexionar tu texto, va mi voto y mis felicitaciones.
AVM
Muchísimas graacias, compañeros, por tomaros un momento y leerme. Salud!
gonzalez
Me encantaron los dialogos, amigo Miranda! Te dejo mi voto y un fuerte abrazo!