Dross, más allá de las estupideces de YouTube

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*Nota: este texto no pude publicarlo en su momento. Lo doy a conocer aquí, en esta red social que tanto quiero (y como mi regreso después de varios meses de ausencia). 

Una fila de cinco cuadras iniciaba a los pies de la librería Cúspide, en Buenos Aires Argentina. En el interior, Ángel David Revilla, o Dross, como se le conoce con cariño en Internet, era el foco del fanatismo de decenas de jóvenes que se reunían para ver a su ídolo, quien firmaría copias de su primer libro publicado Luna de Plutón. Así lo describió ese día El Clarín, uno de los diarios más importantes de aquel país.

Este hombre tiene una profesión poco común, es blogger; sus ingresos llegan por hacer videos en YouTube. Además es escritor, periodista y recientemente actor de su propia serie de horror grabada en Estados Unidos, Dross Dark Tales of Terror. Sin olvidar que, tan sólo con teclear su nombre en google, seis millones de resultados son arrojados por el buscador.

Junto a bloggeros como Malena Pichot y Paola del Castillo, Dross pertenece a los generadores de contenido respaldados por conocimientos académicos y experiencia en medios de comunicación. Otros youtubers lo han mencionado en repetidas ocasiones. Ha sido referenciado por Werevertumorro (con 10 millones de suscriptores), Yayo Gutiérrez (con millón y medio), Oxlack Castro (700 mil), YosStop (2 millones) y otros tantos que, además, han retomado sus formas de narración audiovisual para estructurar sus videos, como Chucho Calderón (con 200 mil seguidores).

De gamer pasó a cómico, de cómico a experto en cultura de terror, y de eso llegó a establecerse como un líder de opinión, sustentado con casi 7 millones de suscriptores (suficientes para llenar 58 veces el Estado Azteca) y otros tantos públicos que van desde reconocerlo físicamente hasta realizar creaciones en su honor, como videojuegos, canciones y artes gráficos.

De nacionalidad venezolana, posteriormente radicado en Argentina, Ángel David Revilla nació el 16 de julio de 1982. Tuvo una vida marcada por anhelos de creación, aunados a una disciplina que se le inculcó desde muy pequeño. El sueño más importante, desde la niñez, fue ser escritor. Su carrera, emparentada con las letras, fue el periodismo. Los estudios superiores los cursó en la Universidad Santa María donde demostró ser un estudiante modelo, tan comprometido que, años después, sus pesadillas nocturnas tendrían que ver con los ya saldados deberes escolares.

Más adelante, ganó dinero escribiendo guías para videojuegos y reseñando estos entretenimientos para revistas especializadas como Meristation. En este campo Revilla iniciaría poco a poco su transformación para convertirse en un troll de internet, es decir, un usuario que se dedica a burlarse y bromear a otros cibernautas. Sin embargo, en esos años nunca dejó de leer como un poseso (desde Stephen King hasta Kafka), y de escribir novelas y cuentos, la mayoría aún inéditos.

Salió de Venezuela luego de haber vivido la mayor parte de su vida a las afueras de Caracas. Su familia se había dispersado por diferentes países; él siguió su madre para buscar mejores oportunidades de vida, lejos del régimen chavista. Ya en Argentina, y después de algunos negocios fallidos y crisis hogareñas, trabajó como freelance haciendo notas sobre dietas y medicina para distintos diarios de ese país, incluyendo El Clarín, periódico que años después describiría a Dross como un verdadero fenómeno mediático.

Este hombre, ya en la flor de su juventud, comenzó a crear un personaje: Dross. Si bien había adquirido una buena popularidad con su blog en Internet con artículos humorísticos, su incursión más significativa sería en YouTube. Y para ambos casos usó un seudónimo, inspirado en el nombre de un luchador de la WWE, Warren Drozz, que Revilla escribió mal por accidente con doble “s” y al que tiempo después agregó el apellido Rotzank, nombre del pedigrí de un rottweiler del que él había sido dueño.

La temática de los videojuegos, que nunca ha abandonado, fue su punto de partida. Se grabó frente a una computadora gritando maldiciones y obscenidades exageradas que resultaron cómicas para varios usuarios de Internet. El personaje pasó de ser un simple jugador de consolas a un humorista que formó un alter-ego con su propio universo ficticio, compuesto por figuras como El Troll (un bromista inmaduro de Internet que dormía en el armario de Dross), La Gorda (su novia con obesidad mórbida) o Morzat (un dios cósmico creado a partir de un error de ortografía de un usuario de YouTube que quiso escribir el nombre el músico Mozart): “Morzat suena a invasor alienígena, depravado. Morzat el conquistador de mundos, Morzat el esclavizador sexual de cuatro galaxias. Tu estupidez creó un personaje”, expresó con exageración en uno de sus videos.

Una anécdota tan chusca es el hilo para entender la otra parte de Dross, porque Morzat es un monstruo delineado bajo las características del universo del escritor H.P. Lovecraft.Es la parte de Revilla relacionada con el horror, cargada de productos culturales ajenos para la mayoría de la población joven latinoamericana. En sus videos, Dross comenzó a tematizar sobre novelas gráficas de Alan Moore y Neil Gaiman, libros de horror de Clive Barker (creador de la famosa película ochentera Hellraiser), Thomas Harris (escritor de Hannibal), mangas como Uzumaki y películas de terror underground como Noroi (japonesa). Así como acercar a grandes públicos conceptos literarios desarrollados en el seno de Internet como el creepy pasta (historia de terror anónima que podría ser o no real) o leyendas urbanas como la del ente llamado Slenderman.

Dross ejecutó otros experimentos con su contenido, esquivando así el declive creativo que otros youtubers tuvieron. Video-reacciones ante cosas morbosas, videos de reflexión política, análisis sobre fenómenos paranormales, videojuegos, libros, opiniones sobre personajes mediáticos y campañas contra el bullying orquestadas junto a otros bloggers como Oxlack Castro (mexicano que investiga fenómenos sobrenaturales), llevaron a Dross a otro rubro diferente. Si bien también tocaba temas absurdos y cómicos, él desarrolló un sistema de mediación con su público que le permitió actualizar su contenido, y como licenciado en comunicación, darle una forma narrativa que ha fermentado algo muy cercano a una marca empresarial.

Fue hace tantos ayeres que Dross tomó un control de consola, perdió una vida en un videojuego y gritó con todas sus fuerzas “¡No es justo, por qué es tan difícil pasar esto, carajo!”, como un acto más para hacer reír a su público. La librería Cúspide cerró sus puertas. Ya era demasiada gente. Pero Dross publicó en esos momentos en sus redes sociales “Quedaron 100 personas afuera, pero hablé con la gente de Planeta y la librería para que pasen, ¡a firmar hasta que la mano se caiga!”. Los fans hicieron fila, le trajeron presentes al youtuber (como la vez que le dieron la cabeza de una muñeca), y pidieron la foto. Morían de nervios, sonreían y abrazaban a quien, hacía algunos años, era un hombre común que andaba en bicicleta por las calles de Buenos Aires.

 

Comentarios

  1. Mabel

    11 julio, 2016

    ¡Excelente texto! Un abrazo Miguel Ángel y mi voto desde Andalucía

  2. Vlad.Stoker

    11 julio, 2016

    Me encantó, sobre todo por que soy un gran fan de Dross. Fue genial recordar momentos tan graciosos como el de Morzat. Cuenta con mi voto.

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