Érase una vez…

Escrito por
| 85 | 4 Comentarios

La historia comienza cuando dos personas se miran por primera vez, a veces se sonríen o a veces sólo se evitan; continúa cuando se conocen más allá del caparazón y se desarrolla en el intangible núcleo del enamoramiento… Todo va bien hasta aquí ¿no? Extrañamente, con el paso del tiempo comprendes que nada – ni hasta la más fuertes de las historias – tiene el dichoso “final feliz”.

Hace unos años, tiempos en los que me da miedo navegar nuevamente, escribí esta carta; la escribí como un ser humano quebrantado, herido, fastidiado, formado a semejanza de mi ajeno y destruido con mano firme por aquel que logró no tenerme ni una gota de compasión; la escribí creyendo que si esa persona me miraba a los ojos en el momento correcto, no tendría porque seguir recurriendo a prácticas que sólo me herían. La escribí aferrándome a una idea que, desde años atrás, ya no existía.

“¿Cómo es que un niño no suelta su globo, si el color de éste, es lo que lastima a sus ojos?”

Suena contradictorio, pues entre más peleas para ganar algunas batallas, son esas mismas batallas las que se tornan contra de ti.

 

“ Un día, de un mes muy conocido, de un año no tan bueno.

La perfecta unión de polos opuestos.

¿A caso tu memoria se ha borrado? ¿No recuerdas nada por lo que hemos peleado? La palabra “deberías” suena a obligación y obligarte a permanecer a mi lado es algo que va contra mis desgastados principios.

Estoy tan cansada de querer escribir, de querer hablar, de querer sacar todo esto que siento y no tener el valor para hacerlo. Exactamente, 50 meses nombrados con un “SOMOS” y ahora, hace días que no nos dirigimos la palabra, la mirada, la atención.

Por si te lo habías preguntado, para mí lo nuestro es, era y será un acto lleno de perfección y aunque muchos malentienden la soledad –a mi parecer está bastante subestimada- tú hiciste que conociera ese asqueroso y frívolo lado de ella al que toda esa gente le teme, al que todos critican y por el que todos hieren.

Pon mucha atención a lo que plasmaré en esta carta, pues bastantes intentos ya he hecho como para desperdiciar el último de ellos.

Noches atrás me dijiste: “La mayoría de los problemas de nuestra relación están en tu cabeza”; insinuaste que era por mi culpa que las cosas tenían que acabar pero ¿sabes? En esta ocasión he sido yo la que ha luchado – vaya que lo hice – y la que, prácticamente, ha terminado por arrastrase y humillarse para verte “feliz”, creí que las cosas cambiarían conforme el tiempo avanzara… pero ¡Exacto! Yo creí.

He “hablado” contigo. ¿Por qué entre comillas? Bueno, porque esas comillas marcan la diferencia entre el verdadero acto que mantienen las personas, al cual lo llaman “hablar” y lo que “nosotros” solíamos realizar, que en realidad, no era más que una imparcial conversación en donde yo decía palabras y tú sólo mirabas.

He ido detrás de ti como jamás pensé que lo haría pero en cada impulso que tengo, me estrello una y otra vez contra un duro y sólido muro que tú mismo has construido, y es así como vuelvo a caer otra vez en los mismos juegos estúpidos. En las mismas trampas viejas. Y no conforme con eso, el dolor de las malas experiencias se convierte en anestesia para tratar de amortiguar el duro golpe que es descubrirse como una vil idiota.

¿Relación amargada o mente malgastada?

En estos tantos meses, he sufrido cambios bruscos de sentimientos y emociones que navegan desenfrenados dentro de mí, lo que por momentos me lleva a ser el ser humano más vulnerable de la historia y en otros, me hace más fuerte a cada segundo; no quiero que malinterpretes el contexto de la palabra “fuerte” en la oración anterior. Ser fuerte no significa volverme insensible o fría; a mi parecer, hacer parte de nosotros alguna de esas dos características, es volverse una persona cobarde, y entre ser cobarde y ser fuerte hay una brecha muy grande.

Gracias a la vida, yo podré ser muchas cosas pero no creo que el adjetivo “cobarde” esté dentro de mis principales cualidades y mucho menos en mi horripilante lista de defectos, y eso mi querido amigo, te lo dije cuando recién nos conocimos, cuando veía que tus decisiones se basan en actos pasajeros llenos de cobardía.

Familiares, amigos, conocidos, viejos amantes y nuevas conquistas podrán confirmarte que mi, ahora, inválida filosofía podía ser resumida en la frase: “El mundo está en constante movimiento, la vida no ha detenido su curso y allá afuera existen momentos queriendo ser descubiertos”. No sé si ya has entendido lo que quiero decir con esto, pero… No puedes ir recorriendo cada centímetro del mundo con una contradicción así de grande. Aferrarme a ti es ir en contra de mí y necesito ser clara, ser coherente, ser yo. Es por esta misma razón que, durante varios días de interminable desvelo, necesité una dotación enorme de fuerza y valor; la fuerza para “luchar” y el valor para “enfrentar”.

Al principio, extraje de “nuestros momentos” un tanto de odio e ira, todo dependía del recuerdo y del día. Al darme cuenta de la gran autodestrucción que sufría, entendí que mi actitud era un tanto deshonesta y estúpidamente cobarde y creo que hace unas líneas te dije que yo podía ser muchas cosas, menos cobarde.

¡Qué fácil! ¿No? Así de fácil es como las palabras condenan la vida. Mi vida.

Ya ha pasado tiempo desde nuestra última discusión pero aún no consigo sanar por completo; aunque he descubierto algunas formas para lograrlo. A veces refugiándome en mis virtudes y otras, aprendiendo de mis defectos. No voy a mentirte ni voy a mentirle al mundo y principalmente, no voy a mentirme. No voy a decir que no te amo porque eso sería escapar de la verdad y eso cuenta como un acto cobarde, según mis “renovados” principios. No voy a decir que lo he superado todo porque – así como decía mi abuela – “Roma no se construyó en un día”. Prometí no mentirte, podría salir de todo esto por el camino más fácil de no haberte prometido algunas cosas. Pero lo hice. Y a pesar de que podría olvidar esas promesas porque estoy en todo mi derecho, no puedo. No puedo porque no te voy a dar la posibilidad de que digas: “Me fallaste”. Nunca, ¿entiendes? Nunca.

No sé cuándo vayas a recibir esta carta pero, sin duda, ha sido lo más sincero que he dicho durante el tiempo que duró aquél cambiante “nosotros”. No sólo es sincero, debo aclarar; también es lo que más duele, lo que más coraje me causa y es que la verdad duele, a pesar de todo ¿recuerdas?

Para ti, para la persona que odio con todo el amor de mi vida.”

Ya ha pasado suficiente tiempo desde entonces; éste me ayudó a entender que mi idea acerca de la palabra “amor” era una coincidencia que sólo una vez en la vida podría sucederle a cualquier persona que viviese en este desaprovechado mundo. Lamentablemente, fue el mismo concepto de “tiempo” el que se encargó de que conociera la contraparte de aquella supuesta feliz coincidencia; se encargó de que – poco a poco, despacito y con creces – pagara mis inhumanos actos y es que, para poder pagarlos por completo, debes llorarlos, debes odiarlos, debes sentirlos, debes, debes, debes…

Aunque la realidad es que debes mucho y por lo general, pagas muy poco.

Comentarios

  1. Imagen de perfil de Mabel

    Mabel

    15 agosto, 2016

    Un amor que no se siente correspondido, que implica una voluntad pero esa voluntad es nula y no está preparada para afrontar los cambios. Un abrazo Athena y mi voto desde Andalucía.

  2. Imagen de perfil de MGR16

    MGR16

    18 agosto, 2016

    Hiciste un trabajo increíble expresando el sentir de todos cuando nos rompen el corazón. Saludos.

  3. Luis Uribe

    18 agosto, 2016

    Amo tu trabajo, cada palabra, cada línea, tienes un don!

Escribir un comentario

Uso de cookies

Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies, pinche el enlace para mayor información.

ACEPTAR
Aviso de cookies
Cargando…
Abrir la barra de herramientas