¡Mentiroso! (versión revisitada) Parte 6

Escrito por
| 67 | 4 Comentarios

Anteriormente…

Bien entrada la última noche que pasaría en Madisonville, la luz brillante de la farola no cejaba en su empeño de impedirle el sueño como habitualmente venía haciendo, por lo que decidió salir a la calle a dar una vuelta. Las sombras que imitaban las formas de los objetos con los que la luz de la luna se enfrentaba golpeaban el suelo con violencia. Se levantó una suave brisa, y un evidente aroma marino. Fue en ese momento, mientras encendía un cigarrillo pensando dónde había sentido algo así la última vez, cuando un brillo peculiar proveniente de su espalda le llamó la atención. Al darse la vuelta, se pegó un susto tan grande que a punto estuvo de tragarse el cigarrillo.

—¡Ágata!

El espíritu de la mujer flotaba unas pulgadas por encima del suelo, y la luz azulada, más que definir su esencia, acentuaba un rostro melancólico.

—Miente, es mentiroso, falta sic, miente, es mentiroso, falta sic.

Billy Boy, al borde de la desesperación, se terminó quemando con la cerilla y arrojó el cigarrillo al suelo, enfurecido.

—Será posible… ¿De qué narices estás hablando? ¿Qué es Sic?

De repente, dos auras azuladas más se añadieron a la de Ágata, flanqueando los lados del detective, y este se sintió fatalmente cercado por espíritus que giraban alrededor suyo. Miró de reojo a la distancia. No había un alma cerca de allí.

Las apariciones permanecieron quietas, todas compartiendo la misma nostalgia en sus rostros. El desconcertado detective entrecerró los ojos, prestando mayor atención a los recién llegados.

—Tú eres Robert… —señaló Billy Boy, atónito, al espíritu del fisioterapeuta— y tú, Jimmy Larson.

Ágata levantó su brazo, y acto seguido, Robert y Jimmy se deslizaron al lugar adonde la mujer apuntaba. Luego le hizo un gesto de invitación al detective.

Billy Boy pronto se dio cuenta de que los fantasmas de placentero brillo azul y posiblemente no tan agradable motivo de su presencia le conducían a las afueras de Madisonville. Se detuvieron en el borde donde las colinas lindaban con la única autopista que rodeaba el pueblo. Desde las alturas, podía contemplarlo y la sensación de verlo tan pequeño, simplemente porque en realidad era así de minúsculo, le hizo bastante gracia.

Nuevamente, Ágata apuntó un sitio concreto, un surco trazado en la colina que descendía por el lado opuesto de la carretera. El detective la cruzó con cierta premura, en la suposición de que si algún vehículo pasaba por ahí, solo vería a un despistado atravesando la calzada y no a sus curiosos acompañantes traslúcidos.

La pendiente terminaba en el cauce seco de un río, con una orilla pequeña, casi insignificante, que se parecía más a una calva del espeso bosque que lo envolvía. Si no fuera por el ulular de alguna ave nocturna o el cri-cri de los grillos que anunciaban la llegada de los climas cálidos, Billy Boy juraría que Dios se había olvidado de ese lugar.

Después de un rato, lo que certificaba que no tenía ni idea de qué hacer, miró primero a Ágata con resignación; a Robert y a Jimmy luego con impotencia. Entonces, el fantasma de Robert le cubrió con su aura azulada y Billy Boy se sintió invadido por una extraña sensación, como si se hubiese transportado a otro lugar, o más bien, otro plano de la existencia.

Para cuando volvió a abrir los ojos, descubrió que los fantasmas no estaban allí. Estaba solo, pero no era su soledad, ni la ausencia de los otros lo que le sobrecogía.

El claro en medio del bosque había cambiado. Un curioso, a la vez que extraño tinte purpúreo coloreaba la realidad, aportándole cierto misticismo. Recorrió el escenario con la vista. En el cauce seco, antes dominado por la piedra y la llorosa verdina que se atrevía a asomarse por la tristeza de un suelo seco y estéril, ahora fluía un río cristalino y resplandeciente, y sobre su minúscula orilla ondeaba una extraña niebla. Enormes hojas flotaban allí impidiendo a la bruma tocar el agua, y de ellas saltaban ranas pendencieras y saltamontes inquietos. Una noche cerrada ensombrecía el ambiente violáceo, haciéndolo prácticamente invisible a los ojos de cualquier curioso que pasara por ahí. Tan solo la luz de la luna iluminaba el sutil bailoteo de la nebulosa, que danzaba sobre el agua, igual que una patinadora se desliza por el hielo.

Tras comprobar —metiendo la mano en el agua— que aquello era real, que la atmósfera amoratada parecía haberse puesto por gusto más que por otra cosa, los chillidos de una niña a sus espaldas le hicieron cambiar drásticamente de opinión.

Se volvió.

Cuatro críos —tres chicos y una chica— se encontraban encarados a un quinto. Que eran humanos, estaba claro, pero que fueran reales, o pertenecientes a otra época, ya no lo era tanto.

“No vuelvas a ponerle una mano encima, Sin, o te arrepentirás”.

“¡Yo no le he hecho nada, Robert, Ágata se me ha insinuado, ha sido ella. Estoy harto de todos vosotros!”.

“¡Mientes, eres un mentiroso, un mentiroso, Sin!”.

“¿Por qué no queréis jugar conmigo? ¿Por qué no puedo cazar ranas con Jimmy y Varmint?

No la he tocado, Robert, te juro que no quería… que no la he tocado…”.

“No, Sin. No te creemos. Si no le pides perdón, no volveremos a jugar contigo”.

“¡No, no! ¡No pienso pedir perdón! ¡Es una mentirosa! ¡No me queréis, no queréis a Sin!”.

Antes de que pudiera pestañear, la escena volvió a transformarse. Ahora apareció dentro de una habitación blanca e iluminada por una deslumbrante luz difusa. Varios individuos ataviados de blanco y sentados a lo largo de una larga mesa observaban a otro sentado frente a ellos. Su rostro irradiaba paz y serenidad.

“Sí, Doctor. Estoy curado. Se acabaron las mentiras. Ya no escucho las voces, ya no tengo por qué mentir”.

Billy Boy no necesitó poner nombre al evidente paciente. Ya sabía de quién se trataba. Entonces, el hombre de blanco sentado en el centro, posiblemente un jefe médico, se levantó. Tanto el paciente como el resto de médicos le observaron en silencio.

“Vincent Ramis, ingresó hace cuatro meses en el centro de salud mental a través del área de emergencia. El Psiquiatra Jim Larson, amigo de infancia de Vincent, recomendó su ingreso al percibir en su comportamiento una anomalía de tipo mental no reciente, sin haber recibido jamás tratamiento médico.

Los diversos exámenes de laboratorio demostraron que Vincent sufría los síntomas de una patología rara que le induce a mentir de forma impulsiva, llegando a reaccionar violentamente en los días previos a su ingreso.

Gracias a la nueva terapia experimental sobre patologías en las relaciones sociales, Vincent ha evolucionado favorablemente, prescribiendo este proceso en el día presente, corroborado por su declaración jurada,por lo cual, se procede a su alta médica”.

La secuencia volvió a experimentar un profundo cambio, transportando a Billy Boy a un lugar que sí reconocía: el salón de Ágata, pero en el momento de la celebración que volvía a reunir a los viejos amigos.

“¡Qué bueno, todavía me acuerdo del vendedor de salchichas… sin salchichas, el del sombrero de cowboy!“.

“¡Cómo te pasaste, Vincent, vaya mentira se tragó!”.

“¡Ya lo creo, Ágata te lo has creído, te lo has creído!“.

Los gritos de Vincent contagiaban al resto que se unió a las carcajadas de Ágata. Llegó finalmente el brindis y todos coincidieron en el éxito de aquel formidable encuentro. Ágata se quedó un momento a solas con Jimmy.

“¿Cómo está Vincent?”.

“¿Aparte de borracho? Se ha soplado una botella de vino entera él solo…”.

“Yo lo veo… mejor, ¿qué importa eso, Jim? Todos estamos algo entonados. Hacía tiempo que no me reía tanto”.

“Sí… puede que tengas razón, Ágata. Desde que fue ingresado, no volví a verle, pero parece que el tratamiento le ha sentado bien”.

“Creo que sí. Ya no está obsesionado con Robert”.

“Ni ha vuelto a referir una sola palabra de morir… o matar”.

Sorprendidos por un repentino grito desgarrador, Ágata y Jimmy regresaron al salón. Encontraron a Robert tomándole el pulso a Vincent que convulsionaba inexplicablemente en el suelo. Un extraño líquido viscoso y verdoso salía de su boca. Robert miró a sus amigos con preocupación.

“No respira…”.

Así fue como Billy Boy presenció el brutal suceso que había conmocionado al pueblo entero. Al instante, Robert, Jimmy y Ágata comenzaron a experimentar mareos. Los tres viejos amigos vomitaron casi al unísono y uno por uno fueron cayendo en el suelo, agitándose, probablemente, por el ahogo que el vomitar les causaba, hasta que dejaron de moverse. Vasos y platos cayeron cuando el último que se aferraba a la vida tiró del mantel en un intento por mantenerse en pie. El vino se derramó, mezclándose con los vómitos, y solo quedó un triste tema de blues que sonaba del viejo tocadiscos de Ágata, como si quisiera enfrentarse al silencio de la muerte.

Los labios del detective comenzaron a temblar. Ahora lo había visto todo, y mientras una lágrima salpicaba su rostro confundido, las ilusiones que habían interpretado el magnicidio se fueron disolviendo en la oscuridad hasta ceder el testigo a la realidad. La púrpura que azulaba la calva del bosque quedo neutralizada por el típico pigmento plomizo de la noche. Ya no había lago, ni saltamontes ni ranas, más de lo mismo con la habitación de luz resplandeciente, e igualmente con médicos, la cena de los recuerdos y las copas de vino que en lugar de alegrarla, firmaron su defunción. Solo la noche, un claro melancólico dentro de una espesura, y tres presencias azuladas.

—Sin está enfermo, pero no quiere reconocerlo —le dijo Jimmy

—Ayúdanos, Billy Boy. ¡Ayúdanos! —le apremió Robert.

—Miente, es mentiroso, falta sic, miente, es mentiroso, falta sic —repitió Ágata.

—Ayúdanos, Billy Boy, falta sic, falta sic —se sumó Robert.

—Sic, sic, sic, falta sic, ayúdanos, ¡ayúdanos! —le gritaron los tres.

Agobiado, Billy Boy lanzó un alarido.

Los fantasmas desaparecieron.

¿POR QUÉ SE LE NEGABA EL DESCANSO ETERNO A ÁGATA Y LOS SUYOS?

¿QUÉ ES SIC?

¡MUY PRONTO LO SABREMOS!

Comentarios

  1. Mabel

    21 agosto, 2016

    ¡Excelente historia! Un abrazo y mi voto desde Andalucía

  2. VIMON

    22 agosto, 2016

    Muy buen relato. Te dejo un saludo con mi voto.

  3. gonzalez

    24 agosto, 2016

    Me gusta mucho la historia, amigo Agaes. Te dejo mi voto y un fuerte abrazo!

Escribir un comentario

Uso de cookies

Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies, pinche el enlace para mayor información.

ACEPTAR
Aviso de cookies
Cargando…
Ir a la barra de herramientas