SAXO SEXO
Chicago, 1972
La conocen como Carla, la reina del saxo. Todos apuestan que supera los 40 pero no lo saben a ciencia cierta. Aparece en el escenario como un fantasma cuando los relojes marcan la medianoche y toca poseída por el demonio hasta que las primeras luces de la madrugada rompen el encantamiento y desaparece entre los lobos hambrientos y las mujeres envidiosas.
Esa noche, la del jueves, Charlie se sienta a poca distancia del escenario iluminado por una tenue luz azul que dibuja sus formas provocativas. La mujer ha sido una belleza extraordinaria y aún conserva sinuosidades que despiertan fantasías ardientes. Sus manos acarician el saxo con tanta intensidad que Charlie ahoga un grito de placer. Afuera la lluvia insiste en perturbar la magia. Cabello rubio, piel muy blanca y los ojos entornados, dan a la mujer un aspecto único. Fuego puro. El público delira extasiado. Carla toca, Carla hace el amor con el saxo.
Charlie pide otro whisky. Va por el tercero y sus instintos están muy despiertos. Muy necesitados de una mujer así. Afloja su corbata y enciende un cigarrillo. Ahora la música es apenas un susurro. Carla respira sobre la boquilla. Más de uno se ha mojado encima. Su vestido blanco, pegado sobre el cuerpo, insinúa curvas demenciales. Los hombres la quieren devorar; las mujeres la matarían con gusto. Detrás de Carla un bajo, un piano y una batería acompañan cada nota sin perturbar tremenda actuación.
Charlie desea poseerla. No piensa en otra cosa. Mira su reloj y comprueba que en pocos minutos todo habrá acabado. Se levanta y busca el pasillo que lleva a los camarines de los músicos. Camina unos pasos y un gorila con expresión amenazante lo detiene.
–¿Dónde cree que va?
–Quiero saludar a la señora.
El gorila lo mira de arriba hacia abajo y con una sonrisa despectiva le responde:
–Antes tendrás que pasar sobre mi cadáver, idiota.
Charlie está por insistir cuando los músicos, riendo entre ellos, pasan sin prestarle atención. Por detrás aparece Carla y su perfume lo paraliza. Ella lo mira desde unos ojos verdes centelleantes y parece estudiarlo.
–Por favor, déjeme pasar.
El guardia está por empujarlo, cuando Carla se da vuelta y le indica que lo deje pasar.
Charlie no entiende nada pero apresura su paso detrás de la dama. Ella ingresa a su camerino y él por detrás.
–Cierra la puerta, por favor.
El obedece como un autómata. Carla se da vuelta y comienza a desvestirse despreocupadamente. Charlie abre sus ojos e intenta balbucear algo.
–¿Nervioso?
–Algo, señora…
–¿Qué quieres?
–Sexo.
La mujer comienza a reír sonoramente.
–¿Por qué se ríe?
–Porque jamás nadie me lo propuso así.
Carla se acerca a pocos centímetros de su cuerpo y sus labios dibujan las palabras mágicas que vuelven loco a Charlie.
-Hazlo, forastero, estoy muy excitada, pero si no me satisfaces…, te mato.
Él la mira incrédulo, no entiende la amenaza. Ella lo empieza a desvestir.
Desde ese momento una furia desconocida hizo de Charlie el amante que jamás había imaginado. Durante horas la lujuria invadió el camerino y entre jadeos demandantes y cuerpos arqueados buscándose el uno al otro fueron dos animales devorándose.
Charlie abre sus ojos pasado el mediodía y se encontró con la mujer sentada sobre la cama. Todo está revuelto, fuera de lugar. Las manos de Carla acarician una navaja. Tiene un diamante incrustado. Todavía aturdido por el esfuerzo, recuerda de pronto la advertencia.
Ella enciende un cigarrillo y una nube azulada se interpone entre ellos, desdibujando la navaja que iba de una mano a la otra. Un sudor helado recorre la espalda de Charlie. Por primera vez en su vida siente miedo. Esa mujer parece capaz de hacerlo.
-Vete, forastero. No lo has logrado aún, pero estás cerca. Esta noche te espero. ¿Vendrás?
Charlie asiente con un movimiento de cabeza. Ni la muerte lo detendrá. Ciego de pasión, comienza a vestirse.
Al salir del local, la lluvia ha desaparecido y un viento helado no es suficiente para hacerlo reaccionar. Carla es una diosa. Una hembra increíble y el sexo que tuvo con ella, inolvidable.
Podría haber escapado…, pero no lo hizo. Charlie es un hombre.
Dicen algunos testigos que lo vieron entrar al camerino de Carla, incontables veces, hasta que desapareció.
Carla sigue tocando todas las noches y muchos hombres desfilan por sus aposentos atraídos como moscas por la miel. Algunos, los más curiosos, le preguntan por la navaja con un diamante incrustado y ella sonríe, enigmática.
© 2016 Fernando Cianciola





Mabel
Un relato de misterio e intriga. Un abrazo Fernando y mi voto desde Puente Genil(Córdoba)
Tiento
Gracias, Mabel. Un abrazo.
Temor
Interesante mezcla de sexo con saxo y sin ningún tipo de tacto o suavidad en su concepción. Un saludo con mi voto!
Tiento
Gracias, amigo. Por tu aliento y por tu voto. Abrazos.
jon
…Fantástico, amigo Tiento. Enhorabuena.
Saludos.
Tiento
Agradecido, Jon. Sos un amigo. Abrazos.
VIMON
Sensacional, amigo Fernando. Te dejo el merecido diez con un aplauso.
Tiento
Estás exagerando, amigo. Por estos lares me ignoran, así que te lo agradezco de corazón. Un abrazo y buen triunfo de México.
Anakin85
Me ha encantado tu relato, amigo Tiento! Si que es verdad que ciertos instrumentos musicales son capaz de arrancar de nosotros nuestros lados más atractivos y salvajes. Enhorabuena! Un abrazo y mi voto!
Tiento
Gracias, sos muy amable. Espero que estés leyendo la novela. Un abrazo.
Loremac
Letras que cautivan,mi voto y te invito a leer mi poesía.
Tiento
Gracias, Loremac. Voy a leer tu poesía. si quieres puedes darte una vuelta por mi blog: http://www.fernandocianciola.blogspot.com
Elsa Eithne
Fantástico. Me ha encantado, muchas gracias por compartirlo. Un saludo.
Tiento
Gracias, Elsa. Te invito a curiosear mi primera novela: http://www.fernandocianciola.blogspot.com Un abrazo.
irisdeasomo
Oh Tiento, que gustazo leer tus letras… Saludos amigo
Tiento
Gracias, amiga. Un abrazo.
gonzalez
Excelente, amigo Tiento. Me gustó mucho, te felicito! Mi voto y un fuerte abrazo!
Tiento
Gracias, amigo. Un fuerte abrazo.
Iván.Aquino L.
Es muy bueno lo que has escrito, mis saludos con mi voto.
Tiento
Gracias, amigo. Saludos.