El día está soleado y en el parque, frente a la antigua casa victoriana, se ve como juegan todos los niños del pueblo, ríen, se caen, se pelean. Disfrutan de su infancia.
Desde una ventana se pueden vislumbrar dos pequeños ojos que observan la instantanea, se ven a través de la ventana más alta de esa vieja casa, la cual siempre se ve a oscuras y casi nunca se observa movimiento.
- Me encanta ver como disfrutan e imaginarme que estoy haciendo lo mismo que ellos, jugar en la nieve, en la hierba, sentir el sabor de un helado en mi lengua, el contacto de un amigo al jugar al escondite o la frescura del agua en mi piel-.
Pensaba mientras mueve su mecedora en el desván y una lágrima cae por su rostro de porcelana, ya que lo único que es, es una muñeca antigua, abandonada. Que se pasea por aquella gran casa suplicando a todo aquel que aparece que la saque a jugar con ellos.
Pero lo único que consigue es asustar y no volverlos a ver.





Mabel
¡Impresionante! Un abrazo y mi voto desde Andalucía