El lechero

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Daniel Suárez, era el lechero más apetecido del barrio. Sus productos lácteos, se vendían como pan caliente. El problema de Daniel, inicio el  día, en que conoció a Imelda Godoy.  La mujer del panzón, del departamento ocho. Daniel había quedado enamorado, de aquella mujer, de curvas peligrosas.  La que lo invitaba, a ingresar a su departamento, en la ausencia de su marido. Los amantes, tenían encuentros placenteros. Tanto, que la casa del pobre panzón, había sido invadida por el elixir de la pasión.

Una mañana, el vigilante del edificio, donde vivía Imelda, se compadeció del pobre panzón. Decidió contarle que su bella mujer, tenía conversaciones muy amenas con el lechero. No quería intrigar, pero le sugería que estuviera pendiente de su mujer.  En estos tiempos, no se puede confiar en nadie.  Le repetía mil veces, al pobre panzón. Tanta era la angustia del pobre hombre,  que decidió  vigilar a su mujer, y al lechero.

Las sospechas del vigilante eran ciertas, el panzón descubrió que Imelda y Daniel, andaban en amores.  Pero esa traición no se iba a quedar así, nuestro amigo el panzón, planeo su venganza.  Una tarde de marzo, ingreso a la fábrica de lácteos de Daniel. Contamino todos los botellones de leche, con un purgante.  El panzón, disfrutaba de su venganza. Se repetía una y otra vez; este mequetrefe pensó, que podía burlarse de mí.

A la mañana siguiente, Daniel repartió todos los botellones de leche, como de costumbre. Al medio día, los vecinos no soportaban los dolores estomacales. Lo acusaron de querer asesinarlos, y de apropiarse de sus casas.  El pobre Daniel, intento explicar que no entendía lo que ocurría. Mi amigo el panzón, no podía dejar de reír. Su venganza, había sido todo un éxito.

En medio, de toda la querella que se había armado. Se acerco a Daniel, para decirle; eso te pasa por meterte con mujeres ajenas. Soy un panzón, pero no un idiota.  Daniel quería  acabarlo, pero el escándalo con sus vecinos no se lo permitía.

Desde ese día, la carrera del prestigioso lechero, se fue a la quiebra.  De las curvas peligrosas,  no quiso volver a saber, aunque la duda lo atormentara.  Imelda tuvo un hijo con el panzón, ese hijo  podría ser suyo. Pero la casta dama, nunca lo iba a admitir. Opto por hacerle mala fama, su secreto no podía ser descubierto.

Y así, termino la vida del prestigioso lechero, en aquel barrio. Quien se decía, una y otra vez; mi lección ha sido aprendida.  La mujer ajena, sólo trae tortura.

Comentarios

  1. Mabel

    6 julio, 2016

    Uno no debe apropiarse de lo que es suyo, y más en los sentimientos ajenos que están prohibidos, por mucho trabajo que cueste los sentimientos tienen que ser neutros, sin alterarlos de lo contrario la vida es cruel y amarga. Un abrazo Jessica y mi voto desde Andalucía

    • LluviaAzul

      8 julio, 2016

      Querida Mabel, mil gracias por tus apreciaciones. Un abrazo, fuerte.

  2. Camilo Duarte

    7 julio, 2016

    Tus historias, siempre me causan un deleite. Hermosa te felicito, gran relato. Besitos preciosa.

    • LluviaAzul

      8 julio, 2016

      Querido señor de las letras, tus palabras siempre causan alegría en mi corazón. Te quiero , es un placer poder leer tus libros. Picos pues!!!

    • LluviaAzul

      8 julio, 2016

      Querido amigo, mil gracias por tu apreciación. Un abrazo, fuerte.

  3. gonzalez

    8 julio, 2016

    Me gustó mucho, amiga y tan querida Jessica! Yo podría aprender un poco de lo que le pasó al lechero jeje! Te dejo mi voto y un fuerte abrazo!

    • LluviaAzul

      8 julio, 2016

      Amigo mío, mi adorado amigo, jajajajajajajaja bueno, bienvenido tu aprendizaje. Tus apreciaciones siempren aquí ❤️.

  4. jon

    8 julio, 2016

    Una lección más de la vida.
    …y es que los secretos a voces dejan de ser secretos, jejejejejeje.
    Un fuerte abrazo, Lluvia.

    • LluviaAzul

      8 julio, 2016

      Querido Jon, mi querido amigo, totalmente de acuerdo contigo. Un abrazo, fuerte.

  5. arcano

    8 julio, 2016

    ¡Qué peligro tenía la mujer del panzón! Era mejor continuar con la leche y los yogures…
    Felicidades Jessica, me ha gustado tu relato. Un abrazo.

    • LluviaAzul

      8 julio, 2016

      Querido amigo, era mejor continuar con los productos lacteos, que susto ser enemigo del panzón. Un abrazo, inmenso.

  6. Claudio_3

    8 julio, 2016

    Muy buen relato, aunque algunas comas estuvieron de más, le quitan fluidez al relato -crítica constructiva, espero que no me linchen ☺☺

    • LluviaAzul

      8 julio, 2016

      Querido Claudio, mil gracias por tus apreciaciones. Un abrazo, fuerte.

  7. VIMON

    8 julio, 2016

    Lindo relato, Lluvia. Un fuerte abrazo.

    • LluviaAzul

      8 julio, 2016

      Querido Vimon, mil gracias por tus apreciaciones. Un abrazo, fuerte.

  8. Cómo NO escribir

    9 julio, 2016

    Has construido un buen relato con moraleja final. Pero si me admites una crítica, deberías revisar la puntuación. Usas demasiadas comas y si ves mi pequeño relato, entre sujeto y predicado no se pone coma. Haces que la lectura se haga lenta.

    Espero que no te moleste mi comentario y te animo a seguir escribiendo. La mayoría de la gente aquí no te lo dirá porque lo único que les preocupa es que les devuelvas un like.

    Yo en cambio te doy mi voto y no espero que me lo devuelvas 😉

    Un saludo

    • LluviaAzul

      9 julio, 2016

      Amiga mía, mil gracias por tus maravillosas apreciaciones. Un abrazo, fuerte.

    • Claudio_3

      9 julio, 2016

      Aplaudo tu comentario con respecto a la gente y su comentario.

      • LluviaAzul

        9 julio, 2016

        Querido Claudio, todas sus opiniones son valiosas. Y las recibo con mucho afecto, y respeto. Un abrazo, inmenso.

    • LluviaAzul

      10 julio, 2016

      Querido Iván, mil gracias por tus apreciaciones. Un abrazo, fuerte.

    • LluviaAzul

      13 julio, 2016

      Querido amigo, mil gracias por tus apreciaciones. Un abrazo, fuerte.

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