Mi vida desde fuera veo.
De lo terrenal me alejo.
Y desde lo más alto contemplo
la ínfima existencia que tuve.
Yo vi con mis ojos pétreos
cómo fluía sin miramientos,
y al mirar recuerdo
lo tanto que respirar destruye.
Mas no es sino la memoria
la que me hace llorar. La gloria
que ansiaba tener se deshoja…
Y miro, atento, cómo desluce.
Mi cuerpo se debilita
al sonreír. Mi alma se excita
al vislumbrar la salida.
No corre. Se reduce.
Y así es cómo los antiguos
conocieron el continuo
en el que yo mismo fluyo.
Su nombre: vita flumen.




Mabel
Muy buen poema. Un abrazo Alexy y mi voto desde Andalucía.
Valentino
Releyendolo me gusta pues me recuerda a Goethe i Dante.