Kiko inclinó la botella y bebió un largo sorbo. Cerró los ojos, saboreando el momento y la sensación fresca que le aportaba. El frío estaba azotando aquella noche en la playa que había frente a su casa. Nadie caminaba ni paseaba. Supuso que a las tres de la mañana todos estarían durmiendo, ya que se trataba de un Miércoles.
Estaba solo. Varios de sus vecinos solían acompañarlo en sus ratos con la bebida, pero ese día nadie tenia ganas de bajar a la playa. No le importaba, estaba acompañado de su cerveza, su rubia, tal y como él mismo la apodaba.
Vestía con una camiseta muy ancha de color blanca y manga corta. Solía llevar la misma vestimenta durante todo el año. Nunca sentía frío. Le gustaba raparse la cabeza al cero, y siempre observaba el mundo a través de unas gafas con montura negra.
El sonido de unas pisadas sobre la arena llamó su atención. Se volvió para ver de quien se trataba. No era ninguno de sus vecinos, sino un chico joven, más o menos de su misma edad, de pelo rubio y largo. Venía directamente hacia él, mientras le dedicaba una amplia sonrisa.
—¿Puedo sentarme a tu lado? —le dijo el recién llegado cuando estuvo a su altura.
Kiko amplió una sonrisa y le hizo un gesto para que se tumbara.
—Por supuesto.
El chico agradeció el recibimiento y se dejó caer. Se observaron con curiosidad.
—Debes tener más o menos la misma edad que yo ¿no? 30. ¿Cómo te llamas?
—Sí, me llamo Óscar.
Kiko asintió y le tendió la botella.
—Bebe. Da mala suerte beber solo.
Óscar se quedó inmóvil, observando la cerveza. Finalmente la agarró y pegó un sorbo corto. Al terminar, se limpió la boca con el dorso de la mano mientras se la tendía a su dueño.
—¿En qué trabajas, Kiko? Es raro encontrar a alguien aquí a estas horas.
Este chasqueó la lengua y mostró los dientes, divertido.
—Yo no trabajo. Eso es una trampa del sistema para tenerte controlado. Prefiero vivir libremente.
—¿No? ¿Qué harás cuando tus padres ya no vivan? ¿Cómo te ganarás la vida?
—No me preocupa. Yo no quiero vivir para siempre. Tan solo me limito a disfrutar del momento.
Volvió a tender la botella al desconocido, que pegó otro tímido sorbo y se la devolvió nuevamente.
—Realmente es una lástima —dijo casi en un susurro.
—¿Y tú? ¿Trabajas? ¿Vives con tu familia?
—Vivo con mi madre. Mi padre murió hace unos pocos años. Y si claro, trabajo en una cafetería.
—Siento lo de tu padre —le dijo con sinceridad.
—¿Tú tienes novia? —preguntó el chico de pronto.
Kiko negó con la cabeza.
—Todavía estoy esperando a la mujer adecuada.
Óscar sonrió al escuchar eso.
—¿Crees que la encontrarás? Es difícil.
—Ojalá —deseó con una sonrisa, y soltó una fuerte carcajada.
Ambos callaron, creando un incómodo silencio solo acompañado por el rumor de las olas.
—¡Disfruta de la vida tío! —rugió Kiko de repente mientras extendía los brazos—. ¡Que solo son dos días!
Se inclinó hacia su nuevo amigo y lo abrazó.
—Eres un tio muy grande, me has caído bien. Escucha, no te calientes tanto la cabeza, nunca sabes cuando te vas a morir, así que trata de disfrutar cada día como si fuera el último.
Se separaron, y Kiko cayó entones sobre la arena y empezó a roncar, profundamente dormido. Óscar lo observó largamente mientras reflexionaba con tristeza. Entonces sonrió, y se levantó, dispuesto a marcharse.
Al día siguiente, cuando Kiko abrió los ojos, ya era de día. El brillo del sol ascendente le obligó a cubrirse el rostro con una mano. Tanto la playa como la ciudad estaban en profunda calma. El recuerdo del chico rubio llegó a su mente repentinamente. Se incorporó mientras miraba a su alrededor. Ni rastro de él. Entonces reparó en una foto que había a su lado. Alargó el brazo y la cogió.
Era él mismo, con un aspecto algo más adulto junto a un bebé. Frunció el ceño, no recordaba el momento de la foto. Miró la parte de atrás y descubrió con sorpresa unas palabras escritas.
“Ha merecido la pena regresar al pasado para conocerte. Ahora sé que todo lo bueno que me contaron de tí, es cierto. Eres un gran hombre. Lamento enormemente que murieras antes de que pudieras verme crecer.
Te quiero papá”,





Libélula
Enhorabuena, has conseguido ponerme la piel de gallina.
Temor
Fenomenal, un argumento atractivo y coherente, saludos y mi voto!-.
Valentino
El cuento está perfecto literariamente hablando, pero hay algo que me deja un sabor a dudas y me desconcierta. Quizá me molesta que no pueda clasificarlo como cuento de terror o de ciencia ficción, no sé. De todas formas, no me hagas caso, excelente tu relato.
Mabel
¡Impresionante, no tengo palabras! Un abrazo Alex y mi voto desde Andalucía
LautaroNuñez
Me gustó mucho ese estilo casual, como si no ocurriera nada extraordinario para después dar ese remate final. Muy bueno.
Alex J. Román
¡Muchiísimas gracias a todos por vuestros comentarios!
Shei
Me ha encantado. Sobre todo el final, le da un toque especial al relato.
Un saludo y mi voto
gonzalez
Me gustó mucho el dialogo, amigo! Te dejo mi voto y un fuerte abrazo!
Alex J. Román
muchas gracias !!!
VIMON
Estrujante final. Muy bueno.
Llamas.J.M.
Muy bueno. Y el final, de auténtico lujo. ¡Un saludo!
Errante wey
¡Oh!