Dos, ciento cuarenta y cuatro, seiscientos diez…
un hombre acompañado de guarismos
orbita entre las contraseñas
que su inquieto cerebro procesa a diario,
numerando cada rincón de su vida
entre firmas, céntimos y los granos de arena
de un reloj de sobremesa,
buscando delimitar su lucha frente al espejo
hasta que su nimio nombre
sea suplido por un simple dígito
al borde de la lápida,
sumándose al olvido como otro paria
sin historia alguna que le recuerde
más allá de haber sido uno más
entre dos, ciento cuarenta y cuatro, seiscientos diez.
©MAM
Moraleja: Efesios 5:15-16





veteporlasombra
Incluso la memoria de los grandes hombres se perderá dentro de un millón de años… Un saludo…
Mabel
Muy buen relato. Un abrazo y mi voto desde Andalucía