EL HILO INVISIBLE
Se pasaba los días sentado mirando el mar; un horizonte verde oscuro con las olas furiosas golpeando contra los riscos de la playa. Sus ojos perdidos parecían buscar algo en la lejanía. El hijo venía por él al atardecer y permanecía un rato como respetando el momento sublime del silencio.
Así, día tras día, el anciano cumplía con el rito de permanecer inmóvil, con los ojos clavados en el horizonte. Un hilo invisible lo remitía a tierras lejanas y misteriosas. Apenas comía, apenas dormía. Había dejado de hablar hacía muchos años. Su atormentada memoria dibujaba en forma obsesiva paisajes maravillosos y rostros anhelados. Uno en especial, cuyos ojos se cerraron mirándolo intensamente.
Una tarde, cuando el sol derramaba su sangre entre nubes piadosas, el hijo llegó hasta el banco y miró con tristeza infinita una hilera de huellas que la espuma de la marea iba borrando despacito. Se estaba llevando el alma del ausente. Ese día, el mar calmó su furia, y el hijo durmió en paz.
© 2016 Fernando Cianciola





Yumi-Chan
La simple imagen me recordó algo. “Hilo rojo del destino”.
¡Oh, esto me ha erizado la piel!
Me ha encantado, de verdad que lo ha hecho. Miraré si tienes más artículos, que tu forma de escribir me ha dejado patidifusa.
Mi voto es seguro.
Tiento
Hola, Yumi Chan. Gracias por tu voto y tus comentarios. Un abrazo.
Mabel
La esperanza estaba llegando a su fin, un momento que anhelaba todos los días. Un abrazo Francisco y mi voto desde Puente Genil (Córdoba)
Tiento
Gracias, Mabel. Un saludo afectuoso.
Anakin85
Me ha parecido precioso, Tiento, aunque muy triste, pero a veces los textos más tristes son los más hermosos. Un saludo y mi voto!