Ja ja ja ja ja

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Ja ja ja ja ¡A mí no me engañas con tu falta de inconciencia!

Ni con esos detalles elaborados puedes cegarme de tus intenciones, no soy ningún tonto, ya no lo soy.

No tengo que ser demasiado suspicaz para darme cuenta del trasfondo de tus besos, de lo lúgubre de tu sonrisa, de los colmillos que esconden tus mordaces deseos. Ya no más. La perfección que me muestras, no puede ser real. Quizá en otro tiempo hubiera caído. Quizá en otro momento sería arrastrado por tus muslos hacía esa copa llena de ambrosía que al libarla me posee, que me emborracha y droga. El roce de tu piel es un filoso pedazo de vidrio roto que me corta, y cada “te amo” una lanza envenenada que además de perforar,  quema. Despertar y mirarte a mi lado es casi como despertar junto a un león hambriento.

¿Cómo te sientes ahora que sé tus pensamientos? ¿Cómo te sientes ahora que he descubierto tus funestas intenciones?

Ja ja ja ja ¡Nunca más seré tu marioneta de jugar a la perfección!

Un año de perfección me lo hubiera creído, pero tres malditos años de intachable conducta, de sublime felicidad, es imposible que lo soporte y lo he soportado. Quizá la suprema felicidad que todos buscan no es más que la suprema tragedia, el necrótico infierno en la tierra que sumerge corazones.

Te preguntarás por qué dejarte una carta y no decírtelo a la cara, pero hasta eso he descubierto. He descubierto que cuando te miro, quedo embelesado por tu belleza, quedo prendido de tus ojos, quedo colgado en la comisura de tus labios, y atrapado sin salida en el aroma que desprende tu piel. Como comprenderás no podría siquiera hacerte un reclamo mirándote a los ojos, porque tus ojos no son esos ojos que reflejan como espejos, ni los que brillan como estrellas, ni los que son como escarchas esparcidas por el aire, sino uno ojos que tragan miradas, que poseen, esos que poseen a quien los mira, esos que petrifican y enmudecen palabras.

Si tan solo no fueras tan perfecta nunca lo habría imaginado, si tan solo no fueras tan mía, jamás lo habría siquiera pensado. ¿Cómo es posible que quede tan absorto ante tus palabras? Muchas veces no puedo ni escuchar lo que dicen tus labios, solo veo labios que danzan y emiten sonidos, música quizá, aunque tampoco la puedo oír. ¿Te acuerdas aquella tarde en el parqué? Estábamos tendidos en el césped y te quedaste dormida en mi regazo, mientras yo recostado en un viejo árbol casi marchito, te leía en voz baja los poemas de Neruda. Te dormiste y aún sin darme cuenta seguí leyendo. ¡Qué dolor tan grande al observarte! Lo sentí una afrenta porque leía con el alma, y tú te dormiste como si yo nada importara. No olvido ese día, ni tampoco los demás que le  siguieron.  ¿Acaso crees que hacerme el hombre más feliz del mundo es suficiente? ¡Todo esto es solo una vil trampa! Un juego maquiavélico para llevarme a la locura.

Te preguntarás donde estoy, ¡Pero jamás te lo diré! ¡Me quieres llevar a la locura!

Te amo. Ve a buscarme debajo de la cama del cuarto de invitados. Allí te estaré esperando. Llévame las pastillas y poco de agua.

Comentarios

  1. Imagen de perfil de Mabel

    Mabel

    31 agosto, 2016

    Muy buen relato. Un abrazo y mi voto desde Andalucía

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