Guitarra de madera vieja con cuerdas desgarradas de tanto sonar queriendo decir lo que las palabras no pueden decir, tarde en la noche, como una lánguida queja, vibrando el aire como el deseo que toca el alma, en la penumbra silenciosa, solo cruzada por la lenta música que despierta y sostiene y deja caer, como una danza invisible.
Maxriel




Mabel
Me ha encantado el relato,¡ Que belleza! Un abrazo y mi voto desde Andalucía
VIMON
Hermosa prosa poética, Maxriel. Saludos con mi voto.