Recuerdos de aquel fin de semana de otoño volvían como una fantasía a mi cabeza. Real e irreal. Me adentraba en una calle muy céntrica entre numerosos coches, las farolas se encendían antes de tiempo, una tímida luna asomaba y mientras, la melancolía me quiso remontar tiempo atrás. Semanas difuminadas que me traían la misma estampa madrileña…
Cada paso me hacía no reconocer como realidad lo que iba a hacer pero me adentré en la magia del deseo. Me olvidé del después y sentí el poder del fuego cada vez más cuando me iba preparando para mi cita: suave música, mi mejor modelo, una copa de vino y un reflejo en el espejo que solo mostraba mi más pura feminidad, belleza e insolencia. Bloqueé mi mente ante cualquier pensamiento y me dirigí a tu casa. Ese escondite que nadie podría saber, iba a tu encuentro, ese que soñaba cada vez que pasaba cerca y ese que no me permitía.
La tarde caía precipitadamente después de un caluroso verano y la lluvia se mostraba suave en los cristales de mi coche, aquel ambiente misterioso me tendía la mano para seducirte al fin, escondernos sin que nadie lo supiera jamás. Me invitaban a despertar algo en mí dormido.
Ahí estabas tú, dispuesto sin ser lo correcto y contenido de toda la pasión no mostrada. En cambio, yo a medias entre mis pensamientos martirizantes y mis ganas dormidas, la magia quería despertar, quería volar y volaría por encima de lo prohibido.
Nuestro deseo en cambio se moría por continuar: la química, la física, esa simpatía, juego de seducción, sonrisas encontradas… y di un paso sin hacer caso al compromiso, a la fidelidad supuesta. Me perdí en las profundidades más oscuras.
Llegué por fin a tu casa, subí como otras veces me había imaginado. Nos tomamos una copa y un cigarro, no solía fumar, pero todo valía. No pasaron más de 15 minutos sin que me besaras con esas ganas retenidas, pero más tenía yo, que dejé fluir mi pasión más oculta, menos reconocida y sentí como un sol de verano cada segundo, cada parte. Quería saborear ese momento, que compensara lo que había dejado en casa. Salió mi parte más sensual y mi cuerpo era pura electricidad, alcancé las estrellas esa noche… Me mantuve en las estrellas un tiempo, para qué bajar, mi sensualidad y feminidad estaban en la estratosfera. Hasta que mis pensamientos, junto con la culpabilidad, vinieron a mí. Un vaivén de justificaciones y dulces recuerdos me invadían sin ningún permiso. Días que me mantenía ocupada intentando evadir mi conciencia, pero no esas dudas que aun me acompañan… imposibilidad y posibilidad, deseo insatisfecho pero amor enfrentado, la infidelidad y el engaño.




Mabel
Muy buen relato. Un abrazo y mi voto desde Andalucía. Bienvenida.
Stella
Gracias Mabel¡ Es el primero y no sabía si gustaría…
Patry
Me encanta. Has expresado muy bien las ganas de lo prohibido. Como se dice por ahí, la mejor manera de librarse de la tentación es caer en ella… No es que comparta ese pensamiento porque se que, en realidad, la infidelidad nunca está justificada. Pero comprendo cada palabra y cada sentimiento puesto en este relato. Mi voto para ti.
Stella
Gracias Patry¡ ¡ Quería reflejar lo que lleva a tomar cierto tipo de decisiones, las consecuencias y la realidad de algunas motivaciones que se convierten en realidad o se quedan en fantasía. Hechos que por ser “incorrectos” se quedan en la experiencia de cada uno. Ya queda en la conciencia individual lo que se permite y lo que no.
Eder Noriega
Excelente.
Stella
Gracias¡
Kalula
Muy bueno! Mi voto y saludos! [me recordó a un pequeño poema que publiqué hace un tiempo ”paloma roja”.. te invito a leerlo
]