La visita

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No hace mucho tiempo atrás, un amigo mío volvió de Estados Unidos de América. No voy a negar que lo veía mejor dispuesto y hasta más joven, y que yo, al contrario, era su vil antítesis: gordo, feo, amargado y malgastado.

Claro que sentí un poco de envidia, pero, a mi edad, bah, qué importa, pues al final él supo tomar las mejores decisiones. Yo me lo tenía bien ganado.

Lo abracé como a aquel amigo de juventud con quien siempre teníamos aventuras y a quien yo recurría siempre sabiendo que no habría un “no” en su respuesta.

Él hasta lloró al verme.

–Oíme –me dijo–. Allá en Madison te tengo un cuarto bien arreglado. Te venís conmigo y te la pasas escribiendo todo el día.

Me reí, simplemente.

–Te iría bien, y así salís un poco de la rutina.

Entorné los ojos en gesto de ternura. Encendí un cigarro y lancé unas cuantas fumarolas. Le vi el rostro, juvenil aunque no agraciado, pero que para mí fue siempre sinónimo de regocijo.

–C´mon, let´s go –exclamó de repente.

–Wilson –le dije tomándole la mano–, ¿tan mal me veo?

–No es eso, Tomas –dijo abriendo los brazos y ladeando la cabeza–, pero hay momentos en la vida en que te estancás, ¿me entendés?

“¿Te acordás de que una vez, cuando yo andaba bien reventado, me dijiste que lo mejor que podía hacer era perderme a mí mismo? Lo hice: ahora soy un hombre rico y afortunado. Ésa te la debo.

–Nuestra vida es todo un conjunto de decisiones –le dije tristemente.

–Tomás –volvió a decir Wilson, agarrándome por un hombro–, en verdad quiero ayudarte, sacarte de aquí, pues este lugar y estas circunstancias no están bien.

–¿Qué no está bien, Wilson?

–Nada en este lugar –repitió.

–Voy a decirte lo que no está bien, Wilson: que yo renuncie a mis anhelos y a lo que vine a hacer en este mundo. Nunca me han importado las riquezas, ni la suntuosidad –por lo que no exaspero-, sino ser la expresión de una voz.

“¿De qué voz? No lo sé. Pero algo o alguien quieren expresarse en mí y por mí.

“Sé que las cosas no marchan bien ahora, que no sé siquiera qué es lo que escribo, pero sí sé que lo mío no es una cosecha para esta temporada. No soy leído ni mi voz escuchada, es cierto, pero en cien años inundaré los periódicos del mundo.”

Wilson se echó unas sonoras carcajadas.

–Tomás –dijo en voz baja–, no te creas un profeta.

–Qué la paz vaya contigo, mi muy caro amigo –le dije y lo besé en la mejilla–. Siempre te amaré.

Wilson abrió la puerta y, con lágrimas en los ojos, la cerró.

 

 

 

Comentarios

  1. Imagen de perfil de Mabel

    Mabel

    16 julio, 2016

    Muchas veces las visitas si no son agradables te desconciertan. Un abrazo Valentino y mi voto desde Andalucía.

  2. Imagen de perfil de Claudio_3

    Claudio_3

    17 julio, 2016

    Felicitaciones, has escrito un relato que cautiva, que agarra al lector y no lo deja hasta terminar de leer el final.

  3. Imagen de perfil de Valentino

    Valentino

    17 julio, 2016

    Grazias, Mabel. A propósito, aze días ce no disfruto de tu linda poesía.

  4. Imagen de perfil de Valentino

    Valentino

    17 julio, 2016

    Claudio, t´agradezco´l comentario. En realidá estoi disfrutando d´unas cortas vacaziones i me dezidí por escribir algo lijero. Tengo todavía pendiente una novela ce se niega ´avanzar. Saludos.

  5. Imagen de perfil de Diablos

    Diablos

    18 julio, 2016

    Me intriga tu apuesta ortográfica… que no hortográphica, porque no he visto imágenes de tu huerto…

    • Imagen de perfil de Valentino

      Valentino

      19 julio, 2016

      Publicé un libro sobre’sto. Aora, como ejerzizio mental, ¿t’imajinas a’n docto romano observando com’emos destruido su ermoso i sagrado latín? Peor aun, ¿cé l’aya visto en su tiempo? “Esos tontos e inútiles bárbaros sólo sirven para destruir nuestra lengua, la misma lengua heredada por nuestros dioses”. I acto segido, a rasgarse las prendas… jejeje…

  6. Imagen de perfil de gonzalez

    gonzalez

    23 julio, 2016

    Me gustó mucho, amigo Valentino! Te dejo mi voto y un fuerte abrazo!

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