En el corazón de la bohemia late un bar como los de antes, aunque ahora. Uno de heladeras grandes y paredes mudas. En su humedad, guarda retazos de historias contadas entre la bebida y la verdad. En un rincón, una fila de vasos, añora sin gastar ni una frase, viejos tiempos, cuando la vida golpeaba menos duro. La escenografía se completa con los restos de la noche anterior, que de espaldas a la calle se hace madrugada. Ya mamado, lápiz en mano, juego a olvidar locas memorias en el socorro que me da el bar. Alzo una copa de quitapenas, miro al cielo desde esta posición cuasi estratégica y me pregunto, que te voy a decir que no te haya dicho si no te dije nada. Si lo tengo todo guardado. Pienso cuántas vidas habrán pasado desde que te fuiste volando.
Hoy te escribo palabras que ni siquiera le temen al viento, porque saben que cuando te pienso brilla el sol. Cada tanto te hablo o me siento a añorar recuerdos imborrables que jamás sucedieron. ¿Si es triste? Cada tanto no importa. Pero esto paso, ¿te acordás? Y hoy lo recuerdo, en realidad, siempre me acuerdo.
Nos sentamos en la mesa de siempre. La única con vista a la placita, donde un par de botijas, habitantes de la patria futbolera, templaban la guinda.
Pediste lo de siempre y te levantaste al baño. Por un momento esa escuela de todas las cosas era mía. La compartía con unos cuantos parroquianos que a puro trago amargo de poesía cruel, transitaban entre penas, lágrimas y recuerdos. Esa mezcla milagrosa de víctimas y victimarios, habitantes solitarios de aquel pueblo donde tal vez, no se encuentre sobria ni la muerte. Un parroquiano cruza vestido de tristeza a sentarse en la placita. No va solo. La sombra de un mulato amigo lo acompaña. No se miran. Saben que están, pero no se miran. Un mar de angustias los separa. Más tarde supe de que hablaron y entendí que la pelota nunca viene por donde uno más la espera.
Como dice usted que puede amarla cuando hay miles en el mundo que amaría más si llegara a conocerlas. El amor no es más que un simple juego de azar, soltó resignado.
Quizá por miedo a que lo convenzan, o vaya uno a saber por qué, el mulato mantenía la mirada fija hacia la nada. Algo lo había cautivado. Sin titubear contó una historia de amor.
Yo a ella siempre la traté como debe ser. Que era celoso se lo admito. La defendía a muerte, en todo caso, el único que podía reventarla era yo. Pero nunca por nada. Usted sabe, pa ponerla en su lugar. La verdad es que se quejaba poco. Una vez la agarraron como diez brasileros. La gente miraba embobada como esa manga de sin vergüenzas se divertía haciéndola correr. La veía pasar y sufría claro. Pero sabía que para calmar las aguas, no podía perder los nervios. Esperé el momento justo, la agarré fuerte del pescuezo y me la puse bajo el brazo. Era mía.
Tiempo después volví a perderla. Y hoy no la tengo y claro que la extraño. Y la quiero de vuelta, no a las otras miles, la quiero a ella.
Saliste del baño con tu andar sereno. El café, la coca y los dos olímpicos te esperaban con los brazos abiertos y una sonrisa cómplice.
Me señalaste la placita y me dejaste pegar la ñata contra el vidrio. Ese mulato que está ahí sentado, dijiste, es el negro jefe. El gran capitán y caudillo del 50, capaz de jugarse la vida por la más linda. ¿Viste como mira la pelota?





Mabel
¡Me encanta! Un abrazo y mi voto desde Andalucía. Bienvenido
Lolo Suberbie
Muchas gracias Mabel! Saludos desde Montevideo!
Germán Lage
Un relato muy interesante y magníficamente bien escrito.
Amigo, Lolo, un cordial saludo y un voto.
Lolo Suberbie
Estimado Germán, no esperaba recibir semejantes elogios! Muchisimas gracias por el tiempo dedicado.. Saludos!
Claudio_3
Esperé, agarré. No te olvides de las tildes de esas palabras. Un relato interesante con matices que Dominas Muy bien. Saludos.
Lolo Suberbie
Claudio muchas gracias por tus palabras! Andaban de paseo las tildes.. Saludos!!
gonzalez
Excelente, me gustó mucho. Te felicito, amigo Lolo. Mi voto y un fuerte abrazo!
Lolo Suberbie
Estimado!! Me llena de orgullo que las palabras vengan desde el otro lado del río.. Me es imposible leerlo y no pensar en las grandes similitudes que guarda nuestra gente. Y la pasión por la pelota.. Un fuerte abrazo desde Uruguay!
Miss_Eli
Muy buen relato, mostrando la posesividad enfermiza, la obsesión por alguien, más que el amor. ¡Excelente redacción!