No conozco de ti los detalles y aún así, me gusta la aberración que a tu persona concierne aunque siendo sincera, me gusta más la soledad que te adorna y te compone.
Callas, hablas, no entiendes y te enfadas.
No necesito decirte “Hola” y mucho menos “Adiós” porque sé que si lo hago, habrá más truenos que días soleados.
Te odio, lo niegas. No tanto, lo aceptas. Quizás no y te alejas.
Esto, tú sabes… lo nuestro, no es normal. No tiene categoría y aunque sé que no necesito de ti, eres un impredecible mal necesario. El mío.
No es amor, es sólo sexo y diversión. Soy tu contrario. Eres callado pero tu silencio termina por ser ensordecedor. De esos que aturden sin ser percibidos, de esos que instalan el Infierno en los cuerpos. Para ser precisos, en mi cuerpo.
Prefiero que me mires las piernas a que me digas “cosas” tiernas.
Me gusta la manera en que me encierras en esa extraña cueva, donde sólo existen dos tazas de café y un espejo. Espejo que muestra el reflejo de lo que ambos llamamos “lo complejo”.
¿Por qué nos escondemos? ¿Por qué escondemos las marcas de nuestros encuentros?
Ese collar de moretones en tu cuello hace que me sienta orgullosa de ser un tipo de veneno. Límpiate el sudor y dime si ha sido en vano tu dolor. Eres delicadamente cruel pero atractivamente realista; un don extraño para alguien sumamente desapegado.
No crees en las despedidas pero cuando cruzo la puerta que divide nuestra cueva de la realidad, es como si comenzáramos a perder la cordura. Fuera de la cueva, el tiempo se convierte en un recurso eterno y tu espalda en mi descuidado lienzo.
Cada uno elige como destruirse y tu piel tiene tatuada la frase: “Favor de herirme”, no sé si habla de lo superficial, pero prefiero ver tus labios sangrar a clavarte una daga en aquel lugar que los mortales llaman “alma”.
Con un beso en tu cama sabemos que será difícil ponerle fin, pero es ese mismo beso lo que nos hace existir, existir para el otro, existir para nuestros miedos. Los – casi invisibles – miedos que se reflejan en el humo de los cigarros que nos vamos consumiendo conforme avanzamos en el juego. Un juego que trae como derrota la “tragedia” de verte sujetar mis muñecas con violencia y un asfixiante deseo.
Es mi desastre natural favorito, usted es el huracán y yo la tierra que lo resiente.
Es una extraña combinación de “tira y afloja” porque aunque tiene la fuerza para destruir y a mí no me importaría en lo absoluto que arrasara con todo, a ninguno parece interesarnos los daños.
En realidad, nosotros preferimos una pizca de “labios hinchados y cuerpos desgastados” a buscar razones para odiarnos u olvidarnos y es que… ¿A quién no le gusta hacerse daño?





Mabel
Hay muchos motivos para hacer daño, pero hay que razonar si con esto llegamos adonde queremos llegar. Muchas veces el propio destino nos muestra caminos pero ahí estamos nosotros para elegir el más adecuado. Un abrazo Athena y mi voto desde Andalucía.
Joan
Otra vez vuelves a sorprenderme con la intensidad de tus relatos. Mi voto. Saludos
Claudio_3
Bellas palabras que me han impresionado mucho.
gonzalez
Como todo lo tuyo que lei hasta el momento, me gustó mucho. Mi voto y un fuerte abrazo!
MGR16
Te felicito por tu trabajo, eres buena.
Angy Zui
Felicidades por un gran trabajo