Los mismos ojos verdes

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Recibí la invitación el día 1 de abril. Lo recuerdo porque pensé que nadie podía gastarme una inocentada más cruel. Abrí el inconfundible sobre con manos temblorosas, descubriendo en seguida la exquisita letra de quien había compartido mi lecho tan solo unos días antes. Unas flores enmarcaban las alianzas entrelazadas y confieso que una enorme arcada me revolvió el estómago. Recuerdo dar vueltas durante días en mi habitación y en el trabajo. Y cuando no podía andar físicamente, continuaba cavilando en silencio en mi imaginación, cavando el mismo pozo sin fondo una y otra vez. Decidí acudir para que ella me viera, para soportar su mirada indecisa cuando dijera –si llegaba a decirlo- el sí quiero. Reviví en mi cabeza las noches juntos, repasando los recovecos de su piel, el suave sabor de sus muslos, el aroma de su cuello y su pelo. Recordé cómo ella me había recorrido y se había rendido fácilmente con la entrega acumulada después de años de lascivia. Sus manos arañando mi espalda frenéticamente al compás de nuestros cuerpos enarbolados de sudor y éxtasis; su piel, sus labios, sus ojos abiertos en una mueca de placer silencioso. Decidí recriminarle desde la primera fila cómo ella había acudido a mí, vestida con la amenazante idea de una vida que no quería tener y a la que se había comprometido. Cómo se había volcado en mi cuerpo, derivando su frustración en deseo, cómo se había entregado únicamente a mí aquellas noches que se comían los amaneceres con las persianas dejando entrever destellos del sol; los que se levantaban y caían como mi miembro ilusionado al contacto con su boca fogosa y exaltada. Decidí acudir por todo eso y quizás por mí mismo, para demostrarme que aquella pasión fue real y quizás exaltarme una última vez al verla contonearse con sus pechos apretados bajo un corsé blanco –o así quería yo imaginármela en la iglesia-.

Me senté en un banco cercano al altar, con una flor granate en la solapa como su ropa interior aquellos días; la que había abandonado a propósito como un regalo en mi apartamento. Escuché la música que anunciaba su llegada y me giré para mirar la parodia del amor que se profesaba con otro hombre. Pero enseguida mi mirada topó con unos ojos verdes y redondos como los suyos. Con una boca carnosa acentuada con carmín nacarado a juego con el vestido meloso que resaltaba su collar entre sus pechos. Con una mirada que mantenía la mía fija y sonreía sin articular un gesto, una de esas sonrisas pícaras de quien parece decir tú y yo, solo eso, tú y yo, porque lo demás resulta evidente. La vi a ella acercarse por la patética pasarela y casi me inspiró lástima cuando me imploró con los ojos, recuerda la última noche, puede haber más si tú quieres, ya sabes lo que debes hacer. Pero yo no hice nada. Seguí con aquellos ojos que me decían tú y yo en la mente, a medida que las esperanzas de ella por una inaudita interrupción se diluían. Me miraba con odio como repitiendo recuerda la última noche, ya sabes lo que debes hacer. Y yo lo sabía pero no hacía nada. Horas más tarde tenía otros labios descendiendo por mi vientre, otras manos acariciándome extasiadas, otros cabellos en los que enredar mi frenesí, otro cuerpo en el que verter mi pasión, mientras las copas sonaban en el patio inferior y la tarde se iba convirtiendo en noche.

Resultaron ser hermanas por parte de madre, con una relación muy cercana fomentada tras varios veranos infantiles en Donosti. Tenían los mismos ojos, el mismo pelo y los mismos deseos. Aún a día de hoy, a veces me cuesta distinguir con quién comparto las noches más largas y los días más oscuros. Porque solo veo esos ojos grandes y verdes meterse en mi cama y dormir a mi lado con el cabello enredado en la almohada. A veces me gustaría resolver mis dudas girando su cabeza en sueños. Pero mi deseo es más fuerte que mis miedos y la incertidumbre no descubierta hace que esos ojos vuelvan a mí con mayor frecuencia, buscando con anhelo una excitación que solo yo he sabido darles.

Comentarios

  1. Imagen de perfil de Zairuby_g

    Zairuby_g

    20 julio, 2016

    Me ha gustado mucho tu microrrelato, te dejo mi voto. Un abrazo desde Venezuela

  2. Imagen de perfil de Mabel

    Mabel

    20 julio, 2016

    ¡Excelente relato! Un abrazo Elsa y mi voto desde Andalucía

  3. Imagen de perfil de Gusadro

    Gusadro

    21 julio, 2016

    Muy buen micro, Elsa, bien hilado y narrado. Saludos y mi voto.

  4. Imagen de perfil de Shei

    Shei

    24 julio, 2016

    Me ha encantado. Mientras estás leyendo una frase te invita a leer la siguiente. Felicidades, porque a mi parecer es excelente.

    Un saludo y mi voto.

    • Imagen de perfil de Elsa Eithne

      Elsa Eithne

      26 julio, 2016

      Muchas gracias, Shei. Tu comentario es muy halagador, me alegro de que te haya gustado. Si te gusta la prosa poética, te invito a leer algunos de mis escritos breves publicados anteriormente. Un abrazo.

  5. Imagen de perfil de gonzalez

    gonzalez

    26 julio, 2016

    Me gustó mucho, amiga Elsa! Me quedo con esta parte, “Seguí con aquellos ojos que me decían tú y yo en la mente, a medida que las esperanzas de ella por una inaudita interrupción se diluían” Te dejo mi voto y un fuerte abrazo!

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