Si tuviera que haber un motivo para materializar la afirmación del final de mi amargo relato “la bolsa de magdalenas” (“llamar abundancia a la carencia”), ése habría sido ver las magdalenas como una metáfora (qué sería la vida sin ellas). El lector no tiene más que preguntarse qué me quedó a mí (las migas) para entender a qué me refiero.
¿Cómo me atrevo a quejarme, si encima eran de chocolate?





Mabel
Muy bueno. Un abrazo Julián y mi voto desde Andalucía